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Redacción
Viernes, 2 de febrero de 2018 | Leída 142 veces
MOTIVACIÓN

Si el talento no desaparece, ¿entonces qué?

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El principal motivo por el que un deportista me pide trabajar con él, es por su falta de confianza. Esta viene acompañada de los malos resultados y de las malas sensaciones. Cuando un jugador pierde la confianza, arrastra otras variables psicológicas como la motivación, la capacidad de disfrutar y hasta el esfuerzo. Porque, ¿quién quiere esforzarse para no tener premio? Hay momentos en los que por mucho que invierta, no llega el premio. Pero sí llega la desesperación, la  incomprensión y la frustración.

 

Cada jugador del Madrid está ahí porque tiene un talento indiscutible, como casi todos los jugadores de primera división, y el talento no se deja de tener. Se nace con él o no se nace. Un jugador que atraviesa una mala racha tiende a dudar de su juego, y con ello, de su capacidad para resolver la situación y hacer lo que mejor sabe. Cuando dudas del talento, desvías la atención al lugar equivocado y te centras en la negatividad. Quien nace con talento nace con la habilidad para realizar algo de forma extraordinaria, por encima de lo esperado. Es genético. Nadie deja algún día de cantar bien si nace cantando bien.

 

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Entonces, si no es el talento, ¿qué explica esta situación? Desde la psicología, se puede achacar las malas rachas por medio de muchas variables. Empezando porque el fútbol es una actividad irregular, en la que es imposible, a pesar de que afición y club lo pretendan,  ser cada año el mejor. Cuando entras en bucle, jugadores y técnicos dedican mucho tiempo a analizar el error, temen seguir errando, el fracaso se convierte en una obsesión y casi que se reza antes de entrar a jugar para no repetir lo mismo que el partido anterior. Desde la psicología, este es el gran error: poner el foco de atención en lo que no funciona. Solo genera desconfianza, inseguridad, bloqueo y ansiedad.

 

Ese foco de atención en lo negativo, en el futuro incierto o en el miedo a no ser capaces de reaccionar, debilita la confianza, la claridad de ideas, poder tomar decisiones sin presión y hasta el carácter. Uno se vuelve irascible, está a la defensiva y en muchos casos enfrenta a los compañeros. El foco de atención en el error y en el miedo es un cáncer.

 

Así que no se trata de analizar en profundidad qué está ocurriendo, sino qué queremos que ocurra y cuáles son los recursos individuales y de equipo para que eso ocurra. Cuanto mayor es el miedo y la inseguridad, más necesidad existe de buscar puntos de seguridad y anclaje. Y estos están en lo fácil, en lo que cada uno saber hacer bien, en la confianza, en recordar talentos concretos, en tener las ideas claras de lo que se espera de cada uno y del equipo, en fomentar la empatía y el apoyo y en analizar cómo se ha logrado el éxito anteriormente.

 

Parezca algo obvio para jugadores estelares. Pero hasta ellos son humanos y necesitan un refresco y ejercicios sencillos que les devuelva la atención al éxito y a lo seguro.

 

 

 

 

 

Fuente: Patricia Ramírez (marca.com)

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