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Redacción
Jueves, 18 de enero de 2018 | Leída 162 veces
ENTREVISTA

Xabi Prieto: "Lo complicado es saber leer el partido para que tus compañeros te encuentren libre"

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Juran en su cuadrilla que nunca probó el alcohol. Que en fiestas, cuando salían por el caso antiguo de Donosti, mientras los demás bebían calimocho él insistía en el Aquarius. Un amigo dice que lo vio con sus propios ojos: “celebró su boda con un brindis de Fanta Naranja”. Es la naturaleza de Xabi Prieto (San Sebastián, 1983). Devoto del sol, arraigado a la vida social de la Concha, y vicioso del fútbol. Consume su 15ª temporada en el primer equipo de la Real Sociedad.


Pregunta. ¿Hay que tener vicio por el fútbol para viajar de San Sebastián a Madrid a ver el clásico al Bernabéu?

 

Respuesta. Sí, me gusta mucho. Los profesionales pocas veces tenemos opción de ir a ver un partido así en vivo.

 

 

P. ¿Qué le llamó la atención?

 

R. Tengo debilidad por el que es la debilidad de todos. Lógicamente. Messi es capaz de hacer lo que no hace ninguno. No hay más que ver el 0-2: conduce Rakitic y Kovacic decide seguir con Messi. Es la amenaza que supone incluso para un rival como el Madrid.

 

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P. ¿Lo había visto desde la grada?

 

R. Nunca. En el campo impresiona cuando te encara. Cada vez que toca el balón es una delicia. Pero desde la grada tienes la oportunidad de fijarte más tiempo en él. En todo lo que hace. Puede parecer que sí, que está caminando y va pensando en otras cosas, pero ha ido creciendo, ha ido adaptando su juego y ahora se coloca mejor: Sabe donde hacer daño, busca los espacios como nadie y tiene la capacidad de ser el más determinante haciendo gol o dando pases que te dejan delante de la portería. ¡Es la hostia…! Podría estar viéndole todo el día jugar. Da pena que se acaben partidos en los que él está siendo protagonista y se le ve cómodo. Da pena que llegue el minuto 90. Porque le ves mejorar a su equipo. Durante años le elogiaban los números. Por esa comparación con Cristiano: quién gana más trofeos, quien hace más goles... Ha llegado un punto en el que no hay debate.

 

P. ¿Qué hacen sus padres?

 

R. Los dos trabajaban. Eran funcionarios. Registradores.

 

P. ¿Ellos le animaron e ser futbolista?

 

R. ¡Qué va! ¡Solo faltaba! Todo lo contrario. En el País Vasco es muy común que los padres te pidan primero que estudies y que luego hagas lo que quieras. Hice Empresariales hasta cuarto año. Me da la impresión de que en otras comunidades el fútbol para muchos niños es más un objetivo. Aquí no. Cuando mi padre me amenazaba para que parara de hacer alguna trastada, me decía que no me dejaría ir a Atocha. Era el peor castigo. Mi padre me vio el punto débil.

 

P. Un principio elemental del profesionalismo consiste en buscar la mejor oferta económica. ¿Usted fue menos profesional cuando renunció a fichar por el Valencia o el Athletic para quedarse tres años en Segunda con la Real?

 

R. Se trata de poner las cosas en una balanza y ver qué te compensa más. Si ser más ambicioso e intentar ir a ganar más dinero y títulos. En mi caso por mi forma de ser fue muy sencillo. Yo siempre me he encontrado muy cómodo en San Sebastián, con la familia, los amigos, y en el club en el que he soñado jugar desde niño y donde me he sentido muy valorado. He tenido esa suerte que otros compañeros no han tenido. A muchos les habría gustado continuar aquí y el club prescindió de ellos.

 

P. ¿Es más profesional el que juega con ese espíritu amateur que el que cuida su contrato?

 

R. Puedes ser un gran profesional sin tener ese sentimiento. Pero cuando gano o pierdo mi sentimiento de alegría o de frustración son los sentimientos de un aficionado. Los sentimientos se multiplican por mil porque sientes que la gente comparte lo mismo.

 

P. ¿Cómo es el vestuario?

 

R. Muchos estamos juntos desde categorías inferiores. No es una relación de pocos años sino desde que éramos muy jóvenes. Somos aficionados también. Eso es un plus para competir. El poder ayudar al amigo, no ya al compañero de turno que ha venido de fuera. Aquí estás defendiendo a tus colores y a tus amigos.

 

P. ¿A Illarra le pesó quedarse sin ese estímulo cuando fichó por el Madrid?

 

R. Sí. Igual en ese momento él no tenía la madurez que puede tener ahora. Si Illarra se fuese ahora sería totalmente diferente. Desde el punto de vista futbolístico tampoco tuvo la continuidad para poder demostrar lo buen jugador que es.

 

P. Illara, Zurutuza y usted no son ni especialistas ni grandes atletas. ¿Cómo hacen para cubrir el mediocampo con tres atacantes por delante?

 

R. Es cuestión de asociarte. Nos conocemos muy bien.

 

P. ¿Qué significa ser futbolista en el País Vasco?

 

R. No lo sé. Siempre se ha identificado al vasco por ser muy aguerrido. Los años exitosos de la Real coinciden con eso. No tuve la suerte de ver a Zamora o a López Ufarte. Pero supongo que hemos cambiado. Igual por nuestro carácter, que no nos gusta tanto el protagonismo y nos gusta pasar un poco desapercibidos, somos menos individualistas. Yo entiendo el fútbol como asociación. Me gusta la gente que se asocia, que busca el éxito colectivo. Si regateas que sea por el bien del equipo, pero si ves a un compañero solo le tienes que dar el balón. Al final esto consiste en pasarle el balón al compañero mejor colocado.

 

P. Usted siempre aparece fuera de la órbita de los rivales. ¿Saber jugar es no tener que chocar?

 

R. Los años te enseñan a buscar mejor los espacios libres para poder recibir más cómodo, para tener más tiempo y para seguir asociándote. De eso se trata. De buscar el espacio en el momento adecuado para seguir progresando y hacer daño al rival.

 

P. Por más que se escabulla, le han hecho 22 faltas: las mismas que Luis Suárez, que busca el choque constantemente.

 

R. A veces no queda más remedio. Sobre todo cuando juegas de espalda y metes el culo para ganar la posición. Si recibes un balón bombeado y el defensa tiene ventaja y entonces conviene sentir el contacto para quitártelo de encima. Pero el espacio siempre está ahí: si no es por delante de la defensa será detrás. Lo complicado es saber leer el partido para que tus compañeros te encuentren libre.

 

P. ¿Cómo vivió el cambio del extremo al interior?

 

R. Para mí es más fácil porque yo fui un interior que jugó de extremo, más que un extremo que se reconvirtió. Yo nunca fui un jugador veloz que me haya bastado con mi velocidad. Siempre he tenido que pensar, asociarme, buscar al compañero. Por eso el cambio se me ha hecho más fácil que a un extremo puro que necesita más espacio y más tiempo para maniobrar.

 

P. Dice Eusebio que nadie ve el partido mejor que usted y que por eso le encarga que dirija el salto a la presión.

 

R. Cuando juegas en banda te fijas en tu lateral y mientras no te supere ya has cumplido. Al medio tienes a tu hombre pero a veces tratas de saltar al central para que ellos no salgan cómodos. Otras veces tratas de hacer la cobertura si Illarra ha salido hacia la banda. Tienes que fijarte en más cosas. Ser interior es más entretenido. Tienes más influencia en el juego, te sientes más protagonista.

 

P. ¿Para esta Real el primer pase es tan importante como el último?

 

R. Desde ahí atrás empiezas a darle tiempo a tus compañeros. No hay prisa. Nuestro juego es tratar de juntar a los rivales, dividir, hacer superioridades y buscar al hombre libre. Para que el jugador que tenga el balón tenga más tiempo para pensar y llegar al último tramo de campo con el balón más limpio.

 

 

P. Iniesta es su contraparte en el Barça. ¿Qué destaca de él?

 

R. Su capacidad de juntar rivales y salir de esas situaciones o darle el balón con ventaja a un compañero. Mide los tiempos. He disfrutado mucho viendo a Xavi, Iniesta y Busquets. Parecían un reloj suizo. Medían el tiempo para irse pasando el balón unos a otros y superar rivales. Hemos tratado de aprender de ellos.

 

 

P. ¿Contra el Barça el primer pase es el más complicado?

 

R. Bffff... Hace unos años, con el cansancio que tenías del meneo que te estaban dando, recuperabas el balón y los más cercanos te apretaban tan rápido que no te daban tiempo ni de mirar. Te la volvían a quitar y tenías que volver a correr otra vez para recuperarla. Cuando recuperas tienes que tratar de buscar al hombre libre del otro lado porque muchos van a presionar al poseedor. Pero es muy complicado.

 

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P. Es el lanzador de penaltis más eficaz de la Liga en este siglo. Ha metido 20 de 21. ¿A qué lo atribuye?

 

 

R. Esto es una anécdota. He tenido suerte. Puedes entrenar el golpeo pero la situación, la gente, verte delante del portero... Es complicado ponerte en situación. No me ha pasado. Pero podría ocurrir que me dominen los nervios.

 

P. ¿Tiene alguna técnica para serenarse?

 

R. No. Tengo asumido que puedo fallar. Esa es la mayor tranquilidad que tengo. Asumo esa responsabilidad y también asumo que puedo fallar como parte del juego.

 

P. Matt Le Tissier, el más legendario lanzador de penaltis de Inglaterra, decía que él siempre ajustaba el tiro con el interior al palo izquierdo del portero y que si en el último instante veía que el portero se tiraba allí, cambiaba de palo.

 

R. En mi caso ha habido de todo. Creo que la mejor forma es llevar en la cabeza un sitio y esperar hasta último momento al portero. Pero es complicado porque muchas veces eso te obliga a tirar sin mirar al balón y puedes fallar.

 

P. Otro récord: lleva 36 partidos de Liga seguidos como titular y 87 jornadas consecutivas participando. A los 34 años, ¿cómo lo consigue?

 

R. Hay que tener suerte también: no tener lesiones, no tener una rotura… Muscularmente te puede pegar un calambrazo. Los jugadores que no somos muy explosivos tenemos menos riesgos de sufrir una lesión muscular.

 

P. ¿Se ha tatuado?

 

R. No.

 

P. ¿Se siente raro en esta industria donde lo normal es cambiar de club?

 

R. No. Ni uno es mejor por hacer toda su carrera en un club ni otros son peores por cambiar. Ni siquiera me siento diferente, porque hay jugadores a los que les habría encantado hacer la carrera en un equipo y no han podido.

 

P. Los penaltis, las lesiones, la trayectoria… ¿Por qué lo argumenta todo con la buena fortuna? ¿Es escéptico?

 

R. La suerte condiciona mucho. Uno tiene que poner todo de su parte para que las cosas ocurran. Hay que estar preparado, pero creo en la suerte y creo que soy un privilegiado.

 

 

 

Fuente: elpais.com/deportes

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