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Redacción
Miércoles, 2 de mayo de 2018 | Leída 519 veces
PSICOLOGÍA

Que nadie te diga..

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Que nadie te diga que no puedes hacerlo.

 

Que nadie te diga que no mereces intentarlo.

 

Que nadie te diga que no eres lo suficientemente bueno.

 

Dejamos que sean otros lo que valoren nuestros logros, critiquen nuestros tropiezos, decidan nuestros intentos. Tendemos a escuchar a aquellos que sin apenas conocernos son capaces de dudar de nuestras posibilidades, de sentenciar nuestro trabajo, de limitar nuestros retos.

 

Solemos escucharles como si se tratasen de expertos de lo que nos corre por dentro. Les damos poder sobre nuestros días, permiso para valorar nuestros pasos sin conocer nuestro camino, sin entender nuestras cicatrices, sin saber de donde hemos resurgido.

 

Gente que creen que no merecemos todo lo bueno que nos pasa, que no aprecian nuestros esfuerzos, que no se molestan en conocer nuestra causa, en respirar nuestra pena, en reconocer nuestras fantasmas. Capaces de juzgar nuestros anhelos, de envenenarnos con sus sentencias, de envidiar nuestra valentía.

 

Personas a las que les otorgamos poder sobre nuestros quieros, que nos hacen pasar de puntillas por el mundo, que empequeñecen nuestra osadía. Que deciden lo que podemos intentar, ser o pensar. Que envenenan nuestras virtudes y utilizan nuestro potencial para su beneficio.

 

Opiniones que nos hacen pequeños, que limitan nuestros sueños, que encogen nuestro derecho. Palabras que ciegan nuestra alma, que determinan nuestro atrevimiento, que alzan muros que nos separan de nuestros empeños. Que nos siembran de dudas, que nos hacen sentir que no estamos lo preparados, que nos llenan de reproches e inseguridades.

 


Cuando se trata de nosotros no nos protegemos lo suficiente, no defendemos nuestros principios, no escudamos nuestra alma. Permitimos que cualquiera critique nuestras decisiones, corte nuestras alas, chantajé nuestros deseos.

 

Dejemos de escuchar a aquellos que cuando todo se empiece a tambalear no van a estar a nuestro lado, no van a tener el valor de sacar la cara por nosotros.

 

Rodeémonos de aquellos que sin necesitarnos quieren seguir a nuestro lado, que no se avergüenzan de nuestros errores, de nuestras salidas de tono. Aquellos que defienden nuestra locura aunque no la compartan, que confían en nosotros conociendo el riesgo, que ofrecen su ayuda sin que tengamos que pedirlo.

 

Elijamos a aquellos que quieran venir con nosotros de la mano, que nos dejen ser, que crean en el valor de nuestras palabras. Que nos animen a seguir adelante.

 

Que nadie nos diga que no tenemos derecho a decidir donde vamos a ser felices, lo que nos sobra, el precio que le otorgamos a las cosas.

 

Que nadie nos diga que no merecemos lo que conseguimos gracias a nuestros trabajo y perseverancia.

 

Que nadie nos diga cómo debemos plantar cara a nuestros miedos, a nuestras vicisitudes, a cómo nos enfrentamos al riesgo.

 

Que nadie nos diga que nuestra sonrisa no enamora, que  no tenemos derecho a volver a empezar de cero,  a creer en la belleza de los sueños.

 

 

 

 

Fuente: sonialopeziglesias.blogspot.com.es

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