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Redacción
Jueves, 19 de abril de 2018 | Leída 398 veces
PSICOLOGÍA

“El castigo psicológico genera un daño profundo, invisible y peligroso”

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ENTREVISTA | Paloma Méndez, Psicóloga y Neuropsicóloga Infantil Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y Hospital Quirónsalud San José.

Es difícil destacar dos frases de la entrevista a Paloma Méndez sin hacer justicia a otras dos igual de interesantes. Hablamos sobre el premio y el castigo y descubrimos aspectos que quizás padres y profesores están pasando por alto.

 

Subrayamos su afirmación sobre el castigo psicológico, muy rotunda y que incide en aspectos que pueden causar un grave problema de salud: “El Castigo psicológico genera un daño profundo, invisible y peligroso”.

 

Paloma Méndez de Miguel es Licenciada en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid. Como formación de postgrado ha cursado un Master en Psicoterapia Cognitivo-Conductual, es experta en Atención Temprana y en Neuropsicología Infantil y está acreditada por el Colegio Oficial de Psicólogos como Neuropsicóloga Clínica.

 

En el ámbito clínico, Paloma Méndez ejerce en consulta privada desde el año 2004, fundamentalmente en el ámbito de la Neuropsicología y la Psicología Infantil. De forma paralela, desarrolla su actividad como Psicóloga y Neuropsicóloga Infantil en el Hospital Universitario Quirónsalud Madrid y el Hospital Quirónsalud San José.

 

En el ámbito docente, es profesora de Postgrado en la Universidad San Rafael Nebrija y ha sido profesora Ayudante en la Universidad San Pablo CEU de Madrid.

 

¿Qué es la neuropsicología y de qué se ocupa?


La neuropsicología es una especialidad, dentro de la psicología, que estudia la relación entre el cerebro y la conducta. A través de distintas pruebas se infieren patologías funcionales o anatómicas subyacentes, entre otras, problemas de aprendizaje, retraso madurativo, déficit de atención, etc. También se utiliza para detectar destrezas especiales como las Altas Capacidades.

 

 

¿Se pueden definir el premio y el castigo?


El premio y el castigo son estrategias básicas que se utilizan, de forma general y no sólo en el ámbito de la psicología clínica, para modificar la conducta.

 

Aunque esto es muy intuitivo, el objetivo del premio es que la asociación entre la conducta y la consecuencia sea positiva, lo que a priori, motiva a que esa conducta se siga produciendo.

 

El castigo, sin embargo, tiene el objetivo contrario, pues si al realizar una conducta se castiga es muy probable que esa conducta disminuya la frecuencia o se extinga.

 

¿Se debe castigar y premiar a los niños y adolescentes ante sus comportamientos? ¿Forman parte del proceso educativo y de aprendizaje del ser humano?


El premio y el castigo son una estrategia más dentro de los múltiples repertorios educativos, que se utiliza tanto de forma directa e indirecta en el aprendizaje de los niños.

 

De forma indirecta, y sin mediar la labor del adulto, el niño que se comporta de forma adecuada, por ejemplo, cuidando y compartiendo con sus iguales, será “premiado” teniendo más amigos.

 

Del mismo modo, el niño que habitualmente se esfuerza y mantiene una actitud adecuada en lo académico, si no tiene problemas neuropsicológicos asociados, será “premiado” con buenos resultados.

 

Por otro lado, de forma directa el premio y el castigo bien utilizados modulan el aprendizaje del niño y ayudan en la labor educativa.

 

 

¿Existen el buen castigo y el mal premio?


Por supuesto que si. Castigos malos son aquellos que dañan los sentimientos o a la persona, entre otros: las voces, el silencio (dejar de hablar), la comparación con otros, la culpabilización, la generalización y la etiquetación (“eres malo”, “eres egoísta”…) y por supuesto el castigo físico.

 

En cuanto a los malos premios, de modo general es negativo premiar en exceso, que siempre sean cosas materiales, que sea desproporcionado o que haya mucha distancia entre la conducta y el premio (por ejemplo por un examen ahora premiar con un concierto que es dentro de seis meses).

 

Como pauta general el premio y el castigo como reguladores de la conducta deben utilizarse [Img #14356]de forma proporcionada. El premio en aquellas conductas que cuesta conseguir porque se dan de forma intermitente.

 

El castigo también es una herramienta necesaria y que ayuda a que entiendan la relación entre conducta y consecuencias. Proteger en exceso al niño y que sienta que haga lo que haga no ocurre nada es perjudicial para su desarrollo.

 

Un padre ha castigado a su hijo acosador a ir corriendo al colegio bajo la lluvia. ¿Se debe castigar a los niños acosadores?


Bueno…. quizás no sea el castigo más adecuado, pero por supuesto, un niño que actúa mal tiene que tener consecuencias.

 

¿Cuál es el tratamiento que hay que realizar a un niño acosador? ¿Qué siente? ¿Cuáles son sus emociones?


No hay un perfil único de niño acosador, aunque un patrón común es la falta de empatía y en ocasiones, la despersonalización de la víctima. Es mucho más fácil criticar, machacar, humillar a la persona que no conozco.

 

Hay veces en las que la presión de grupo influye en que un niño siga el juego al acosador y acabe acosando.

 

En estos casos, al reflexionar con el menor aparece la culpa y la conciencia de daño.

 

En otras ocasiones, la falta de empatía les hace insensibles al dolor ajeno y no tienen remordimiento, simplemente criticar al otro les sirve de medio para reafirmar su baja autoestima.

 

¿Un niño acosador, será un adulto acosador?


No tiene porqué. Depende de la empatía que tengan, la familia, si existe tratamiento psicológico posterior a la situación de acoso, etc.

 

¿Y Un niño acosado, será un adulto acosado o acosador?


Tampoco tiene porqué. En ocasiones ocurre que se repite el patrón de víctima o verdugo pero influyen muchísimas variables. Para empezar, la personalidad y el ajuste psicológico previo a la situación de acoso vivida. El soporte familiar, la autoestima, el tejido social, los valores morales….infinidad de variables que modulan tanto el daño producido por el acoso como su pronóstico posterior.

 

Pautas a seguir por los padres de un niño acosador ¿cabe el castigo?


El castigo está algo demonizado en la sociedad actual, pero es algo razonable que cuando alguien hace algo sancionable tenga consecuencias. No obstante, lo primero que habría que hacer es evaluar el motivo por el que el niño ha acosado. Entender lo que le ocurre llevará a acertar mejor los siguientes pasos.

 

¿Cómo podemos vencer la culpabilidad del niño acosado y su autoestima?


Es necesario que después de una situación de acoso el menor encuentre experiencias emocionales correctoras y sanas en su contexto de iguales. Si no puede ser en el colegio quizás buscar otro escenario donde además puedan mostrar habilidad (algún deporte, actividades artísticas, etc.)

 

Por otro lado, dentro del colegio sería bueno propiciar un ambiente protector donde el niño encuentre aliados y se sienta protegido.

 

Cambiar a un niño acosado de colegio es lo habitual pero… ¿no es un castigo al acosado y un premio para el acosador?


Habría que ver cada caso. Lo ideal, aunque en ocasiones es utópico, es que el niño acosado se mantenga en el colegio, protegido y seguro respecto al acosador y con un grupo que penalice conductas de acoso.

 

¿Existe todavía el castigo físico en España? ¿Y el castigo psicológico?


El castigo físico y psicológico coexisten. El castigo psicológico genera un daño más profundo, más invisible, más indetectable y más peligroso. Se da en muchos contextos y por eso es necesario aprender a detectarlo para poder proteger a los niños.

 

En el caso de los menores siempre hay que trabajar en prevención, que aprendan a diferenciar un buen amigo (que te hace feliz, te acompaña, te divierte, comparte y cede el poder) de un amigo tóxico (que te controla, te sanciona, te critica, te manda y te hace sentir culpable).

 

 

¿Qué consejos daría a los profesores a la hora de abordar con sus alumnos el asunto premio/castigo?


Bueno, los profesores suelen saber cómo gestionar estas cosas… no obstante, como pauta general a tener en cuenta, cambia la conducta más rápido y eficazmente el premio que el castigo.

 

 

Si hay un alumno con un comportamiento negativo o mala actitud en el aula, suele resultar útil premiar, ensalzar cualquier pequeño logro que haga.

 

En cuanto al castigo es más complicado. Hay niños muy desmotivados con los que no funciona mucho. En ocasiones, los castigos que se ponen desde el aula no funcionan porque para el niño son un premio (por ejemplo, que le expulsen tres días a casa o que le saquen al pasillo)

 

El mejor modo de actuar es una coordinación entre los padres y el colegio, y que todas las partes se alíen para ayudar al niño, buscando  que su conducta negativa sea penalizada en ambos contextos y la positiva reforzada en ambos.

 

¿Y cómo funcionan el premio y el castigo en los adultos?


El premio y el castigo también funcionan en el adulto, aunque no exactamente del mismo modo. El adulto es capaz de perder a corto plazo para ganar a largo plazo (por ejemplo: quedarse sin vacaciones, sin fines de semana, etc., para estudiar una oposición). En el niño, la asociación entre la conducta y el premio y el castigo suele ser más fuerte.

 

 

 

 

Fuente: Jesús Larena (jupsin.com)

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