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Redacción
Martes, 20 de febrero de 2018 | Leída 20617 veces
FORMACIÓN

Cómo ayudarles a alcanzar su sueño y no el nuestro

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Aunque nos dedicamos a la formación de todo tipo de jugadores, hemos de reconocer que en el deporte hay escalones, divisiones, niveles. Un error podría ser el dedicarnos únicamente a los jugadores normales, que disfrutan practicando su deporte, que no tienen muchas más pretensiones.

 

Son muchos los jugadores que buscan algo más que esto y realmente demuestran unas buenas aptitudes para la práctica de este deporte en serio y debemos estar preparados para ayudarles con eficacia.

 

Una de las ideas claves que les inculcamos es que deben ser ambiciosos a la hora de marcarse sus objetivos deportivos. Hemos de conseguir que vean con claridad que pueden llegar a alcanzar objetivos más altos.

 

Cuando VEMOS  que las cosas pueden ser mejores que lo que son ahora, nos ponemos a trabajar para hacerlo posible. Todos los grandes campeones son campeones en su interior antes de que les cuelguen la medalla.

 

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Siempre defendemos que un jugador apagado, sin garra, sin actitud no puede llegar a ser un buen jugador aunque posea una gran técnica, aunque destaque enormemente en el terreno de juego por su calidad técnica y sus goles.

 

La visión es la descripción detallada de nuestros sueños más intrépidos. No quiere decir que no seamos objetivos y honestos con nosotros mismos pero hemos de tener cuidado con VER nuestras posibilidades peor de lo que son. Hay que huir del pesimismo.

 

Desde el inicio, hemos de fomentar en el jugador de fútbol el optimismo. Ver siempre el lado positivo de las cosas, cambiarle el rumbo a las contrariedades que van surgiendo. Todo es útil para seguir aprendiendo. Esto te permite seguir luchando y seguir mejorando. Por ejemplo, si hemos perdido, la reacción debe ser que la próxima vez ganaremos. He fallado un penalti; voy a practicarlo en el entrenamiento para que no vuelva a ocurrir. Nos han ganado por una paliza tremenda; pensemos dónde pueden estar los errores y, con tiempo, intentaremos subsanarlos. Qué suerte que nos haya pasado esto ahora porque tenemos tiempo de rectificar. Esto es optimismo.

 

Todo entrenador debe marcarse unos objetivos ambiciosos desde el principio. Es como la visión de lo que uno puede llegar a conseguir al final del camino.

 

Esta visión no puede quedar en el entrenador. Hay que saberla transmitir al equipo de forma atractiva y creíble. Cuando vemos la foto definitiva de lo que es posible, es cuando sentimos el impulso de ponernos en marcha.

 

Esta visión debe hacernos crecer. Cuando las personas ven que dentro del equipo progresan personalmente y que sus carreras se ven potenciadas, adquieren un nivel de compromiso que hace posible resultados extraordinarios en un tiempo relativamente corto.

 

La visión debe expresarse con palabras cargadas de energía para que al recitar o revivir estas palabras, la energía nos empape y penetre en nuestro interior. Es preferible elegir un buen momento para escribir nuestra visión ya que debe producirnos euforia, motivación, impulso, aceleración, deseo.

 

Un ejemplo de visión para un entrenador:

 

  • Dirijo el equipo hacia una temporada extraordinaria con una energía ilimitada.
  • El estado hiperenchufado es mi estado mínimo.
  • Disparo instantáneamente el rendimiento de mis jugadores encendiendo su motivación al máximo.
  • Soy un ejemplo de altas aspiraciones.
  • Confío en mis jugadores y ellos confían en mí.
  • Estoy comprometido en dar constantemente referencias positivas a la actuación de los jugadores para ofrecerles autoconfianza y poder personal.
  • Encaro cada desafío con una actitud y un nivel de convicción asombroso, para alcanzar mi objetivo final: que mis jugadores rindan al máximo.


Un ejemplo de visión para el equipo puede ser:

 

  • Nuestro equipo rebosa energía positiva, compromiso, humildad y orgullo.
  • Disfrutamos y nos emocionamos por pertenecer a este equipo.
  • El público disfruta viéndonos jugar.
  • El equipo gana y convence en cada partido con una actitud contagiosa que permite sobrepasar cada uno de los retos con los que nos enfrentamos.
  • Nuestro estado emocional es siempre al cien por cien.
  • El equipo va mejorando con entrenamientos y planes de partido perfectos.
  • Somos un equipo de gran nivel. Lo formamos magníficos gladiadores-jugadores-entrenadores que estamos fuertemente comprometidos con el equipo.
  • Todo lo que nos rodea: la institución que representamos, nuestras familias, nos transforma y nos proporciona un fuerte impulso que nos ayuda a superar todas las retos a los que nos enfrentamos.


Ayuda a rectificar nuestro rumbo

 

Más allá de ser una excelente herramienta de motivación personal y colectiva, sirve para algo [Img #13947]mucho más importante: nos ayuda a conocer siempre nuestro itinerario y, gracias a la visión, podremos reorientar nuestras acciones hacia donde realmente queremos ir.

 

Un ejemplo parecido puede estar en otras facetas de la vida. Si voy a un arquitecto porque quiero hacerme un chalet, lo primero que me preguntará es qué tipo de casa es la que deseas: tamaño, estilo, número de habitaciones, ubicación, etc. En ese momento, debes plantearte muchas cosas: número de hijos, capacidad económica, necesidades, etc. Debes ser objetivo y valiente. El arquitecto te confeccionará unos planos que son tus medios para llegar al objetivo final. Posiblemente, con el tiempo, habrá que corregir aspectos que indicaba el plano que es la guía para construir la casa que tu deseas. Las visitas de obra sirven para poder comprobar si la realidad concuerda con lo proyectado y reorientarlo hacia el objetivo final.

 

Visión e identidad

 

Si la VISIÓN  es la imagen que tenemos de nosotros mismos en el futuro, la IDENTIDAD es la imagen presente, actual. Esta puede ser un factor motivador o limitante. La visión indica en quién queremos convertirnos y la identidad refleja en quién nos estamos convirtiendo. Por eso es importante estar muy atentos a nuestra identidad, a la imagen que nos estamos formando de nosotros mismos.

 

Con la visión no basta

 

La visión es interesante pero si no te pones en movimiento, no sirve para nada. Debe producir en nosotros una emoción que nos lleve a actuar instantáneamente en busca de su consecución.

 

Lo mismo pasa con los planos del chalet. Están muy bien pero si no te pones a construir la casa, esos planos no sirven para nada. Hay que buscar obreros, comprar el materia necesario, pedir los permisos pertinentes al ayuntamiento, etc.

 

Son muchos los deportistas que se quedan ahí, en el sueño, en la visión, en lo que les gustaría llegar a ser.  Quieren, pero no son capaces de moverse con esa ilusión y no se ven preparados o piensan que no tienen condiciones para alcanzar esos objetivos marcados  porque exige un esfuerzo y una energía que piensan que no tienen. Da pena presenciar cómo se van derrumbando.

 

¡Nos ponemos en marcha!!

 

El primer paso para alcanzar nuestro sueño es marcarse los objetivos que deseamos. Cuando  hablamos con los jugadores de forma individual para ayudarles a que se marquen unos objetivos, se les abre un mundo. Hasta ahora habían estado trabajando sin objetivos claros. Era vivir un día a día. Sin embargo, cuando ellos se marcan una meta y unos objetivos, es como si se les abriera los ojos y entrara en ellos un chorro de luz que les llena completamente.

 

Al tratarse de una formación integrada, no hemos de olvidar de marcarles objetivos deportivos y personales ya que todo suma a la hora de rendir más. A veces, el entrenador se centra exclusivamente en la mejora deportiva y este es un error vital ya que la mejora personal repercute en la deportiva, siempre. Observamos con claridad que los alumnos han entendido perfectamente esta idea ya que cuando les pides que se marquen objetivos, siempre te incluyen algunos aspectos de su personalidad: mejorar la relación con los demás, ser más humilde o menos pesimista.

 

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El siguiente paso  es mantenerse perseverante y no olvidar que más importante que conseguir los objetivos es moverse hacia ellos. En este punto, el profesor o entrenador tiene mucho que ver en esa puesta en marcha porque su labor no debe limitarse a ayudarle a marcarse esos objetivos sino a que se sienta capaz de alcanzarlos a través de la autoestima, la motivación y la evaluación continua de estos objetivos por parte de ambos. Si se limita únicamente a marcar objetivos y se olvida del tema, posiblemente no va a conseguir absolutamente nada de ese jugador.

 

No existen objetivos imposibles.

 

Este verano hemos tenido la suerte de poder tener en los cursos de verano a un periodista deportivo de primer nivel que conoce muy de cerca a los jugadores que actualmente podemos decir que son los ídolos de la juventud con los que todo el mundo sueña con emularlos.

 

Cuando les detallaba cómo eran estos jugadores a los 10-12 años, llegaba a la conclusión de que eran niños normales, como ellos y que jamás habían imaginado que llegarían donde han llegado. Es algo que ocurre de repente, sin darte cuenta. Inmediatamente les sugería que no existen objetivos imposibles. Todo es posible…con esfuerzo, con sacrificio, con el apoyo de las personas adecuadas. Esto es lo que les caracterizó a todos ellos: pusieron un gran empeño por alcanzar ese objetivo.

 

Posiblemente lo que sí existen son plazos intrépidos para alcanzar esos objetivos. Podemos errar en el cálculo y desanimarnos por no haberlo conseguido pero lo importante es seguir luchando y marcarse un plazo más realista ya que lo vital de los objetivos no es tanto lo que obtenemos cuando lo conseguimos sino la persona en la que nos convertimos mientras intentamos conseguirlo.

 

Falta de objetivos.

 

Muchas veces decimos de un equipo que le falta motivación y simplemente lo que le falta son objetivos. Cuanto mayor es el objetivo, mayor es la motivación. Si quieres que las personas de tu equipo estén motivadas, plantéales objetivos grandes y, además, claros para que sepan lo que deben hacer.

 

Objetivos ambiciosos y realistas

 

Mucha gente comenta que los objetivos deben ser realistas y en realidad lo que deben ser son ambiciosos. Quizá entremos en una posible polémica con los pedagogos del momento ya que defienden que si les marcas objetivos muy ambiciosos pueden llegar a deprimirse al no poderlos alcanzar. Hemos de pensar que realismo no es contrario a ambición y que pueden ir juntas estas dos palabras: objetivos realistas y ambiciosos, es decir, que dentro de lo que es posible, nos marcamos como meta lo más alto. Podría darse la situación de querer ser tan realista que marquemos objetivos poco ambiciosos y con los que un jugador no va a enriquecerse jamás.

 

Por eso pensamos que esos objetivos realistas y ambiciosos deben tener esas dos características:

 

  • tiene que desafiarme a hacer y a ser algo distinto de lo que ya hago.
  • tiene que hacerme temblar las piernas, una vez planteado el objetivo.


Cuidado con el miedo

 

Si no nos marcamos objetivos es porque no creemos que sirvan para algo, o carecemos de método para alcanzarlo o porque nos duele fallar. El miedo es el freno más efectivo para la acción. No nos damos cuenta de que sentirnos vulnerables nos da fuerza emocional para cambiar.

 

Uno de los factores por los que decidimos  que un jugador puede llegar a ser un talento es su actitud. Los miedosos, los que no tienen caracter, los que huyen del esfuerzo, del sacrificio, de la disciplina de entrenamiento, no valen para la práctica del deporte y nunca rendirán al máximo de sus posibilidades. No vale perder el tiempo con este tipo de personas y es mejor aconsejarles que abandonen o que cambien completamente su actitud. Y esto último raras veces se consigue porque tiene adquiridos unos vicios que envuelven de forma casi definitiva su personalidad desde muy pequeños.

 

Puede ser que efectivamente, sí nos marquemos objetivos pero que no los consigamos por falta de un plan. Por eso, una vez marcados, hemos de:

 

  • visualizar el trayecto que hemos de recorrer para alcanzarlo y
  • dividirlo en etapas,
  • marcando los objetivos en cada una de ellas.


Pero, hay que moverse constantemente. El plan trazado no sirve si no actuamos.

 

Lo primero que hemos de hacer es descubrir los beneficios: ¿qué ocurrirá si no consigo el objetivo? Hay que ser valiente para plantearse esta pregunta. El optimista dirá que como mínimo este esfuerzo por conseguirlo me ha ayudado a mejorar, a progresar aunque no haya hecho lo suficiente para alcanzarlo. Me falta poco (o mucho)y he de volver a intentarlo o he de revisar mi plan para descubrir dónde han estado los errores.

 

El pesimista, sin embargo, dirá que no tiene capacidad suficiente para un objetivo así y que no vale la pena seguir intentándolo. Esto es para personas de otro nivel. Dejar en la lucha  significa dejar de crecer.

 

El segundo paso es preveer los obstáculos con los que nos podemos encontrar. Muchos de los obstáculos acaban con nuestro esfuerzo simplemente porque no los supimos ver a tiempo o no fuimos capaces de identificarlos.

 

En el proceso de formación, muchos de estos obstáculos se los hemos de saber presentar a nuestros jóvenes jugadores porque ellos no los conocen bien. De ahí el valor de nuestra labor como formadores: explicarles qué obstáculos se van a encontrar y animarles a que vale la pena poner todo el esfuerzo en superarlos.

 

El tercer paso consiste en descubrir qué habilidades nos faltan para sobrepasar los obstáculos: en quién tengo que convertirme y qué tengo que cambiar en mí.

 

No podemos pensar que los cambios se producen de la noche a la mañana, deben ser paulatinos. Lo que sí que podemos hacer es cambiar la dirección de nuestra vida que se produce en el preciso instante que decidimos sinceramente que vamos a conseguir aquello que tanto deseamos; conseguirlo lleva algo más de tiempo.

 

Posiblemente, mientras nos dirigimos al objetivo, nos veamos en la necesidad de cambiar los vehículos que pensábamos nos acercarían a él o incluso que haya que cambiar los objetivos intermedios pero esto no es más parte del propio proceso.

 

Cuando  defendemos la necesidad de una formación seria pensamos en el inmenso bien que podemos ofrecer a todos aquellos jugadores con actitud que desean alcanzar un sueño. Somos conscientes de la gran responsabilidad que tenemos los educadores para ayudarles de forma sincera a alcanzarlo y hemos de olvidarnos de una vez por todas de buscar recompensas personales (victorias deportivas) utilizando el talento innato de esos futbolistas y dedicarnos de lleno a su formación integral como jugador que le permita alcanzar su sueño y no el nuestro.

 

 

 

 

www.javiermarcet.com

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