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Redacción
Miércoles, 28 de febrero de 2018 | Leída 381 veces
NUTRICIÓN

La dieta de los grandes astros del fútbol

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Los nutricionistas intentan ganar un gramo de ventaja para su equipo en un deporte tan igualado ahora que se controla hasta el color de la orina.

Tony Adams explica en su autobiografía, de título evocador, Addicted, que llegó a entrenarse con bolsas de basura pegadas a su cuerpo para hacerle expulsar mejor el alcohol de la noche anterior. La cultura de pub estaba intrínsecamente enraizada en el fútbol inglés. Hasta que en agosto de 1996 llegó a las islas Arsène Wenger. El técnico alsaciano dio el primer paso para poner a dieta al fútbol al eliminar la cerveza de los hábitos de los jugadores. Y como al Arsenal le funcionó –enseguida ganó la Premier League en la temporada 1997-98–, los equipos empezaron a prohibir las pintas.

 

“Sólo por eso, Wenger ya se merece estar tanto tiempo en el club londinense”, comentan algunos nutricionistas del fútbol, a quienes allanó el camino. De los excesos con la bebida se pasó entonces a limitar los atracones con la comida.

 

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Los resultados dan la razón a aquellos que aplican las dietas


El resultado salta a la vista. Basta con comparar la silueta de un jugador de los ochenta y principios de los noventa –Maradona era su máximo exponente– con uno de los futbolista actuales, auténticos atletas, delgados, con los músculos definidos y sin un gramo de grasa. Todos ellos pasan por la báscula cada día antes y después de entrenar o jugar para controlar el peso perdido en la sesión o en el partido. Aproximadamente un 2%.

 

“Siempre les digo que sus cuerpos son Ferraris y a esos coches hay que darles la mejor gasolina”, resumía en una conferencia la semana pasada Antonia Lizárraga, la nutricionista del primer equipo del Barcelona. No fue hasta el 2008 que el club, con la llegada al banquillo de Pep Guardiola, se puso las pilas y colaboró con el especialista Estaban Gorostiaga, que elaboró los menús para que la plantilla comiese junta. Y cuando están en casa –Valverde tampoco concentra a la plantilla–, “los futbolistas agradecen una cierta rutina antes de los esfuerzos. Ya están nerviosos por el partido y no quieren inventos sino algo que sepan que les funciona”.

 

La periodización y el timing, los conceptos clave

 

La última corriente habla de dos conceptos claves: la periodización y el timing. Por un lado, igual que los equipos no entrenan cada día los mismo, no se puede comer todos los días igual. Las previas y los post-partidos deben ser diferentes. Por otro, hay que compartimentar bien “porque se puede comer muy sano pero muy mal repartido”, alertaba Lizárraga a una audiencia de futuros entrenadores y educadores. Por eso se recomiendan hasta seis ingestas al día. Para “llenar el depósito”, siguen siendo básicos los hidratos de carbono, que se encuentran en el arroz, la pasta, los cereales y el pan. Una dieta que no cumpla con los mínimos provocaría cansancio prematuro en los jugadores.

 

Evidentemente, los frituras, las salsas y los guisos de acompañamientos son enemigos a evitar pero también hay grasas buenas como el aguacate, el pescado azul (salmón o atún), las almendras y el aceite extra virgen de oliva. “Modulan la recuperación del músculo y son saludables”, razonaba Lizárraga.

 

Los colores en la alimentación lo ponen cinco frutas al día y las verduras en las ensaladas y en la guarnición. “El color marca la calidad. A más colores, mejor”, es la regla. Esas vitaminas son antioxidantes.

 

Además de los frutos secos, otro de los grandes aliados del futbolista es la leche. Por ejemplo, antes de ir a dormir con un poco de chocolate. Las tres raciones diarias pueden ser intercambiable por seis yogures.

 

Después de un esfuerzo fuerte hidratan mejor que el agua las bebidas deportivas, que aportan sales y azúcares. “Hay que beber enseguida porque la sed avisa tarde”, es el consejo. Y es que en un deporte cada vez más igualado hay que cuidar al máximo todos los detalles. Incluso la hidratación para el partido con el color de la orina: oscura (deshidratado), clara (ideal) y transparente (demasiado líquido).

 

El entrenamiento invisible se complementa a la hora de dormir. Los especialistas recomiendan en casa hacer una siesta de no más de una hora. “Es el límite. Si no se puede provocar una desincronización en el cuerpo con unos efectos parecidos al jet lag”, avisan. Por la noche ponen el énfasis en desaconsejar la luz azul de las tabletas y móviles justo antes de ir a la cama pues es lo opuesto a lo que le conviene a la melatonina. “Las horas de sueño son un segundo gimnasio”, afirman de forma gráfica, ya que descansando se libera hormona del crecimiento y se limpian toxinas.

 

El próximo grito también llega desde la Premier y son las lámparas de vitamina D. En Inglaterra los futbolistas tienen poca exposición solar durante el día por lo que algunos han decidido instalarse esa luz, tan beneficiosa para los huesos. Son los goles que no se ven.

 

 

 

Fuente: Carles Ruipérez (lavanguardia.com)

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