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Redacción
Jueves, 8 de marzo de 2018 | Leída 5711 veces
OPINION

Juan y Mario, dos chicos en un mundo distinto.

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Esta es una historia que ocurre con frecuencia cada fin de semana. Podríamos decir que es una historia real ya que desgraciadamente ocurre demasiadas veces algo muy parecido, pero los nombres son inventados. Te pido, por favor, que leas la historia y reflexiones desde el corazón tras su lectura.

 

Juan es un niño de 11 años. Desde bien pequeño le gustaba el fútbol y ahora que está en sexto de primaria juega como delantero en un equipo Alevín en Madrid.

 

Este pasado sábado tenía partido de liga y como cada sábado se levantó muy ilusionado para jugar a su deporte favorito. Al llegar al campo se llevó una gran alegría porque comprobó que iba a ser titular en ese partido y eso siempre anima. En un momento del partido, Juan se internó en el área con el balón y tras sentir un contacto en el pie se cayó al suelo, momento en el que el árbitro pitó penalti.

 

Juan se alegró porque un penalti a favor siempre significa una posibilidad muy cercana de meter un gol, pero se alegró aun más cuando el entrenador decidió que fuese él mismo quien lanzaría el penalti ya que a él le motiva ser protagonista del lanzamiento de un penalti.

 

Una vez que el árbitro pita para iniciar el lanzamiento de penalti, en un momento muy apasionante, Juan se encamina para lanzar el penalti y …. se lo para el portero…… Juan se entristece porque tenía la posibilidad en su mano de conseguir un gol para su equipo pero en ese momento comienza a recibir ánimos de todos sus compañeros e incluso de la afición, que como bien sabes la afición en fútbol base son los padres, abuelos, tíos, etc …. Escuchaba frases de ánimo como “no te preocupes, lo importante es atreverse a tirarlo”, “tranquilo Juan, a la próxima lo meterás”, “estamos contigo Juan”, ….. Tras notar este apoyo unánime de compañeros y afición, Juan sentía una sensación agridulce ya que por un lado se sentía triste por no meter el penalti, pero por otro lado estaba feliz de notar el apoyo de sus compañeros y de la afición.

 

Acabado el partido, Juan se marchó a casa triste por no haber marcado ese penalti pero a la vez contento porque sabía que contaba con el apoyo de todos cuando las cosas no le salían.

 

Mario, es un adolescente de 17 años que también le gusta el fútbol y de hecho juega en un equipo con sus amigos como Juan. Desde que Mario tenía 15 años, le empezó a gustar eso de arbitrar partidos, de ser árbitro de fútbol ya que era una forma de hacer deporte a la vez que seguía en contacto con su deporte favorito.

 

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A los 16 años, Mario hizo un curso de árbitro de fútbol y lo aprobó, y le dieron un silbato, dos tarjetas y una equipación de árbitro y ahora con 17 años compagina jugar al fútbol con los amigos con lo de arbitrar partidos de fútbol base.

 

Y precisamente Mario era el árbitro del partido que jugó Juan. Ese día había ido a arbitrar el partido en compañía de sus padres que tenían muchas ganas de verle arbitrar.

 

En un momento de ese partido, Mario observó como un jugador defensor contactaba con su pie en el pie de un jugador que estaba a punto de tirar a portería en el área rival y tras ese contacto el delantero caía al suelo, momento en el que Mario , aplicando el reglamento que había estudiado para ser árbitro (donde indica que si un jugador da o intenta dar una patada a un rival dentro del área hay que pitar penalti) pitó penalti a favor del equipo cuyo delantero había caído en el área. Ese delantero era Juan, parte de esta historia que ya conoces.

 

Pues desde el mismo momento en que Mario pitó penalti, empezó a escuchar como los jugadores del equipo infractor le protestaban, incluso le insultaban y le perdían el respeto.

 

Mario se sentía triste, ese no era el deporte que a él tanto le gustaba y ser árbitro imaginaba que era otra cosa, el sentía dolor por lo que estaba sufriendo y no sabía qué hacer.

 

Pero la cosa no quedó ahí, es que incluso padres y abuelos de ese equipo se metían con él, le insultaban, gastaban bromas pesadas desde la grada y todo descalificándole. Mario sentía un doble dolor, por un lado se sentía muy triste porque estaba siendo víctima de un maltrato y por otro lado se sentía muy triste por sus padres, porque estaban en la grada presenciando todo y sufría por cómo se estarían sintiendo y temía que les pudiera pasar algo.

 

Con mucha dificultad y entre insultos y menosprecios, Mario continuó pitando el partido hasta el final y fue una verdadera tortura para él y para sus padres.

 

Cuando finalizó el partido, Mario se dirigía a su vestuario muy apenado con la cara llena de tristeza. Esto no era para lo que el había estudiado y se había preparado tanto, no imaginaba que la gente fuera capaz de este horrible trato a un árbitro.

 

Pero desgraciadamente faltaba lo peor… Cuando Mario iba camino del vestuario un padre de los muchos que habían estado insultándole se abalanzó sobre él para pegarle….. La “suerte” de Mario fue que su padre se puso por medio evitando que le golpearan, pero claro fue su padre quien recibió el golpe, ocasionándole una brecha en su ceja que comenzó a sangrar abundantemente….

 

Imagina cómo se sentía Mario, ….. imagina lo desagradable de la situación….. por aplicar el reglamento que él había estudiado y aprobado en el curso de árbitro le habían faltado al respeto niños, padres, abuelos, … insultándole, mofándose de él e incluso intentando agredirle…. y como resultado de la defensa de su padre la consecuencia fue recibir la agresión que iba para su hijo …


¿Te imaginas que un niño tras fallar un penalti sea insultado por sus propios compañeros, por los padres y abuelos de la grada e incluso alguien intente agredirle? Pues eso es lo que sufren los árbitros habitualmente.

 

En un futuro, todo esto se resolverá si proporcionamos una buena educación de base a nuestros jóvenes. Pero la cuestión ahora es cómo acabar con la falta de educación y de respeto hacia los árbitros por parte de los “mayores”en la actualidad.

 

Ahora que está tan de moda hablar de acoso o bullying, los árbitros son víctimas de acoso cada fin de semana y no hacemos nada para protegerles.

 

Debemos ser los primeros en ayudar a los árbitros, son personas como tú y como yo sufriendo un maltrato inaceptable.

 

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