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Redacción
Jueves, 22 de febrero de 2018 | Leída 44 veces
MOTIVACIÓN

¿Y de mayor qué quieres ser? Árbitro a los 12 años

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Damiano Bellini se convierte en el colegiado más joven de Italia tras debutar en las categorías inferiores de la provincia de Módena.

Con el debido respeto a los porteros, ya el que de niño quería ponerse bajo palos y no meter goles era considerado un poco rarito. Damiano Bellini quería ser portero. Pero no tuvo bastante con eso. Con 11 años vio jugar a unos chicos en el patio de la parroquia y le preguntó a su madre si podía poner orden en la pachanga. Los muchachos aceptaron, Damiano tomó el silbato y poco después se convertiría en el árbitro más joven de Italia.

 

Ahora, cumplidos los 12, ha debutado en las categorías infantiles de la provincia de Módena. Colegio -literal- del municipio de Formigione, arbitra los domingos y entre semana va a la escuela. Según el reglamento, la edad mínima serían los 16, pero desde el comité provincial del Consejo Deportivo Italiano aseguran por teléfono que "le han concedido un permiso especial para partidos de chicos de hasta 10 años". Según había afirmado el presidente de este organismo, Steffano Gobbi, "el árbitro es también un educador y Damiano cumple perfectamente con esos valores".

 

 

Porque en su quijotismo versión infantil hay también un papel de justiciero. Aquellos chavales que jugaban en la parroquia no eran simples amigos, sino un grupo de refugiados acogidos en su pueblo. "Vi que jugaban sin ninguna regla y les expliqué que no era necesario hacer faltas para jugar mejor", narraba Damiano a los periodistas el día de su puesta de largo oficial. Desde entonces, a algunos como a Lamin, un joven de 21 años procedente de Gambia, sí que los considera "amigos". Con el consentimiento de sus padres, invita a Lamin a ver el fútbol en televisión, mientras que en el barrio hace de colegiado mientras los otros juegan.

 

Así fue cómo el pequeño se descargó de Internet un manual de arbitraje de 500 páginas que se estudió a conciencia. Le invitaron a ejercer lo aprendido en partidos contra el racismo y otros eventos benéficos, hasta que consiguió la esperada licencia. Para ello tuvo que acudir a un curso martes y jueves de 20:30 a 22:30, una hora más tarde de cuanto acostumbra para irse a la cama. "Fue duro", reconoce, pero no descuidó ni una asignatura en clase para conseguir algo que cualquier joven amante del balón no suele plantearse.

 

A él también le gusta el fútbol y como buen niño de principios se considera hincha del equipo local, el Módena, por más que milite en Serie C. Como los muchachos de su edad, lleva un peinado a la moda futbolística, tiene un gran desparpajo y no sólo es que no se amedrente sino que afronta el cometido con gran ilusión.

 

Un día, en un partido con sus amigos inmigrantes expulsó a dos de ellos, pero los chicos no querían abandonar el campo. Damiano cogió el balón y suspendió el encuentro durante 15 minutos para hacerse valer. En otro lance, en un choque más serio, otro joven le dijo: "árbitro cornudo". "Tú tendrás una novia, compañera o una mujer; yo no. Así que entre tú y yo, el único cornudo podrías ser tú", fue su respuesta.

 

Sus padres, que acuden a verlo arbitrar, reconocen que no es el arquetipo de un niño de su edad. Su ídolo se llama Marco Di Bello y tampoco es un goleador, sino árbitro de la Serie A. Viéndolo moverse por el campo ya nadie se extraña cuando le preguntan qué quiere ser de mayor. Demanda respeto y responde con una sonrisa. Colegiado Bellini, quién dijo que la cantera del fútbol italiano está en crisis.

 

 

 

 

Fuente: elmundo.es

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