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Redacción
Jueves, 31 de mayo de 2018 | Leída 407 veces
FORMACIÓN

Por qué mi hijo no jugará al fútbol

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Creo que casi todos los padres queremos que nuestros hijos crezcan sanos y fuertes, que sean felices, que se labren un buen futuro, que estudien y aprendan, que trabajen, que tengan valores y una buena educación. Pero hay otros padres que lo que hacen es proyectar en sus hijos lo que ellos no tuvieron, o no pudieron ser. Por eso llevan a sus hijos de cabeza durante la semana, que si un día judo, que si otro piano, que si otro inglés, que si otro matemáticas... Olvidándose de que son niños, que necesitan jugar y distraerse después de estar todo el día encerrados en el cole, que necesitan respirar de vez en cuando. Como los adultos, vamos.

 

Me pregunto si esos padres han preguntado a sus hijos qué les gusta. A mí me llevaban a ballet, y me encantaba, pero también las artes marciales y nunca fui. Tengo una amiga que se empeña en llevar a sus dos hijos a tenis, cuando a ninguno de ellos les gusta. Está claro que cuando son muy pequeños aún no saben con claridad lo que quieren. Por eso, puestos a llevarlos a alguna parte, mejor que sea a practicar las tres actividades que mayor incidencia tienen en su desarrollo físico y cognitivo: música, plástica y ejercicio físico.

 

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Si después el retoño quiere aprender ajedrez, chino, o baile moderno, fenomenal. Pero que sea él quién exprese sus gustos. Tenemos luego otros padres que lo que quieren es vivir de sus hijos, por lo que les obligan a practicar deportes, sobre todo el fútbol, con la esperanza de tener un futuro Ronaldo o un Messi. Convirtiéndoles así en muchas ocasiones, en unos pobres desgraciados que acabaran frustrados por no haber conseguido jugar al futbol de manera profesional, y que sentirán que no han cumplido con las expectativas de sus progenitores. De nuevo, ¿esos padres le han preguntado a su hijo qué quiere hacer? Porque una cosa es que al niño le guste jugar al fútbol, y otra muy distinta que quiera dedicarse a ello toda su vida.

 

Si os soy sincera, me gustaría que mi hijo estudiase, porque al final, los deportes de alto nivel tienen poco recorrido, es decir, que con 40 años ya eres viejo para practicarlos. Yo lo estoy educando en la misma senda que me educaron a mí: en la senda del amor por los libros y la cultura, por el estudio, el esfuerzo, y el trabajo duro. Pero él será en esta vida lo que él quiera ser. Y si quiere jugar al fútbol, lo hará, pero no seré yo quien lo incite a hacerlo. Puestos a jugar a un deporte, prefiero mil veces el rugby, deporte de caballeros, donde se inculca el respeto a tu equipo, a los contrarios y al árbitro. Donde los padres no lanzan insultos desde las gradas, ni la gente tiene que salir escoltada de los campos por la policía. El rugby es un juego duro, es cierto, pero ¿acaso la vida no lo es?

 

 

 

Fuente: Gadea Fitera (elmundo.es)

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