Aviso sobre el Uso de cookies: Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia del lector y ofrecer contenidos de interés. Si continúa navegando entendemos que usted acepta nuestra política de cookies. Ver nuestra Política de Privacidad y Cookies
Redacción
Martes, 7 de agosto de 2018 | Leída 146 veces
EDUCACIÓN

Castigar sin la «Play» no evitará los suspensos en el próximo curso

Guardar en Mis Noticias.

Analizar las causas, mostrar un autocontrol de la situación y no perder los nervios, claves para que los padres «acepten» las malas calificaciones.

Las vacaciones deberían significar descanso, diversión, tardes de piscina y tiempo libre, pero no en todas las familias se da este panorama tan idílico. ¿El por qué? Las malas notas, los suspensos y los alumnos repetidores que llegan con el fin del curso escolar, una situación donde pueden surgir conflictos entre padres e hijos si el progreso académico del menor no presenta la evolución esperada.

 

Uno de los momentos de crisis más difíciles de gestionar en un hogar es cuando el niño ha suspendido o los padres no reciben información positiva de alguna actitud del pequeño. «Se generan unas emociones que son complicadas de gestionar, provocando conductas poco acertadas», afirma María Campo, profesora del máster de UNIR de Orientación Educativa Familiar. Enfados, gritos, represalias extremas..., son muchas las consecuencias que conlleva no aprobar, «algunas más peligrosas, incluso, que el hecho de haber suspendido o tener que repetir curso», insiste esta especialista.

 

La respuesta más generalizada e impulsiva a la que los progenitores recurren es el castigo, como efecto directo a los malos resultados y al sentimiento de frustración y enfado. «Principalmente, se tiende a eliminar aquello que más les gusta porque se piensa que así se esforzará más y la reacción será más inmediata», continúa Campo, quien también quiere hacer hincapié en una idea: «A nadie le gusta suspender, ni al que más se esfuerza ni al más “vago”».


«Es muy importante que los padres analicen las palabras que transmiten, que traten de tener un autocontrol de las emociones para no dañar la autoestima de los niños», asegura Campo. Una mala gestión de los malos resultados académicos puede llevar a que los suspensos se conviertan en habitual. «“Te quito la Play”, “Estás castigado sin salir”..., son frases muy típicas en las familias, pero deben valorar hasta qué punto son válidas».

 

Posibles causas


Ante los cates, la familia debe preguntarse el porqué. «Tacharle de vago solo hará que el niño se quede con esa etiqueta. Nadie nace vago. Puede ser que los resultados negativos vengan por no trabajar lo suficiente o por dificultades en el aprendizaje no diagnosticadas. Hay que mostrar preocupación, buscar soluciones y no enfadarse, porque no vale para nada», comenta Ana Herrero, psicóloga de Brains International School. Esta experta aboga por la idea de «acompañar más a los hijos, aunque les aburra estudiar, pero tienen que comprender que es su responsabilidad hacerlo».

 

«La mayoría de los suspensos llega por una falta de organización o por un estudio ineficaz de las materias. Otro porcentaje tiene que ver con otra dificultad específica que no se ha detectado. Un pequeño número de alumnos tienen problemas de autocontrol, aunque sí le dedican tiempo a estudiar. El resto ha pasado el curso sin hacer nada, falto de motivaciones», apunta la profesora María Campo. Pese a haber varios tipos de alumnos, «los padres tienden a incluirlos todos en un mismo “saco”, un gran error porque no podrán analizar las verdaderas causas».

 

Como regla básica, la también psicóloga Ana Arechavaleta, del Hospital Vithas Nisa Rey Don Jaime, recomienda reaccionar con empatía. «No siempre es fácil, pero les estaremos diciendo que estamos con ellos. Eso sí, empatizar no significa consentir o ceder a los caprichos, sino tomar en consideración sus sentimientos y dificultades a la hora de ayudarles».

 

Confiar, no castigar


Aunque la causa del suspenso no sea la misma en cada alumno, los padres deben actuar igual, sin tener castigos más «crueles» para unos que para otros. «No dejarles salir de casa puede ser una solución para los hijos que no le han puesto ganas, pero no la única ni la más indicada. Hay que exigirles que estudien y se esfuercen, pero ayudándoles. Al final, los resultados serán mejores que con el castigo o el enfado», afirma la profesora María Campo.

 

La confianza juega un papel fundamental, ya que hará que los menores se motiven más. Así lo afirma la profesora Campo, quien habla del poco tiempo que los padres pasan con sus hijos. «Es importante estar cerca de ellos para que noten su presencia y les impulsen a seguir. No se trabaja igual con gente cerca. Por ello, hay que estar, exigir que se sienten a estudiar y que se organicen».

 

El final del curso académico 2017-18 ha destacado porque las recuperaciones a los suspensos se han hecho durante el mes de junio en muchas comunidades autónomas. Sin septiembre, el verano se divide en tres grupos: los que saben que han aprobado todo; aquellos que han suspendido alguna, pero pasarán de curso, y los repetidores. «Saber los resultados no significa que el verano sea libre y sin preocupaciones», comenta Herrero.

 

¿Estudiar en verano?


A pesar de que no va a haber exámenes en septiembre, ¿merece la pena estudiar durante las vacaciones? «No, pero tampoco pueden actuar como si nada hubiera pasado, como si hubiesen suspendido o fuesen a repetir cursos», comenta Eva Marina, directora de la Universidad de Padres. También apoya la idea de reforzar las materias durante un tiempo cada día, iniciativa que muchos padres llevan a cabo.

 

Pero, ¿cuándo es apropiado empezar a «repasar»? «El cerebro es un músculo que también necesita descanso para recuperarse y regenerarse», continúa María Campo. Esta profesora afirma que, en dos semanas, los alumnos tendrán el descanso físico, cognitivo y mental que necesitan, volviendo al estudio con más energía. «Todos tenemos derecho a parar un poco», insiste Ana Herrero.

 

Las expertas afirman que un suspenso no puede ser un castigo para toda la familia. Por ello, mencionan la elaboración de plan de estudio como la vía más efectiva para que nadie salga perjudicado. «Es bueno que los niños aprovechen los momentos más lúcidos, que suelen ser por las mañanas, y que estudien o repasen unas dos horas al día. No es bueno dejarles sin vacaciones, pero tienen que saber que los suspensos tienen sus consecuencias», comenta Campo.

 

Tanto para los aprobados como para los que han obtenido malos resultados, –pese a no dedicarle tanto tiempo al estudio como en el resto del año–, los estudiantes pueden seguir aprendiendo de otra manera, lejos de la rutina, las aulas y las materias. «Es bueno que no pierdan el hábito de lectura, que sientan curiosidad por hacer diarios vacacionales, donde pueden incluir fotos y recuerdos», concluye la psicóloga Ana Herrero. Es una manera de estar activos, pero sin olvidar que están en verano.

 

 

 

Fuente: abc.es/familia

Mundo Fútbol Base
Mundo Fútbol Base • Términos de usoPolítica de PrivacidadMapa del sitio
© 2018 • Todos los derechos reservados
Powered by FolioePress