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Redacción
Viernes, 12 de enero de 2018 | Leída 233 veces
ARBITRAJE

Una vida tras el silbato

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Tras doce años dedicados al arbitraje, la palentina Elena Peláez ha debutado en la Liga Iberdrola.

Tenía solo once años cuando se dio cuenta de que llevaba el arbitraje en las venas. Desde entonces, Elena Peláez ha ido creciendo hasta debutar en la Liga Iberdrola, la Primera femenina, con tan solo 23 años. Esta palentina destila tranquilidad y seguridad en sí misma, dos de las cualidades necesarias para arbitrar en un campo a veintidós futbolistas que siempre buscan engañar al colegiado.

 

Elena recuerda con cariño el momento en qué decidió lanzarse y convertirse en árbitro. «Mi padre jugaba al fútbol sala y yo me levantaba siempre pronto para verle. Y también iba a ver a mi primo. Un día me di cuenta de que este mundo me gustaba muchísimo y decidí ser árbitro. Tenía solo once años y no conocía a nadie que se dedicara al arbitraje, pero dentro de mí algo me decía que quería formar parte de ese mundo. Se lo dije a mi padre, fuimos al Colegio de Árbitros de Palencia y, desde entonces, no lo he dejado nunca, ni siquiera lo he pensado», asegura. «Era la única niña de mi promoción. Éramos un grupito pequeño y solo tengo buenas palabras para todos los que me acompañaron en los primeros pasos. Me acogieron con mucho cariño. Comencé a pitar prebenjamines y todavía me acuerdo cuando me empezaron a dar partidos de benjamines, ¡dónde ya había fuera de juego! Para mí era sentirme como un árbitro de verdad», rememora entre sonrisas la colegiada. Su vida ha estado siempre ligada al arbitraje, ascendiendo poco a poco de categorías, quemando etapas, hasta que en el 2016, una iniciativa de la RFEF iba a cambiar su mundo.


«La temporada pasada, Marisa Villa, coordinadora del fútbol femenino, nos presentó el proyecto por el que la Liga Iberdrola iba a estar arbitrada solo por mujeres. Vino a Valladolid y nos dio una charla a todas las árbitros de Castilla y León. Desde que la escuché supe que quería formar parte de esta aventura. En junio de 2017 hicimos las pruebas físicas en Madrid y de ahí salimos las 20 que pitamos ahora la Liga Iberdrola», explica Elena Peláez. Junto a ella también seleccionaron a la leonesa Verónica González, las dos representantes arbitrales de Castilla y León en la máxima competición femenina española. Pero llegar hasta aquí no ha sido fácil para Elena Peláez, que ha tenido que renunciar a una parte de su vida para dedicarle tiempo a la preparación física. «Lo más complicado es mantener el nivel físico. Yo entreno mínimo tres días a la semana para poder superar las pruebas», aclara. Elena compagina su vida en el mundo del arbitraje con el EIR, enfermero interno residente, especialidad de matrona, que realiza en Valladolid.

 

«Siempre estoy pidiendo a las compañeras que me cambien días y guardias para poder arbitrar. Ahora mismo no tengo tiempo para nada. Llego a casa desde Valladolid a las 21:00 y tengo que ir a entrenar. Luego, los fines de semana, me voy a pitar. Pero no lo cambiaría por nada. Si esto no te gusta, no aguantas ni un partido. No lo hacemos por el dinero, si no por la sensación que tienes después de un partido. La gente no es consciente de que nosotros también hacemos equipo y analizamos nuestra actuación después del encuentro», reflexiona la joven arbitro.

 

Insultos


La normalidad con la que se viven los improperios a los árbitros en los campos de fútbol es una de las grandes lacras del deporte rey, aunque Elena Peláez lo observa desde la tranquilidad analítica. «Tengo la suerte de que nunca me han insultado más por ser mujer. Desde luego que me han dicho cosas horribles y algún comentario machista, pero no más que a un chico. Desgraciadamente aprendemos a convivir con los insultos desde muy jóvenes. Yo nunca he dejado que me afecte lo que me dicen desde la grada, me centro en el partido y a veces ni oigo lo que me gritan», comenta Elena, que sí que tiene unas palabras de ánimo para todos aquellos que empiezan en este mundo. «Es muy triste ver cómo tratan a los árbitros en el fútbol base. Para mí es lo peor. La gente no se da cuenta de que si los niños de siete años no saben pegarle al balón, el árbitro que los dirige también está aprendiendo. La televisión tampoco nos ayuda nada, porque viendo diez veces repetida una jugada, cualquiera es árbitro. Pero lo complicado es tomar la decisión en décimas de segundo con toda la presión de los jugadores y de la grada», apostilla la colegiada. Es el único momento en el que Elena frunce el entrecejo para mostrar su desacuerdo. Ella lo ha vivido en primera persona, aunque no le da importancia.

 

«Me fastidia más por mis padres. Mi madre me acompañaba a todos los partidos cuando dirigía a los prebenjamines y eso que no le gusta nada el fútbol. Y mi padre ahora se coge el coche y viene a Madrid para verme. Sé que los dos han escuchado verdaderas barbaridades que me han gritado desde la grada», reconoce. Su familia siempre la apoyó para que cumpliera sus sueños y, además, comparte su vida con un ex árbitro que ahora es informador y cuyo hermano es asistente en Primera División. Y ahí nace el gran sueño de esta palentina. El deseo de pitar en la máxima categoría masculina. Aunque reconoce que es muy complicado. «La motivación de arbitrar a nivel profesional está ahí, pero soy muy consciente de que es dificilísimo. Sobre todo porque las pruebas físicas que piden para pitar en Primera División son muy exigentes para las mujeres. Pero no lo descarto. Como también me gustaría poder ser internacional, arbitrar un partido de un Mundial o una Eurocopa. Veo compañeras que lo hacen y me pregunto, ¿por qué no yo?», afirma la palentina.

 

Ella nunca ha dejado de crecer. Desde que diera sus primeros pasos en un campo de prebenjamines, Elena Peláez ha aprendido de sus errores para estar entre las 20 elegidas de la Liga Iberdrola. Su objetivo ahora es seguir creciendo y escuchar solo a aquellos que estén dispuestos a aportar algo positivo.

 

«Como árbitro tienes que tener la capacidad de olvidar los errores que has cometido. Lo que sí debemos hacer es reflexionar después de los partidos para mejorar. Yo nunca me dejo llevar por la opinión que tienen los jugadores o los entrenadores. Ellos no van a ser objetivos nunca. Pero sí escucho a otros compañeros que vienen a verme o del informador que ve los partidos para que mejoremos. Esa es la opinión que me importa», finaliza la colegiada.

 

 

 

Fuente: elnortedecastilla.es

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