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Redacción
Lunes, 5 de marzo de 2018 | Leída 1739 veces
EDUCACIÓN

«Los padres "entrenadores" han de educar al hijo que tienen, no al que les gustaría tener»

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En su último libro Fran Castaño, profesor y autor del libro «La mejor medalla: su educación», nos explica cómo educar a tu hijo en el deporte, y todos los beneficios que esto conlleva, insistiendo siempre en una premisa: que los hijos adquieran este hábito mientras disfrutan, y que aunque cuanto antes mejor, el mejor momento para que un niño empiece a practicar deporte es «siempre».

En la elección del deporte cuando se inician... ¿qué tenemos que tener en cuenta? ¿Quién lo elige, ellos o los adultos?

 

El asesoramiento de los padres es muy importante a la hora de orientar a sus hijos en la disciplina deportiva, pero siendo realistas. Si se escoge pertenecer a un club, por ejemplo, que este sea adecuado a las expectativas, tanto de los padres, como del niño. Es decir, que no le apuntes a uno que está a 90 kilómetros de tu casa porque luego no iréis.

 

Tampoco olvidemos que son ellos los que tomarán la decisión final. Para ello, y como dice Aroa González, capitana de la selección española de rugby, han de probar muchas disciplinas deportivas diferentes, y ver con cuál se lo pasan mejor, o cuál se les da bien.


¿Cómo lograr que nuestro hijo siga practicando deporte a lo largo de su vida?

 

Lo primero que hay que tener claro para que tu hijo haga deporte es que se lo pase bien. Si esto se ha consiguido mientras ha practicado deporte de niño, y los padres han actuado adecuadamente —esto es, sin presiones—, este niño será el que hará deporte cuando crezca, que es lo que nos interesa.

 

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Pero muchas veces ocurre que un niño que disfrutaba del deporte, que se lo pasaba bien, lo acaba dejando un poco más adelante a las puertas de la adolesacencia, justo cuando es más necesario.

 

Si los padres lo enfocan como diversión, no tendrían por qué dejarlo. Pero también es verdad que llega un momento que el deporte exige compromiso. Que es también uno de los grandes valorse que se aprenden y como tal, es producto de una conducta adaptativa: se enseña. Es cierto que hay críos a los que les resulta más fácil esforzarse, pero la perserverancia la que tenemos que enseñar los padres. ¿Cómo? No le ates el cordónd de pequeño, y si le cuesta media hora, ten paciencia, que luchando lo va a conseguir. ¿Qué ocurre? Que los padres somos muy «resultadistas» y hacemos que el crío solo tenga en mente objetivos. Así los niños se rinden, se enfandan y dejan de luchar.

 

Mi consejo es que no se relacione el deporte con resultados. Nuestros hijos tienen que superarse a ellos mismos, no a los demás, y esto es extrapolable a todos los ámbitos de la vida. Si tu hijo pretende ganar a unos que no puede, lo intentará, pero llegará un momento en que se venga abajo y tire la toalla. En cambio si tú o el entrenador le dice «hoy has pasado un cono, mañana entrenando pasarás tres». Cuando consiga pasar el cuarto habrá aprendido la lección más grande de la vida: que las cosas se consiguen con esfuerzo, con perseverancia, y con constancia.

 

Es mejor explicar a mi hijo que se tiene que esforzar a que tiene que conseguir goles o resultados, porque si no se rendirá y obtendremos el efecto contrario. Lo que ocurre es que la mentalidad de algunos padres es que su hijo viva del deporte, en vez de inculcarle tesón.

 

El abandono del deporte es más significativo además, en las chicas.

 

Hay varios aspectos a tener en cuenta. Uno de ellos son las expectativas. Las niñas hasta hace bien poco no lo han tenido en mente como su futuro, entre otras cosas, porque las mujeres no cobran lo mismo que los hombres cuando son pros, pero esto está cambiando lentamente. Quiero ser optimista. Cada vez hay más chicas que se dedican al deporte, pero es verdad que hoy por hoy, por poner un ejemplo, en el ciclismo profesional Joaquim Rodríguez Oliver, apodado Purito, gana mucho dinero, mientras que Madi García o Sheila Gutiérrez están cobrando un sueldo.

 

Luego hay una etapa muy conflictiva para el abandono del deporte en la adolescencia, pero afecta a ambos sexos. Es una etapa crítica en la que el joven se posiciona, y es probable que lo deje si no lo ha disfrutado, y lo ha practicado medio obligado por los padres. Por otra parte, tenemos una sociedad en la que todavía se asocia el pasarlo bien a ir de discotecas y beber. Pero hay otras formas de divertirse.

 


De hecho, está comprobado que es probablemente uno de los mejores antídotos para evitar conductas de riesgo.

 

Se evitan conductas de riesgo, sí. Por poner un ejemplo: Una chica entusiasmada por el deporte y que al día siguiente tiene que madrugar para ir a voleibol quiere descansar bien, o al menos no salir hasta muy tarde. Esa adolescente se acostará temprano porque disfruta con el deporte, y prioriza una diversión sobre la otra. Insisto, salir de fiesta no se la única opción para sociabilizar y pasar un buen rato, de la misma forma que pasar una tarde entera a jugar a videojuegos no es el único modo de divertirse. Otra de nuestras obligaciones como padres consiste en enseñar que el deporte es equivalente a diversión.

 

El deporte en la escuela, ¿debería ser una asignatura diaria?

 

Creo que sí. Es fundamental. Hay un currículo, unos resultados en los informes PISA que dejan mucho que desear, hay una alta tasa de obesidad... hay múltiples razones para hacer una hora de educación física a diario. El sistema educativo español está obsoleto. Estamos completamente fuera de la vida real, cuando tendría que se lo más moderno del país. No se puede estar enseñando a los chavales en pizarra de tiza. Esto tiene que cambiar. El deporte debería ocupar una hora diaria en los centros educativos, pero no por el hecho del deporte en sí, sino por todo lo que se aprende de su práctica. No es mágico, pero sí evita muchas conductas de riesgo.


Dice usted que evita conductas de riesgo en la adolescencia. ¿Qué valores se extraen de la práctica dportiva?

 

Cuando son pequeños es importante sobre todo que se acostumbren a correr y a sudar, que lo pasen bien, y cualquier deporte nos sirve. Pero llega un momento, como dice Aroa González, en el que es importante trabajar el compromiso. Una disciplina deportiva no se domina en cuestión de días o de meses; hay que dedicarle horas, entrenos, esfuerzo, para que empecemos a notar una evolución. Y los niños aprenden que es necesario cierto compromiso para funcionar de forma correcta. Ojo, que no hay que confundir la presión con el compromiso.

 

Otro valor que se aprende es la humildad. Muchos chicos son buenos en el deporte, rinden lo suficiente con poco esfuerzo y disfrutan del éxito, que les llega rápido porque tienen talento. Ahora bien, ese talento natural, pro grande que sea, acabará topándose con sus propios límites, y es en ese punto donde el esfuerzo, la constancia y la responsabilidad posibilitan sacar diez milímetros de ventaja en natación, o dos segundos en ciclismo o atletismo. El hábito y el esfuerzo nos permiten crecen como personas.

 

Por supuesto, se aprende el respeto a los demás, y el espíritu de superación. El deporte es sin duda una buena manera de aprender a exigirse más a uno mismo. También el trabajo en equipo, porque el deporte funciona como una gran familia, donde cada persona debe cumplir su parte del trato.

 

¿Y los padres? ¿Cuál es nuestro papel? Cada mes aproximadamente salen noticias de padres que han agredido al árbitro de su hijo en campos infantiles, o de niños que han agredido al árbitro. ¿Qué estamos haciendo mal?

 

La única forma de prevenir esto es llevar a tu hijo al campo a que se divierta. En el campo los padres no debemos olvidarnos de los valores que defendemos como familia. Y por supuesto, nunca anteponer los resultados, o la técnica, a lo que verdaderamente importa: la educación, la salud y el disfrute. Esa debe ser nuestra mejor medalla.

 

 

Decálogo del padre que suma


1. Recuerde los motivos por los que su hijo hace deporte. El principal es porque le gusta. Existen otros, como practicar una conducta sana, estar con amigos o socializar. El objetivo no es ganar.

2. Comparta los mismos valores que el club. Busque un centro deportivo afín a su filosofía de vida.

3. No de órdenes. Solo apóyele, gane o pierda, juegue bien o cometa errores.

4. No le obligue a entrenar de más, ni a hacer ejercicios al margen de sus entrenamientos. Su hijo no es una estrella, es un niño. Aunque tenga talento, puede que no quera elegir el deporte como profesión y solo lo practique por diversión.

5. No presione, ni dé directrices, ni grite, ni increpe, ni maldiga, y no haga gestos que demuestren a su hio que se siente decepcionado con su juego.

6. Respete todas las figuras que participan en la comunidad deportiva: entrenador, árbitros, otros técnicos, jardineros...

7. Controle sus emociones. No se puede verbalizar todo lo que pasa por la mente. Las personas educadas no muestran incontiencia verbal.

8. Nunca hable mal de sus compañeros. Los otros niños forman parate del equipo. El objetivo grupal siempre está por encima del individual. Y hablar mal de sus colegas es hablar mal de la gente con la que comparte valores, emociones y un proyecto común.

9. Modifique su manera de animar. No se trata de corregir al niño, sino de reforzarlo.

10. No inculque expectativas falsas a su chaval, como decirle que es un campeón, que es el mejor y que si se esfuerza podrá llegar a donde quiera.

 

 

 

 

Fuente: Carlota Fominaya (abc.es)

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