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Redacción
Miércoles, 5 de septiembre de 2018 | Leída 234 veces
ENTRENAMIENTO

¿Por qué los niños nunca se cansan de correr?

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Parece que nunca se agotan, pero la clave está en su rápida recuperación, que es más eficaz que la de cualquier deportista de élite.

Cualquier padre puede dar fe del agotamiento que sufre cuando juega con sus hijos. Excepto a la hora de sentarse en el sofá frente a la Play Station, cualquier otra actividad lo deja con la lengua afuera y el corazón palpitando como un redoblante. Pero los niños parecen una fuente inagotable de energía, como aquel conejo de Duracell que anda y anda.

 

El problema no es tanto que los niños se cansen menos cuando estén corriendo o jugando con el balón, sino que pueden parar unos minutos, beben un poco de agua, y enseguida están como nuevos, listo para seguir como si nada hubiera pasado. Y eso que tienen extremidades más cortas y un corazón más pequeño que un adulto.

 

En tanto el padre, con un sentimiento de culpabilidad secreto, busca excusas para recuperar el aire a bocanadas y sentarse un rato. Y entre tanto, se pregunta, ¿cómo es posible que los niños no se cansen de correr?

 

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Niños versus atletas

 

Esta misma pregunta se la hicieron dos investigadores, Sébastien Ratel, profesor de Fisiología del Ejercicio en la universidad de Clermont Auvergne (Francia) y Anthony Blazevich, profesor de Biomecánica en la universidad Edith Cowan (Australia). Y mediante diversos estudios compararon los perfiles metabólicos de niños con los de adultos, algunos amantes del ejercicio físico y otros sedentarios.

 

Para ello crearon tres grupos: uno de 12 niños de 9 a 11 años, otro con 12 adultos sin entrenamiento deportivo, y un tercero con 13 personas mayores de 20 años con experiencia en deportes, entre ciclistas, maratonistas y competidores de triatlón.

 

A los tres grupos les pidieron que hicieran dos sprints en bicicletas fijas de siete segundos, con un minuto para recuperar energías, que sirvió para medir la producción de energía aeróbica. La otra prueba consistió en pedalear a toda velocidad durante 30 segundos, y analizar el tiempo de recuperación, en lo que se conoce como ‘prueba de Wingate’.


Por medio de estas pruebas, se comprobó que los niños se recuperaron más rápidamente que cualquier adulto, entrenado o no. Las estadísticas del estudio revelaron que durante la prueba de Wingate la producción de energía de un adulto no entrenado disminuyó casi el 52%, en el caso de los deportistas el descenso fue del 42%, pero los niños solo perdieron el 35%.

 

Los niños se recuperan más rápidamente

 

Los investigadores estudiaron la frecuencia cardíaca, y tomaron muestras de sangre para comprobar los niveles de lactato, que indica cuánto oxígeno reciben las células. Cuando se registran niveles más altos significa que los músculos exigen más oxígeno de lo que los pulmones pueden aportar. En este caso, el esfuerzo es compensado con el suministro de carbohidratos del cuerpo, que es lo que sucede en la actividad anaeróbica (propio de los ejercicios físicos basados en la fuerza, como el levantamiento de pesas).

 

Esta situación causa una fatiga muscular mayor que la actividad en la que se requiere más consumo de oxígeno, que son los ejercicios aeróbicos (los de resistencia como el ciclismo o el maratón). Según Ratel y Blazevich, en el estudio publicado en Frontiers in Physiology, los niños usan más su metabolismo aeróbico antes que del proceso anaeróbico. Esto les permite que los músculos se recuperen más rápidamente, y que estén menos cansados cuando corren y juegan.


Para los investigadores, si los niños rinden mejor en la recuperación de la frecuencia cardíaca se debería a que tienen una capacidad superior para regresar a los niveles de lactato en la sangre anteriores al ejercicio.

 

Una capacidad que se pierde con la edad

 

“Los niños pueden tener una capacidad cardiovascular limitada, sus movimientos son menos eficientes y necesitan dar más pasos para recorrer la misma distancia que un adulto. Pero ellos pueden superar estos obstáculos gracias al desarrollo de músculos resistentes a la fatiga y a su mayor capacidad de recuperarse del ejercicio de alta intensidad”, explica Sébastien Ratel en el estudio.

 

Lamentablemente, con la adolescencia se pierde esta capacidad de recuperación muscular y cardiovascular, mientras que en forma paralela se producen aumentos en enfermedades como la diabetes, causadas también por el incremento de las actividades sedentarias, indica este profesor de fisiología.


Pero el estudio, además de otorgar un consuelo a los padres agotados de tanto correr, también sirve para diseñar con más precisión los programas de entrenamiento físico en los niños, para que sean más eficaces y que a la vez permitan que los preadolescentes disfruten más de los deportes.


En este sentido, indica Blazevich, al comprobarse que la resistencia muscular es muy buena entre los niños, los programas de las escuelas podrían enfocarse en las técnicas deportivas, la fuerza muscular o la velocidad de competencias de sprint.

 

 

 

Fuente: Juan Pedro Chuet-Missé (lavanguardia.com)

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