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Redacción
Jueves, 8 de febrero de 2018 | Leída 194 veces
FORMACIÓN

No me llames crack

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“…se creía muy especial,

por eso nunca hacía nada,

y estaba todo el tiempo huyendo (y corriendo)…” -  del relato inédito

‘Fuegos de artificio’, de Fátima M. Roldán.

 

En estas semanas he estado enredado con un libro que me ha llamado la atención por su capacidad de describir dos formas distintas de ver y vivir en el mundo que condicionan nuestras decisiones y nuestros procesos y, por tanto, también nuestra vida (entendida como un cúmulo de consecuencias precisamente esto, de nuestras de decisiones y nuestros procesos).

 

El libro se llama “Mindset. La actitud del éxito”, de la psicóloga e investigadora norteamericana Carol S. Deweck.

 

Es curioso, porque al mismo tiempo que tenía la sensación de que no me estaba diciendo nada que no intuyera, su lectura me parecía absolutamente necesaria por lo bien que se describen estos dos enfoques de vida, porque es un libro basado en numerosos estudios que ratifican lo que en él se dice, por la cantidad de ejemplos reales y prácticos que ilustran sus textos…

 

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…y por su capacidad de confrontarnos y hacernos pensar sobre nuestro propio enfoque a la hora de afrontar la vida y los retos que en ella se incluyen.

 

Dos mentalidades


El libro habla de la mentalidad fija y la mentalidad de crecimiento. A groso modo una mentalidad y otra se diferencian esencialmente en que la primera se basa en la creencia de que “la capacidad se tiene y necesita ser demostrada”, y la otra se refiere a que “la capacidad es una habilidad cambiante que puede desarrollarse por medio del aprendizaje”.

 

(…si a estas alturas ya están pensando que tú eres del grupo de la mentalidad de crecimiento, te recomiendo que te vayas encargando el libro y le pegues un repaso… básicamente porque no te puedes imaginar la cantidad de indicios que te hacen actuar desde el enfoque fijo, pensando que juegas en modo “dinámico y de crecimiento” …)

 


La mentalidad fija tiene una concepción estática de la inteligencia, y las personas que permanecen en ella actúan de dos maneras: deseando hacer gala precisamente de su inteligencia y capacidad o todo lo contrario, escondiéndose. A largo plazo, la mentalidad fija lleva a las personas a evitar/temer los retos, ya que suponen un riesgo a quedar en evidencia si no se superan. Ven el esfuerzo como una manifestación de la incapacidad para hacer algo y las críticas a su desempeño como un ataque hacia su persona o algo totalmente inútil e inefectivo.

 

La mentalidad de crecimiento concibe a la inteligencia como algo que se puede desarrollar y ven en el aprendizaje el medio para ello. De esta forma, son personas que perciben los retos y el esfuerzo como un camino natural y necesario en la vida. Suelen ser receptivos a los fracasos y las críticas, que no es que la vivan con alegría y regocijo, pero sí las consideran una fuente de información para mejorar en su desempeño.

 

En síntesis, la mentalidad fija está en “demostrar que uno es especial o superior” y la mentalidad de crecimiento se desarrolla considerando de que “las habilidades pueden cultivarse”, pero no te dice cuánto cambio es posible ni cuánto tiempo hará falta para ello.

 

La paradoja del elogio


Pues bien, desde el contexto anterior, una de las cosas que más me han llamado la atención del libro es la paradoja que se puede dar con el uso del elogio. Y es que, si bien pareciera que alabar el éxito no debería suponer ningún problema, dependiendo de cómo se haga puede tener unos resultados nefastos.

 

Reforzar el éxito como resultado de la manera de ser es típico de la mentalidad fija y la refuerza. Ejemplos: “Qué inteligente eres…”, “…eres un puto crack…”, “…este tío es un genio…” o el clásico “…qué listo es este niño…” …

 

…alabar una y otra vez lo inteligentes que somos, lo rápido que hacemos las cosas, lo excelentes de nuestras maneras o la genialidad de nuestro talento irá generando una concepción positiva de uno mismo que temeremos perder o no ser merecedores de ella. Haremos las cosas ya no por el valor que tienen en sí mismas o lo que representan, sino para demostrar lo que somos y mantener nuestro estatus.

 

El rendimiento se termina viendo como un reflejo del carácter, y si el éxito significa que “somos listos” el fracaso significará que “somos tontos”.

 

Típico de este enfoque de mentalidad fija es que la persona se centra en hacer las cosas bien y que parezcan hechas de forma rápida y natural, como si le saliera sin ningún esfuerzo ya que el esfuerzo será un síntoma de incapacidad. A la larga, cualquier reto supondrá un examen de su manera de ser, es más, en los peores casos los retos se tratarán de evitar (para no ponerse en evidencia ante la posibilidad de un resultado no deseado).

 

Al final, “el peso del talento mata el disfrute”.

 

Nota para educadores: hasta tal punto pueden ser perjudiciales cierto tipo de elogios, que la autora del libro llega a afirmar que “elogiar la inteligencia de los niños daña su motivación y rendimiento”, replegándolos, colocándolos a la defensiva y alejados del aprendizaje.

 

…sobre el fracaso


Consecuencia de lo anterior, para las personas que viven en una mentalidad fija, el fracaso se percibirá como un reflejo de su identidad, y esto es una putada… ya que nos afianza más en esta posición estática e inamovible.

 

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La estrategia de la mentalidad fija frente al fracaso es justificarlo o maquillarlo, o dicho de otra manera, protegernos frente a él. La cuestión es que una protección frente a algo tan natural como el fracaso es una forma de manipular la realidad. Decirnos, cuando la cagamos, que no pasa nada o que no tiene importancia y que las circunstancias no eran las más favorables… nos aleja de la realidad y nos aporta poco margen de maniobra.

 

Así, si bien “la nota de un examen no es para siempre”, como dice la Profesora Dweck, y no tiene por qué marcar el signo de tu vida… es conveniente aceptar el fracaso y sus consecuencias, por muy dolorosas que sean. Solo así obtendremos el margen de maniobra necesario para entrenar aquellas competencias que necesitamos fortalecer y desarrollar, para en el futuro mejorar la toma de decisiones y/o la ejecución de nuestras acciones, aproximándonos a un mejor resultado.

 

Para las personas con mentalidad de crecimiento el fracaso es una consecuencia, no es una cuestión de identidad.

 

El camino del éxito


Todo lo anterior no significa que tengamos que obviar nuestros aciertos y aceptar con feliz resignación nuestros fracasos. Eso sería caer en un discurso de positivismo facilón… y de conformismo con lo que te ocurra. ¡¡Tampoco significa que tengamos que evitar el elogio!! …solo se trata de evitar cierta clase de elogios.

 

¿Qué podemos hacer entones? ¿Cuál es la respuesta más efectiva y más nutritiva para generar una mentalidad de crecimiento?

 

Para encontrar una respuesta adecuada a este dilema, Carol S. Dweck nos formula a su vez una pregunta muy clarificadora e inspiradora en este sentido: “¿Cuándo te sientes inteligente: cuando eres impecable o cuando aprendes?” … y desde esta cuestión, nos anima a considerar los siguientes aspectos…

 

… Cuando reforzamos o castigamos la capacidad de la persona estamos en un enfoque de mentalidad fija. En cambio, cuando ponemos el foco en el esfuerzo y los logros, y la relación que existe entre ellos, estamos en mentalidad de crecimiento.

 

… Para hacer crecer nuestra mentalidad de crecimiento, y la de los demás, es importante enfocarnos en los procesos y procedimientos, en el cómo hacemos las cosas, en las estrategias y los esfuerzos que se invierten. Elogiar el esfuerzo siempre dará más seguridad y generará más confianza que elogiar el resultado.

 

…y cuando las cosas no salgan bien, reconocerlo abiertamente y sin miedo. Generar una actitud de apertura a las críticas constructivas, esas que nos dan las claves de aprendizaje. Recuerda que la buena crítica nos dinamiza el aprendizaje.

 

… “tener un talento innato no es un objetivo, pero ampliar las habilidades y capacidades sí”.

 

… bajar los niveles de exigencia no ayuda, eso genera personas que piensan que tienen derecho a todo y de forma casi gratuita. Subir los niveles sin proporcionar los medios para alcanzarlos es otra trampa. La mentalidad de crecimiento se genera cuando se suben los niveles y se dan los recursos que se requieren para su consecución, facilitando que se alcancen, con el foco en el proceso.

 

En resumen, y como ya he escrito en otras ocasiones, la mentalidad de crecimiento tiene mucho que ver con percibirnos como personas inacabadas, conscientes de que somos el resultado final (siempre provisional) de nuestra biografía y la consecuencia de nuestra toma de decisiones y nuestras estrategias…

 

…desde ahí… a seguir evolucionando…

 

…a seguir ascendiendo..

 

 

 

 

Fuente: procesosyaprendizaje.es

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