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Redacción
Lunes, 16 de abril de 2018 | Leída 264 veces
FORMACIÓN

El laboratorio romano de Monchi

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Monchi, es decir Ramón Rodríguez Verdejo (San Fernando, Cádiz, 1968) ha llegado al punto de que habla de sí mismo en tercera persona. Síntoma, bien de extrema seguridad, bien de que es capaz de abstraerse lo suficiente como para referirse a un icono, no a un simple empleado del fútbol. «Mi primera planificación en Italia quizá no fuera la más normal en mí. Es ahora cuando empiezo a entender mejor al Monchi que necesita la Roma. Cuando uno tiene un cambio tan grande como el que viví yo [salió la pasada primavera del Sevilla tras casi 30 años], uno debe volver a conocerse. Y saber qué parte de Monchi sigue siendo válida, y qué parte de Monchi aún debe aparecer».

 

Entiende el ex portero, el ex delegado de campo y el ex director deportivo del Sevilla que esta Roma ya comienza a exteriorizar trazos de su obra. «Cuando llegué, todo fue muy rápido. Había que cuadrar los números, generar plusvalías» e intentar cubrir como fuera los socavones dejados con las ventas de futbolistas como Salah, hoy uno de los mejores futbolistas del mundo, Rüdiger o Paredes.

 

Tan bien se ha apañado el director deportivo giallorosso que ha logrado que la Roma haya alcanzado las semifinales de la Champions League. Aquí las razones del alquimista.

 

Un entrenador de la casa

 

«¿Si fue una apuesta arriesgada escoger a Eusebio Di Francesco? No lo creo. Había una base sólida para tener confianza». Monchi tuvo claro desde el principio el perfil de quien debía ser el capataz del banquillo tras la salida de Luciano Spalletti. «Me decidí por él por su capacidad, pero también por su conocimiento de la Roma. Jugó cuatro años aquí, ganó un Scudetto también aquí. Sabiendo lo especial que es trabajar en este club, eso fue muy importante. Además, buscaba un técnico equilibrado, capaz de tener una buena relación tanto con los medios de comunicación como con los aficionados. Pero también que fuera capaz de sacar el máximo partido de los jugadores que tendría entre manos». Di Francesco, de 48 años, sacó al Sassuolo de la serie B para llevarlo a la Europa League. «Es cierto que no tenía experiencia en la Champions. Pero con mi ayuda y la de sus jugadores, me parecía un tema fácil de llevar».

 

Un líder espiritual tras Totti

 

Fue Monchi quien dio el peliagudo paso de retirar a Francesco Totti y convencerlo para que actuara de bisagra entre su dirección deportiva y el vestuario. Aunque la caseta no quedó huérfana. «El vacío de Totti no es tanto gracias a Daniele De Rossi». El heredero de Il Capitano tiene 34 años. «Es un jugador formado en la Roma, tifoso del club, y con una capacidad innata para transmitir los valores de la entidad. Siempre suma».

 

Un jornalero del gol

 

Edin Dzeko tiene 32 años. «Pero también tiene una vida profesional perfecta, entrena como debe, le gusta lo que hace y la temporada pasada marcó 39 goles». En ésta lleva 17, incluido el tanto que sirvió para eliminar al Shakhtar en octavos de la Champions. «Es clave para entender nuestra posición. Quizá no haya nadie imprescindible, pero Dzeko, por sí solo, es capaz de ganar un partido».

 

Un descubrimiento

 

Se trata de un chaval llamado Cengiz Ünder, extremo contratado del Basaksehir turco a cambio de 13,4 millones de euros. Lleva seis goles en los últimos nueve partidos. «A uno le llegan informaciones, noticias... Suelo hablar con un agente con el que tengo buena relación, Bayram Tutumlu. Comencé a seguir a Ünder. Había hecho una temporada magnífica y era ya internacional absoluto. Lo más difícil de traer a un chico de 20 años de Turquía no es verlo, sino apostar y estar convencido de que puede llegar a tener una carrera importante. Es todavía muy joven, no domina aún el italiano, así que tiene mucho margen de mejora».

 

Una promesa por salvar...

 

Hubo un momento en que el foco iluminaba a Stephan El Shaarawy como a una estrella en busca del escenario adecuado. Alumbró y apesadumbró en el Milan, exilió su cresta a Mónaco, y lleva ya tres temporadas en la Roma dispuesto a recuperar el tiempo perdido. Monchi lo mima. «Es todavía joven [25 años], tiene una edad magnífica para desarrollarse todavía más. Atesora unas condiciones tremendas, increíbles. Tiene dríbling, gol, golpea con las dos piernas y es nuestro mejor hombre al espacio. Creo mucho en Stefan».

 

 

 

 

Fuente: Francisco Cabezas (elmundo.es)

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