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Redacción
Jueves, 19 de abril de 2018 | Leída 179 veces
SALUD

Qué hacer en el momento justo en el que sufres un calambre

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Esa punzada tan molesta y familiar cuando estás haciendo ejercicio. Ese calambre repentino e incontrolado que produce un latigazo en los músculos. Se trata de espasmos musculares involuntarios o contracciones que generan mucho dolor, aparecen de improviso y en ocasiones acaban por inmovilizarnos. Pero, ¿qué es lo que realmente causa que los músculos se contraigan?

 

Aunque se desconoce el motivo de muchos calambres, a veces pueden ser causados por el envejecimiento, el ejercicio extenuante, los medicamentos para el colesterol (estatinas) o la presión arterial alta, la deshidratación y las enfermedades hepáticas, según informa 'The Independent'. También suelen aparecer cuando nos mantenemos en una misma posición durante mucho tiempo y con tensión. Es algo que no solo afecta a los deportistas, la inmovilidad y el sedentarismo también son un factor muy importante a tener en cuenta. Nuestros músculos dejan de trabajar como deberían, se ralentizan e incluso pueden atrofiarse a una edad temprana. Al llegar a la madurez, es de vital importancia mejorar un poco más nuestros hábitos, ya que los calambres pueden aparecer en mayor medida.

 

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Uno de los más frecuentes se da en las piernas. Es muy habitual ver cómo en mitad de un partido de fútbol, un jugador queda tendido en el suelo con la pierna al aire y un compañero se le acerca para sostenerle el pie. Esto se debe a un calambre en la pantorrilla o en el tendón de la corva. Pero los calambres no son solo exclusivos de la gente con una exigencia física alta, sino que también son muy frecuentes cuando estamos en reposo, como por ejemplo mientras dormimos por la noche.

 

Una vez que llega la punzada, estirar el músculo es la mejor medida a tomar, de ahí que la clásica imagen de un jugador sosteniéndole la pierna a otro se repita. Los ejercicios de estiramiento regulares, como por ejemplo nada más levantarte o antes de dormir, particularmente en el músculo de la pantorrilla, pueden servir de gran ayuda a la hora de prevenirlos. Tomar analgésicos, como el paracetamol o el ibuprofeno, no reportará grandes beneficios, ya que tardan demasiado en hacer efecto, pero sí que pueden ayudar a calmar la sensibilidad muscular posterior.

 

Calambres menstruales


Otro de los calambres más típicos del que muy pocas veces se habla no tiene nada que ver con el ejercicio físico ni con los músculos propiamente dichos. Está relacionado con la menstruación y la disminorrea, el término oficial para designar a los cólicos menstruales. Se producen cuando la pared muscular del útero se contrae, lo que empuja contra los vasos sanguíneos e interrumpe el suministro de oxígeno al útero. Varía según las personas y en general, se manifiesta como una sensación de dolor en la parte baja del abdomen, las caderas y los muslos.


Unas lo sienten como espasmos y otras como un dolor sordo y constante. A pesar de la falta de conocimiento sobre el dolor menstrual, algo bastante preocupante y que hace pensar que muchas áreas de la medicina enfocan su campo de estudio solamente en los hombres, se están realizando cada vez más investigaciones en un mal que afecta a más de la mitad de la población. En 2016, los médicos descubrieron que este tipo de dolor puede sentirse con una magnitud similar a la de un ataque cardíaco, aunque la pasividad sobre este tema en algunos médicos les lleve a prescribir ibuprofeno como receta para combatir este padecimiento de grandes dimensiones.

 

Formas de prevención


Lo primero y lo más ideal es que mantengas en un nivel adecuado tus electrolitos, así como tus niveles de potasio. ¿Cómo? Muy sencillo: todas las mañanas date el placer de preparar y beber un zumo de lo más nutritivo hecho a partir de plátano y kiwi. Además de prevenir calambres, te cargarán de la vitamina C que necesitas para afrontar mejor el día.

 

Si haces ejercicio o por fin has tomado la iniciativa, cuidado. Calienta tus músculos siempre antes de comenzar. Otro consejo es no realizar cambios bruscos de intensidad en tus ejercicios. Lo mejor será que subas progresivamente el nivel de esfuerzo. De esta manera, irás preparando el músculo y evitarás caer en la fatiga extrema. Ahí es cuando siempre aparecen los calambres.

 

 

 

 

Fuente: E. Zamorano (elconfidencial.com)

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