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Redacción
Jueves, 11 de enero de 2018 | Leída 117 veces
PSICOLOGÍA

Cuando nadie te ve

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- Mamá, ¿a ti te gusta estar sola?

- Mucho

- ¿Y no te asusta el silencio?

- Para nada. A menudo nos regala las mejores respuestas.

 

Que difícil es en ocasiones estar solos, escuchar lo que nos corre por dentro, aceptarnos tal y como somos. Tratarnos con dulzura, hablarnos con respeto, conseguir que nuestras culpas y defectos no se coman nuestros sueños. Dejar de utilizar palabras que actúan en nuestra contra, de medirnos de forma exigente, de acobardarnos por creer que no somos lo suficiente buenos.

 

Que complicado es aceptar nuestra cara B, aquella que escondemos con recelo por miedo a ser diferentes, a que no nos entiendan. Esa teñida de gris que maquillamos por pavor a sentirnos vulnerables, que nos hace sentir sin coherencia.

 

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Ojalá fuésemos capaces de sacar nuestra mejor versión cuando nadie nos ve, cuando estamos solos ante el espejo. Aprender a dejarnos en paz, a cuidarnos con mimo, a valorar todo el talento que poseemos. A perdonar nuestra falta de valentía cuando no nos atrevemos a dar el primer paso, a dejar de ser nuestros peores rivales, a aceptar nuestras carencias. Saber lo que nos sobra, decidir quién nos gustaría ser.

 


Dejar de sentirnos incapaces al compararnos con el resto, de intentar encajar a la fuerza, de ser víctimas de nuestros propios fantasmas. Abandonar el pasado que tanto nos condiciona, lidiar con aquellas emociones que nos deterioran, cambiar la forma de afrontar nuestro pequeño mundo.

 

Dejar de juzgar nuestras cicatrices, nuestros tropiezos, nuestros momentos llenos de incertidumbre. De sobrevivir, de refugiarnos en ridículos pretextos y admitir que la batalla más importante es la que libramos dentro.

 

Seamos capaces de estar siempre de nuestra parte, de sentir que merecemos todo lo bueno que nos pasa, de demostrar lo que realmente somos. De pedir lo que necesitamos, de sentir sin filtros, de saltar al vacío si eso nos acerca a nuestros retos. Atrevámonos a vivir sin demostrar, a neutralizar nuestros miedos, a no depender de los likes de los demás. A sentirnos libres con nuestras decisiones, a mostrarnos transparentes, a hacernos responsables de nuestras sombras.

 

Querámonos con avaricia y será mucho más fácil caer y volver a empezar, aceptar que no siempre vamos a estar a la altura, que va a tocar rectificar a menudo. Sin ocultar nuestros defectos, resolviendo nuestras inseguridades, encontrando lo que armoniza nuestra vida.

 

Hijo, si te quieres sumas siempre.

 

 

 

Fuente: Sonia López (sonialopeziglesias.blogspot.com.es)

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