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Redacción
Martes, 27 de febrero de 2018 | Leída 236 veces
MOTIVACIÓN

Naldo Gomes: "De niño vendía helados y agua, no fue fácil"

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Naldo Gomes, uno de los jugadores más queridos del vestuario del Espanyol, le contó a 'AS' cómo pasó su infancia en una favela de Sao Paulo.

El futbolista ha mejorado tras dos meses sin jugar y ha admitido que no estuvo bien: "Pienso que venía de Rusia, que es una cultura diferente, y llegaba a un campeonato más fuerte y me tocó participar sin apenas entrenamientos. No estuve bien, pero creo que con el tiempo y el trabajo aumenté el nivel y estoy adaptado".

 

"Nunca tuve dudas y nunca pensé que no podía ser el de antes. Ahora estoy demostrando otra cosa. Estoy contento con los partidos que he hecho. Sé el potencial que tengo y las condiciones que puedo ofrecer", agregó.

 

De Naldo destacan siempre su profesionalidad. ¿Cuál es su secreto? "Mantener la regularidad en las comidas, sobre todo. Como de todo un poco, pero no me paso", desveló.

 

"También hago trabajo en el gimnasio al margen del que hacemos en los entrenamientos: ejercicios de estabilidad, fuerza, isométricos, pesas, elásticos... Intento mantener el cuerpo lo mejor posible", explicó.

 

Pero el central tuvo una infancia dura: "Crecí en el barrio de Sao Mateus de Sao Paulo, una zona de clase baja, muy pobre y humilde. Estaba en la periferia de la ciudad, en la zona de las favelas. Lo que recuerdo de mi infancia es jugar a todas horas a fútbol con los amigos en la calle y estar haciendo bromas".

 

"Mis padres tuvieron cuatro hijos, yo era el más pequeño. Mi madre trabajaba como empleada del hogar y mi padre manejaba una máquina para una fábrica de la zona, pero no le daba mucho dinero", añadió.

 

"Vendía pasteles, helados, coca-cola y agua. Lo llevaba todo en una marmita. Era lo que allí se conoce como geladino. Salimos a la calle o íbamos a la playa para ofrecérselo a los turistas o a la gente que tenía más dinero. No fue fácil", confesó.

 

Naldo contó cómo era en los estudios: "Mis padres me dieron una lección de vida y siempre me impusieron el estudio antes que el fútbol. Me decían que primero estudiar y luego jugar, y si primero me iba a jugar, luego ya sabía lo que me tocaba. Siempre tuvimos este apego".

 

El jugador explicó que la vida de su familia ha cambiado mucho: "El fútbol me ha dado todo. Ahora tienen una casa nueva en el barrio de San Bernardo. Sus condiciones de vida han mejorado mucho. El hecho de jugar en Europa, estar entre los mejores, salir de mi país… Todo eso son para mí sueños cumplidos, como poder tener un coche".

 

"Siempre quise hacer algo grande para mi familia. He podido darle una oportunidad también de conocer otro país. Eso es algo impensable si en Brasil no tienes una posición buena. Todo se lo tengo que agradecer al fútbol", agregó.

 

El central decidió que quería ser futbolista por un Mundial: "Recuerdo la final del Mundial de 1994, en Estados Unidos. Yo tenía apenas seis años. Las imágenes que retengo son de la tanda de penaltis, con el error de Roberto Baggio y las paradas también de Taffarel. Fue algo de lo más emocionante y de allí me nació el sentimiento de querer ser jugador de fútbol".

 

"Antes creo que los niños vivían más el fútbol que ahora, tenían mucha pasión, vibraban más... Fue fundamental esa experiencia. Luego, siempre quería tener un balón a todas horas, quería jugar con él. Llamaba a los amigos y montábamos partidos en la calle. Mi madre sabía siempre dónde me podía encontrar. Y tenía que cogerme por las orejas para llevarme a casa", reveló.

 

Naldo cobró su primer sueldo como semiprofesional a los 18 años, cuando jugaba en la cuarta división de Brasil: "Me pagaron 50 euros y se lo di a mis padres. Yo hasta los 14 años no jugué en un club de fútbol, lo hacía en la calle o en partidos organizados".

 

"La gran oportunidad me la dio el Ponte Preta, de la Serie A brasileña, cuando tenía ya 22 años. Jugué el campeonato paulista y me dio la alternativa, porque yo procedía de la última categoría. A partir de ahí empecé mi carrera", explicó.

 

El defensa contó las dificultades de adaptarse a la Liga Rusa, sobre todo por el frío y el idioma, aunque no se quejó. Eso sí, prefiere España: "Los españoles son alegres, la temperatura es buena... Estoy muy contento de estar aquí y quiero continuar más tiempo".

 

"No pienso cambiar, ya me he convertido en un fanático del Espanyol y de su afición. La gente me apoya y me transmite muchas ganas. Tiene pasión por esta entidad. El vestuario es una familia. Todo el que llegue es bienvenido. Le ha pasado a Carlos Sánchez y pasó lo mismo conmigo. Te abren los brazos. Y eso en el fútbol es clave", concluyó.

 

 

 

 

 

Fuente: besoccer.com

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