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Redacción
Lunes, 25 de julio de 2016 | Leída 162 veces
TORNEOS

Danone Cup

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Noticia clasificada en: Fútbol Base Torneos

La historia del equipo campeón de la Danone Cup.

El 22 de mayo de 2016 no iba a ser un día cualquiera. Roque se despertó, como cada mañana, trastornado por los bocinazos de primera hora. Pero el amanecer olía distinto esta vez. Cuando logró abrir del todo los ojos, enseguida volvió a recordar que no estaba en su pequeña habitación de Mairena del Aljarafe, sino en la de un hotel de cuatro estrellas desde el que se podía divisar el azul del Mediterráneo barcelonés. Hasta entonces, a sus 12 años, solo había conocido el agua del Atlántico de las vacaciones en Matalascañas. Lo que le impactó al llegar a la ciudad catalana no fue el mar, ni los edificios de Gaudí, ni el tráfico de las calles.

 

Lo que más le llamo la atención fue el trato que recibió de parte de la organización del torneo.  Bueno, eso y el buffet libre del desayuno del hotel. Se sintió estrella por unos días. En realidad, se sentía así  desde hacía un poco más de un año, cuando los ojeadores de la cantera hispalense le vieron jugar en su UD Mairena y le ficharon para el Sevilla FC. Pero la Danone Nations Cup era la guinda de su escueta vida futbolista. El primer día, los sevillistas debutaron en octavos con una incómoda victoria contra el Celta de Vigo. Acto seguido consiguieron doblegar más holgadamente al vigente campeón del torneo, el Cornellá. Por la noche, todos cayeron rendidos en la cama. Las carreras nocturnas por los pasillos del hotel dieron lugar al sueño exhausto de quien ha liquidado las energías durante el día.

 

El 22 de Mayo, Roque desayuno poco. Había prometido devorar el buffet, pero los nervios por lo que se avecinaba le reprimieron. Se reunieron todos en el autobús a la salida del hotel y en unos pocos minutos ya estaban en el RCDE Stadium, aunque el silencio expectante del trayecto se hizo eterno. Por fin, salieron a jugar las semifinales contra el Málaga con el sol aun precalentando el domingo. Ganaron 5-3 en un partido competidísimo. Al acabar, Roque salió corriendo para abrazarse con sus padres como si ya hubieran ganado la copa. Entre lágrimas de alegría, enseguida se acordó de ir a consolar, uno a uno, a los malaguistas antes de seguir saltando de júbilo con sus amigos. “Es importante que los chavales aprendan valores más allá de jugar bien a fútbol”, explicaba  uno de los organizadores del torneo.

 

Galeano dejó escrito que “Los niños no tienen la finalidad de la victoria, quieren apenas divertirse”.  Y eso les hace libres en el campo. Pero hay pocas sensaciones vitales más apasionadas que la que vive un chiquillo de 12 años después de ganar un partido. Roque pudo descansar poco, se roció bien de agua, comió un plátano y, todavía embelesado en la victoria anterior, se recolocó las medias para concentrarse en los valencianistas. La gran final se jugó casi a continuación, sin apenas tiempo para rebajar las emociones del duelo anterior.

 

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El Valencia CF era el favorito, ya que había eliminado a todo un Barcelona en la tanda  de penaltis de las semifinales. Las predicciones se cumplieron: en el primer minuto ya se adelantaron los del Turia a la salida de un córner.  El encuentro anduvo igualado e intenso hasta el final, con el capitán che (escogido el mejor jugador del torneo) al mando de su equipo. Parece que estos chavales son réplicas a escala de los mayores: imitan sus gestos técnicos, dirigen, chutan, regatean y se cabrean como sus ídolos, pero con el desparpajo inconsciente de quien lo está haciendo por primera vez.

 

Juegan con entusiasmo virgen de caídas, de desengaños y de cicatrices, y eso añade una belleza especial a su juego. Los pequeños de Nervión por detrás en el marcador, empujaron con mucho más deseo de ganar que miedo de perder y remontaron el partido en dos ramalazos, justo antes del descanso y otro, poco después. No existe reloj capaz de medir los interminables minutos hasta que el árbitro da por finalizada una final, cuando tu hijo la está ganando. Pero Roque, ajeno a la zozobra de sus padres, disfrutaba cada segundo y (aunque nunca había leído a Galeano), solo pensaba en divertirse. 

 

Llegó el final. Gritaron. Lloraron. Se revolcaron. Se abrazaron con sus rivales y recogieron sus medallas de la mano de Fernando Morientes, embajador de la Liga BBVA.  “Además del campeón, el trofeo al juego limpio es muy importante a estas edades y siempre está reñido: me entusiasma la deportividad que impera en este torneo”, afirmaba el ex internacional. Roque y sus compañeros volvieron a Sevilla con la copa y una gran mochila repleta de aprendizaje. Y con la ilusión de representar a España en la final internacional, en el Stade de France de París.

 

 

Fuente: Panenka

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