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Redacción
Viernes, 16 de febrero de 2018 | Leída 816 veces
ENTREVISTA

El origen del "tiki-taka"

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En 1994 Ángel Cappa tituló un artículo en 'El País' como 'El tiki y el toque'. Clemente ridiculizó la expresión conviertiéndola en el tiki-taka. El periodista Luis Miguel Hinojal charla con el entrenador sobre aquel artículo con la perspectiva que dan los años.

'El tiki y el toque' por Ángel Cappa.- Fotografía Lino Escurís.- Vivimos en la cultura de la inmediatez y el utilitarismo. Todo tiene que ser ahora y práctico. Todo tiene el carácter transitorio el los productos de consumo. Vale el que gana y mientras gane. Quizá por eso es tan fácil confundirse y' creer que el fútbol es geométrico y estadístico, computable y previsible. Y así pensar que el camino más corto es la línea recta. del pelotazo largo. El posmodernismo ha eliminado por inútil el toque de distracción, la gestación elaborada para llegar al gol de la manera más eficaz y elegante.No hay tiempo que perder para entender el juego, sólo vale el resultado que se busca eliminando intermediarios y siglos de buen gusto y talento. Fuerza y velocidad es la única consigna para el único propósito. Es como pretender el jaque mate dando una patada al tablero y así apresurar la partida. Un despropósito desde el punto de vista de la eficacia y una grosería se mire por donde se mire. El fundamento esencial del fútbol es el toque. Se juega tocando, se. avanza tocando, se gesta la jugada tocando, se llega a la zona de definición tocando. El toque no es un mero entretenimiento ni una opción estética.

 

Tampoco lo es la poesía y por eso a Borges le causaba tanta extrañeza cuando le preguntaban para qué sirve.. "Hay preguntas muy raras", decía el maestro, "es como si yo preguntara para qué sirve el sabor del café". Si un equipo no distrae en la salida, es muy difícil que pueda elaborar o fabricar la jugada de gol, y si no gesta la jugada de gol, es más difícil que pueda encontrar la situación pro picia para convertir el gol. Se distrae y se gesta tocando. Con dinámica, con sentido, con el fin de encontrar el espacio y el compañero libres. El toque es una necesidad propia del juego, de ninguna manera un derroche generoso con el espectáculo.

 

Se toca para jugar bien y se juega bien para ganar. Es cierto que en ocasiones el toque puede ser parsimonioso, horizontal, sin criterio y por lo tanto tedioso e insuficiente, porque se olvida del objetivo que es el gol. Sin embargo, aún en esos casos, resulta doloroso para los que no tienen el balón correr detrás de él. Inclusive ahí cumple la función de desgastar al rival y hacer disfrutar del juego a quienes lo dominan. Siempre es mejor jugar y se juega con la pelota. Nunca es mejor correr para tratar de alcanzarla. El fútbol pragmático e inmediatista siempre ha desconfiado del toque. Ha llegado incluso a despreciarlo y hasta odiarlo, acusándolo de presumido y fantasioso. Hace como el zorro, que menosprecia las uvas que no puede alcanzar.

 

 

Luis Miguel Hinojal. Escribiste ese artículo en diciembre del 94. Viendo la deriva que ha tomado el fútbol español en los últimos años parece un texto profético. Pero en realidad hablas de un modelo intemporal.

 

Angel Cappa. Todo parte de una confusión que persiste todavía. Llevábamos unos meses en el Real Madrid, y lo del tiqui y el toque era una objeción a que el equipo retenía demasiado la pelota. Era la confusión de creer que un equipo toca como una concesión al público, con un fútbol despreocupado por el resultado. Y se trata justamente de lo contrario: el toque es la esencia de este juego porque es colectivo. Es llamativo que, a pesar de todo lo que han ganado el Barcelona y la selección española y de lo que están haciendo en favor del fútbol y de rescatar la esencia del juego, aún persiste la duda, la desconfianza. Y eso que son equipos que han llegado al nódulo esencial del juego.

 

LMH. El fútbol español en esa época vivía una curiosa dualidad. El anterior campeonato lo había ganado el Barça de Cruyff con un excelente juego elaborado. Su cuarta liga consecutiva. El Real Madrid contaba con la Quinta del Buitre que también había ganado muchos títulos. Sin embargo, la selección española estaba dirigida por Javier Clemente.

 

AC. Hay gente que se siente más segura cuando un defensa revienta la pelota y la aleja de su portería. Y en ataque ya habrá alguien que se busque la vida por allá adelante. Clemente reducía lo táctico a la parte defensiva y su fútbol no ganó absolutamente nada con la selección.

 

LMH. Valdano y tu acababais de aterrizar en el Madrid y estabais encontrando bastante resistencia mediática. Los ataques no sólo venían del sector más cavernícola del periodismo. También de muchos de los que hoy alaban el juego de la selección.

 

AC. Lo alaban con la boca pequeña. Lo alaban hasta que empata un partido. Yo estuve comentando la Eurocopa para una televisión mexicana. Allí no se podían creer que en España había críticas al juego del equipo y al seleccionador. Es increíble que al menor contratiempo se ponga en duda un fútbol que en el resto del mundo causa admiración.

 

LMH. Menotti decía en los años ochenta que el fútbol español debía decidir si quería ser toro o torero.

 

AC. Si, porque tenía buenos jugadores pero elegía ser toro. Con Clemente llegaron a jugar como medios centro Alkorta y Nadal, dos buenos centrales, mientras que Guardiola se quedaba en el banquillo.

 

LMH. Quizás España acusaba una acentuada falta de identidad. Desde siempre tuvo muy buenos futbolistas, pero no había una tendencia definida que marcara un estilo propio. Y el mito de la furia, afirmado en valores pseudopatrióticos, raciales y acuñado en pleno franquismo, hizo un daño inmenso.

 

AC. La furia es un invento fascista. Y además, la única vez que España había ganado algo fue en la Eurocopa del 64, con Luis Suarez, Amancio, del Sol, Lapetra, Chus Pereda… jugadores que poco tenían que ver con la furia y que son precursores del estilo que tiene ahora España. La furia y ese fútbol de “a mi el pelotón, que los arrollo” fueron muy dañinos, y supusieron un gran obstáculo para alguna extraordinaria generación de futbolistas como la Quinta del Buitre.

 

LMH. Y eso que España siempre ha tenido variedad de estilos. En Sevilla se coreaba con olés un quiebro de Gordillo mientras en San Mamés se aplaudía un corner como antesala de un gol de cabeza. Pero la sensibilidad con los buenos futbolistas estaba ahí. Se reconocía igual en Bilbao que en Heliópolis.

 

AC. Hay una preciosa anécdota sobre Panizo, un zurdo, un diez del Athletic tan habilidoso como cuestionado en sus orígenes. En 1947 San Lorenzo de Almagro hizo una gira por España. Tenía un equipo con una soberbia calidad técnica y practicaba un juego muy elaborado que nunca se había visto en España. Esa gira dejó huella. Tanta que en San Mamés los aficionados decían con “estos argentinos juegan todos como Panizo”. El propio Panizo declaró años después que a él le vino muy bien esa visita de San Lorenzo, porque a partir de entonces lo empezaron a reconocer.

 

LMH. En los últimos ciclos de la selección Luis Aragonés primero, y Del Bosque [Img #13915]después, apostaron por un cambio de estilo sustancial. Y se mantuvieron firmes en sus convicciones. La cultura del exitismo apunta que, de no haber ganado, los habrían quemado en la plaza pública.

 

AC. Naturalmente, porque la sociedad actual lo único que respeta es el triunfo. Cuando España perdió con Suiza el primer partido del pasado mundial las críticas fueron feroces. Ese tipo de fútbol no tiene ningún crédito. Cero. Tiene que ganar continuamente para que se le siga respetando. Aragonés y Del Bosque mantuvieron a esos jugadores que lo ganaron todo.

 

LMH. Los defensores de la testosterona ahora se han modernizado. Ya no hablan de “furia” o de “cojones”, sino que se apoyan en estudios científicos de presuntuosa infalibilidad. Todo se mide, todo se cuantifica, todo se compara… Como si el fútbol fuera una ciencia exacta o una carrera de cien metros lisos. Pero como dice el argentino Fernando Signorini, un preparador físico extremadamente sensible con la esencia del juego, en el fútbol “un gramo de tejido cerebral pesa más que 80 kg de músculo”.

 

 

AC. Si, todavía se confía demasiado en eso. Una vez le pregunté a Cruyff por qué ese fútbol que defendemos no tiene más adeptos. Y me contestó: “Porque hay que saber”. Para entender el buen fútbol, como el buen teatro o el buen cine, hay que tener dos cosas: Conocimiento y sensibilidad. Los que quieren medir y comparar todo no tienen ninguna de las dos. ¿Cómo se mide la pausa de Xavi, que mira y espera a Jordi Alba antes de filtrarle ese pase maravilloso en el segundo gol de la final de la Eurocopa? Eso no se mide, y es lo que te lleva a la emoción, lo que perdura. Como decía Machado: “Sólo recuerdo la emoción de las cosas, y se me olvida todo lo demás”.

 

LMH. Muchos se olvidan de la pelota. Olvidan que en fútbol el más lento suele ser casi siempre el menos dotado técnicamente, o el menos lúcido para resolver situaciones del juego. En fútbol Xavi Hernandez es mucho más rápido que Usain Bolt…

 

AC. Tipos como Xavi… o Guardiola o Laudrup, que perdían con cualquiera en cualquier carrera. Jugadores así concebían y resolvían más rápido la jugada gracias a la inteligencia y a la técnica. La velocidad en fútbol es otra cosa, y la fuerza también. La fuerza es astucia. Si se tratara de fuerza, Iniesta no podría jugar al fútbol. Y sin embargo es el mejor jugador del mundo porque es inteligente, astuto y conoce el juego.

 

LMH. Siempre has mantenido que el jugador más valioso es el que entiende el juego. A Guardiola lo educaron para descifrar el juego. Fue uno de los futbolistas más analíticos que hemos visto en décadas, y todo eso lo plasmó luego como entrenador de una manera muy singular, muy difícil de imitar. ¿Qué representa la obra de Guardiola para el fútbol?

 

AC. Muchos técnicos aportaron cosas muy valiosas, pero para mi hay dos entrenadores que son los más importantes en la historia del fútbol. Uno es Rinus Michels, que achicó los espacios e hizo equipos cortos. El otro es Menotti, que supo establecer los conceptos que todos nosotros vemos y aplicamos en el juego y también en las fórmulas de entrenamiento. Se juega y se entrena atendiendo a conceptos, no corriendo y subiendo montañas sin saber para qué. Cuyff también hizo el aporte fundamental del toque. Guardiola agregó a todo eso la recuperación inmediata del balón, nada más perderlo. Cosa que ya hacía la Holanda del 74 pero que el Barcelona perfeccionó. Hacía correr a los rivales tocando a gran velocidad, y cuando perdía de vez en cuando la pelota, la recuperaba de forma inmediata. Y eso es devastador. Te dan ganas de irte a tu casa cuando te bailan y luego además la pelota te dura tres segundos. Ese aporte fue fundamental. Guardiola se puede sentar perfectamente en esa mesa con Michels, Menotti y Cruyff.

 

LMH. Hace poco me hablabas del declive del fútbol argentino. De su desculturización, del olvido de las fuentes. Tu apostabas por el cambio. Por la necesidad de volver a sus orígenes. Pero hablabas de esa solución con un optimismo fingido, porque sabías que no iba a cambiar. Que las cosas seguirían instaladas en un torbellino disparatado que ha dañado mucho las estructuras del fútbol argentino.

 

AC. Ha perdido completamente la identidad por muchos factores: Primero, el desmantelamiento permanente de los equipos. Ningún país puede resistir un éxodo de doscientos jugadores por año. Argentina es hoy un escaparate para vender jugadores y los dirigentes de la AFA son incapaces de interpretar este fenómeno. Una frase de su presidente, Grondona, lo ilustra todo: “Para mi en fútbol, si voy ganando 1-0 pincharía la pelota”. Además, los campeonatos cortos sólo generan histeria y urgencias, se cambia de entrenador cada cinco partidos y el juego es un vértigo de choques carente de todo criterio. Sólo la ley de la gravedad hace que la pelota aterrice de vez en cuando en un césped argentino.

 

LMH. Huracán fue quizás el último equipo argentino que se reconocía en la historia, que rendía homenaje al fútbol argentino de toda la vida. A ese compendio de virtudes y respeto al juego que antes caracterizaba a vuestro fútbol. En 2008 sólo un pésimo arbitraje en el partido decisivo del campeonato ante Vélez os privó del título. Una historia casi quijotesca con amargo desenlace, pero también con el orgullo de haber mostrado ese fútbol que en tu país millones de aficionados tanto añoran.

 

AC. El elogio más grande que se ha hecho a un equipo mío lo hizo Roberto “la oveja” Telch, un jugador del gran San Lorenzo de los años 60 y 70. Ahí no jugaba cualquiera. Y Telch dijo de Huracán: “Estos juegan como jugábamos nosotros”. Y un confeso hincha de San Lorenzo, el actor Vigo Mortensen dijo hace poco que el último equipo que lo enamoró fue aquel Huracán.

 

LMH. Y ahora en el fútbol argentino sin Riquelme, parece que se apagó la luz. Era el último mohicano. Renuncia a jugar en Boca, en su club del alma, porque no cree en lo que le obligan a hacer. No cree en un fútbol diseñado para correr y chocar. Estaba harto de ver volar el balón. Hace un par de años algunos periodistas mantenían que un equipo como el Barcelona lo tendría muy difícil para ganar el campeonato argentino porque los equipos son muy duros. Cuando se lo contaron a Riquelme en un programa de TV casi se muere de risa en directo: “¿El Barça jugando acá?”, dijo… “nos cagaría a goles absolutamente a todos”.

 

AC. Es un síntoma lo de Riquelme. El fútbol argentino lo abandonó hace mucho tiempo. Estaba sólo, luchando contra todos y no pudo más. Se aburrió, se hartó de luchar contra la barbaridad en la que se ha convertido el fútbol de su país.

 

LMH. Como mantiene César Luis Menotti, en Argentina a los angeles de la inspiración los mataron a pelotazos. Riquelme, cuando se disponía a sacar un corner o una falta agarraba la pelota con las manos y la besaba. Porque la amaba y porque además sentía que la trataban cada vez peor.No era una cábala. Era una disculpa.

 

AC. Exacto. Le pedía perdón. A este paso en un par de años alguien va a proponer eliminar la pelota en el fútbol argentino. Así chocarán mejor y ganará el que quede en pie.

 

LMH. Hace unas semanas escribiste un artículo sobre el partido de vuelta de la Supercopa de España, el R.Madrid 3 – Barcelona 1. Lo titulaste “Y un día jugó mal…”.

 

AC. Hasta el Madrid de Di Stéfano o el Brasil del 70 jugaron mal alguna vez. No se puede ser genial siempre. El Barça hizo el peor primer tiempo que le recuerdo en mucho tiempo. Y en la segunda parte, con diez jugadores, aprovechando el temor que le tiene el R. Madrid (y que le transmite su entrenador) le quitó la pelota al rival y lo acabó angustiando.

 

LMH. El antagonismo entre Mourinho y la fórmula del Barça ¿Es una vuelta a las trincheras de los años 90?

 

AC. A Mourinho lo definió muy bien Cruyff: Hay que pedirle que gane y nada más, porque no tiene nada más. Tiene a muchos de los mejores jugadores del mundo y le siguen comprando jugadores. También lo explicó bien Zeman: “Si mi tía dirige ese equipo, a lo sumo, como mal menor, siempre podrá salir segundo”. El Madrid juega como sus grandes jugadores deciden que juegue dentro del campo, pero no tiene conceptos a favor de su propio talento. Hay un hecho significativo: Todos los jugadores del Madrid que disputaron la última Eurocopa jugaron mucho mejor que en el Madrid. Que cada uno saque sus conclusiones.

 

LMH. El fútbol actual, en Lima, en Madrid o dónde sea, está condicionado por las urgencias, por la cultura de la inmediatez. Una locura que atenta contra la naturaleza del fútbol, pero también contra cualquier buena práctica empresarial. Los tiempos se acortan, y todo parece también condicionado por un grado de exposición mediática insano…

 

AC. Hace mucho tiempo que los medios de comunicación han optado por la venta y nada más. Si Cristiano dice que está triste, los medios hacen un espectáculo bochornoso de una frase muy desafortunada. En un mundo donde los trabajadores están agredidos permanentemente y hay muchas personas que no tienen para comer, me parece bochornoso que los medios monten un show tan grande preguntándose qué tendrá la princesa que está triste. Sólo les interesa lo que vende. Y este espectáculo que armaron es el ejemplo más grande de la estupidez en estado puro.

 

 

 

 

Fuente: revistalibero.com

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