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Redacción
Jueves, 17 de mayo de 2018 | Leída 1637 veces
NUTRICIÓN

Las dos reglas elementales en la alimentación de tu hijo

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Estas son las normas familiares del qué, dónde, cuando y cuánto debe comer el niño.

En muchas familias, el ritmo actual de vida, la dificultad para conciliar vida laboral y familiar o las grandes distancias que existen entre los domicilio y los centros escolares son, entre otras razones, las causas del que el tiempo dedicado a la alimentación se haya reducido notablemente respecto al pasado. Esto, ne muchos casos, provoca que se pierdan los referentes sobre cuestiones elementales de alimentación infantil, lo que a su vez promueve los típicos problemas de comportamiento alimentario: negativas a comer, alimentarse de forma caprichosa o monotemática... etc.

 

Desde la Editorial Pirámide han elaborado con la colaboración de expertos en psicología infantil el libro «El niño que no come o come mal», con el que proponen un cambio de actitud. Se trata, explican los autores, «de una propuesta tan sencilla que puede parecer simplista», pero en su sencillez radica su eficacia. «Los progenitores que sean capaces de ponerla en marcha y mantenerla resolverán la mayor parte de las situaciones conflictivas alrededor de la alimentación, además de mejorar el estado nutricional de sus hijos», aseguran.

 

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La propuesta se basa en el planteamiento de Ellyn Satter, que propone que la alimentación debe guiarse por dos normas básicas:

 

1- Los padres son responsables de qué, dónde y cuándo come nuestro hijo.

2- El niño es responsable de cuánto come.

 

Los padres decidimos qué, dónde y cuándo se come, y lo haremos con sentido común. No ofreceremos a nuestros hijos como sustitutos de alimentos ricos nutricionalmente (ensaladas) otros más pobres pero sabrosos, que sabemos que sí comerán (pizzas).

 

 

Asimismo, al decidir dónde comerán, será más adecuado elegir la mesa de la cocina que sentados en una alfombra delante de la televisión, donde hay mayor probabilidad de que los niños engullan ensimismados con las imágenes. O decidiremos que nuestros hijos solo comerán en los cinco momentos habituales del día: desayuno, comida, merienda y cena, y no en cualquier momento que digan que quieren comer.

 

Son dos reglas elementales, y los padres no debemos dejarnos llevar por un atávico temor de que el niño no va a comer lo suficiente. Sin embargo, si somos capaces de controlar ese miedo, y nos damos la oportunidad de observar cómo se reconducen los problemas del comportamiento alimentario del niño, nos sorprenderá la eficacia de una actitud tan sencilla.

 

Estómago pequeño


Por otro lado, debemos confiar en la natural capacidad del organismo del niño para establecer la cantidad de comida que necesita, en función de sus naturales e innatas sensaciones de apetito y saciedad. Hay que intentar no alterar esas sensaciones con comportamientos a veces obsesivos basados en la idea de que el niño debe obligatoriamente ingerir cierta cantidad de alimento, lo que nos lleva a insistirle para que se coma todo lo que tiene en el plato; y si o se lo come se le proporciona luego cualquier comida para compensarlo. Esto provocaría comportamientos alimentarios alterados, erráticos y caprichosos, que hacen que toda la familia esté detrás del niño.

 

Para poner en marcha las anteriores reglas, veamos un ejemplo:


En un día normal los padres de Guille deciden que su hijo de 5 años desayunará sentado con su madre a las 8:30, con la televisión apagada. Se tendrá disponible un vaso de zumo de naranja y un tazón de cereales con leche. Para su almuerzo, se llevará al colegio un sándwich de pechuga de pavo con tomate. Si el niño no desea terminar el zumo o los cereales, se dejará a su decisión, lo mismo ocurrirá con el almuerzo. No obstante, si esto ocurre, el niño no podrá conseguir golosinas o dulces. A la hora de comer, Guille comerá sentado a la mesa con su padre, sobre las 14:00 horas, con la televisión apagada. En esta ocasión habrá una razón de legumbres, un filete de carne a la plancha, y un yogur. Para la merienda tendrá dos piezas de fruta y otro yogur.

 

En ambos casos, Guille comerá de nuevo la cantidad que estime conveniente. Imaginemos que decide no comer las legumbres. En ese caso se respetará su decisión sin recriminaciones ni insistencias, dado que el niño decide cuánto come. Ello puede conllevar, con una alta probabilidad, que a media tarde tenga hambre y busque alimentos calóricos (por ejemplo, un bollo, chocolate o cualquier otro alimento inadecuado). De todos modos, por mucha hambre que tenga y por mucho que lo pida, no lo obtendrá, ya que los padres deciden qué, dónde y cuándo se come.

 

Con este comportamiento, es probable que Guille llegue con hambre a la cena y comerá la ensalada y el pescado previstos, alimentos que difícilmente comería sin hambre.

 

Siguiendo estas dos reglas eliminamos los conflictos típicos asociados a las comidas, pues dejaremos de «obligar y perseguir» con la obsesión de que los niños coman «lo suficiente». También iremos promoviendo una alimentación cada vez más responsable de los niños.

 

 

 

 

Fuente: abc.es

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