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Redacción
Miércoles, 5 de septiembre de 2018 | Leída 1236 veces
PSICOLOGÍA

¿Una bofetada a tiempo? Por qué el castigo físico a los niños siempre es una mala idea

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Tras revisar miles de estudios, investigadores concluyen que la violencia corporal, por leve que sea, tiene consecuencias negativas para el futuro de los menores en diversos aspectos de su vida.

¿Hasta dónde es aceptable que una madre o un padre recurran al castigo físico para educar a sus hijos? ¿Es justificable un azote o una bofetada de vez en cuando? ¿Hacen algún mal? ¿Hacen algún bien? Quien más, quien menos habrá discutido sobre ello alguna que otra vez o se habrá visto en la tesitura de tener que decidir cómo actuar.

 

Más allá del debate social y de las restricciones que imponen las leyes, en las últimas décadas numerosas investigaciones han abordado las consecuencias que tiene cualquier tipo de violencia sobre los niños, por leve que sea. Ahora, psicólogos estadounidenses acaban de publicar un artículo en la revista 'American Psychologist' que revisa los estudios sobre esta cuestión y sus conclusiones son contundentes.


"Existe una amplia evidencia de que el castigo físico pone a los niños en riesgo de sufrir daños físicos y emocionales, así como problemas de salud mental, de conducta y cognitivos", afirma en declaraciones a Teknautas Elizabeth Gershoff, profesora de psicología del desarrollo de la Universidad de Texas.

 

Esta misma investigadora ya lo dejaba claro en un metaanálisis publicado hace dos años que incluía 75 estudios realizados a lo largo de más de 50 años, 13 países diferentes y los casos de más de 160.000 menores. Sin embargo, otros expertos critican la investigación sobre el castigo físico argumentando que no hay pruebas suficientes para sacar conclusiones sobre causas y efectos. Por eso, Gershoff y sus colegas contraatacan ahora con más datos.

 

La lista de efectos negativos que encuentran en los estudios impresiona. Al contrario de lo que busca el adulto que pega a un menor, el castigo incrementa las conductas no deseadas; aumenta el riesgo de que cometa agresiones cuando sea mayor, tanto con sus propios hijos como con su pareja, y genera más conductas delictivas y antisociales. En la literatura científica, también se relaciona con problemas de ansiedad y depresión, abuso de alcohol y drogas y problemas de salud mental en general.

 

“Esperamos que nuestro trabajo pueda ayudar a disipar los mitos y convenza a algunas personas de que la investigación que muestra que el castigo físico resulta dañino es consistente”, señala la psicóloga de la Universidad de Texas.

 

Su reto es hacer llegar los resultados de sus investigaciones a las familias. Una publicación de Unicef recogía en 2014 que el 80% de los niños del mundo de entre dos y 14 años ha recibido algún tipo de castigo físico.

 

España: prohibido, pero 'aceptado'


En el mapa de los castigos corporales a menores, España aparece entre los países que los han prohibido por completo —la mayoría pertenecen a Europa y a Sudamérica—, aunque la medida es muy reciente, de 2007.

 

Quizá por eso la idea aún no ha calado por completo. Más del 38% de los españoles ven aceptable en mayor o menor medida la violencia hacia los niños, según un estudio publicado este año por la revista 'Children and Youth Services Review'. En Noruega, esa cifra se queda en el 13%.

 

Sagrario Segado Sánchez-Cabezudo, científica de la UNED y autora de este trabajo junto con otros colegas europeos, lamenta que “los españoles somos más permisivos, aún hay un gran porcentaje de la población que ve saludable un bofetón o un azote”. Aun así, considera que en los últimos 40 años se ha vivido “una revolución” que ha cambiado la mentalidad, cuya guinda fue la prohibición de hace 11 años.

 

Las leyes, por delante


“Las leyes son lo más importante, no solo porque limitan sino porque nos hacen preguntarnos el porqué de las cosas y así contribuyen a que las asimilemos. Ocurrió lo mismo con el tabaco”, comenta. No obstante, reconoce que culturalmente el cambio es más lento.

 

Por otra parte, reconoce que se vio sorprendida por un dato muy positivo del estudio: los investigadores pensaban que habría un sesgo hacia los niños inmigrantes, que los participantes rechazarían más los castigos corporales hacia la población infantil autóctona que hacia los extranjeros. Sin embargo, no fue así en ningún país. "Parece que el concepto de ser niño es un valor superior a la procedencia", afirma Sagrario Segado.

 

Por eso resulta aún más paradójica la naturalidad con que se acepta socialmente que se puede ejercer la violencia sobre los más vulnerables. “En el fondo, creo que se pega una bofetada simplemente porque, a diferencia de un adulto, sabes que el niño no te la va a devolver, pero es más un desahogo que una medida educativa”, apunta.

 

Alternativas disciplinarias


Su colega Gershoff hace la misma reflexión: "No creemos que sea aceptable golpear a los adultos, pero por alguna razón la mayoría de los adultos en todo el mundo piensan que está bien golpear a los humanos más pequeños y más vulnerables. Necesitamos ayudar a los padres a ver que los niños también son personas y que no deberían ser golpeados".

 

 

En su opinión, sería necesario educar a los padres en "alternativas disciplinarias", ya que "siguen aplicando la disciplina de la misma forma que la recibieron de sus progenitores, y así se transmite a través de las generaciones", reconoce. "Muchos creen que el castigo físico les enseñó a distinguir entre lo correcto y lo incorrecto, por lo que lo perpetúan con sus hijos aunque esa idea no se corresponda con su propia experiencia individual", añade.

 

 

 

 

Fuente: José Pichel (elconfidencial.com)

 

 

 

 

 

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