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Redacción
Martes, 9 de enero de 2018 | Leída 255 veces
PSICOLOGÍA

La clave para que te pasen cosas buenas

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No hay nada que nos limite tanto como nuestra propia mente. Ni nuestras circunstancias, ni las cosas que nos pasan ni como sean los demás. Nada.

 

Tu mente lo es todo. Porque, dependiendo de cuáles sean tus pensamientos y tus expectativas, ella se moverá hacia ellos sin que tú te des cuenta.

 

Es decir, tus pensamientos crean tu realidad.

 

Dicho de otra forma, atraes lo que estás pensando.

 

  • Si te propones hacer algo y crees que no eres capaz, no lo serás.
  • Si sales de casa pensando que sólo te van a pasar cosas malas, eso será lo que te pase.
  • Si le has pedido a alguien que haga algo y no confías en que lo vaya a hacer, seguirás viendo todo lo negativo que veías antes en esa persona. No serás capaz de ver sus cambios y sus buenas intenciones aunque los haya. Es más, tu comportamiento provocará que esa persona vuelva a fallar (es el famoso efecto Pigmalión).


Parece magia, pero no lo es.

 

Se llama profecía autocumplida y ya te he hablado antes de ella, como cuando te conté por qué nunca aprendí a tirarme de cabeza en la piscina.

 

Así que entérate bien: nada cambiará si tú no cambias tu manera de mirar las cosas. Porque tu enfoque determina tu realidad. Y ello también condiciona cómo te sientes.

 

Por lo tanto el cambio más importante empieza dentro de ti. Cuando cambias lo que piensas, lo que esperas y lo que te dices sobre lo que va a pasar.

 

Entonces será cuando todo a tu alrededor cambie y cuando empiecen a pasarte cosas buenas. Lo sé porque lo he vivido.

 

Este cuento es un magnífico ejemplo de eso. De algo que nos pasa a todos, todos los días:

 

Lo que esperes encontrar, lo encontrarás

 

Érase una vez, un sabio anciano estaba sentado en una roca, justo al lado de una enorme puerta que daba entrada a una gran y próspera ciudad amurallada en el desierto. Un viajero procedente de un país muy lejano, se acercó al anciano antes de traspasar el umbral de la puerta de acceso a la ciudad, y le preguntó:
―Dígame señor, ¿cómo es la gente que vive en esta ciudad?
―Dígame usted algo antes de que yo le responda: ¿cómo es la gente de la ciudad de donde usted procede?―respondió el anciano.
―¡Mala gente! ―exclamó el viajero―. Son poco de fiar: holgazanes, perezosos, criticones,  egoístas, vanidosos, embusteros… ¡Por eso me marché de allí y busco un lugar mejor en el que vivir!
―¡Vaya! ―dijo el anciano―. Pues me temo que en esta ciudad se va encontrar con lo mismo.
Tal fue la frustración del viajero al oír eso que, cabizbajo y triste, decidió no entrar en la ciudad y seguir su viaje a la búsqueda de un mejor lugar donde vivir.
Ese mismo día, por la tarde, un nuevo viajero más joven y alegre llegó a la puerta de la ciudad, donde el anciano seguía sentado sobre su roca. El joven se acercó a él y le preguntó:
―Por favor, amable señor, voy a entrar en esta ciudad, pero antes quisiera saber cómo es la gente que vive aquí. Si usted me pudiera decir algo sobre ellos, se lo agradecería.
―Claro que te diré cómo son ―respondió el anciano―. Pero antes dime, muchacho, ¿cómo es la gente de la ciudad de donde tú procedes?
―¡Buena gente! ―exclamó el joven sin pensarlo demasiado―. Obviamente hay de todo, pero en general creo que la mayoría son bellas personas que hacen lo que pueden con lo que tienen. Puedes contar con ellos, sin duda. Por supuesto que también hay algunos personajes retorcidos y menos de fiar, pero incluso a esos, según cómo les tratas y entras, puedes darles la vuelta. Sí, yo diría que la amplísima mayoría es buena gente.
El anciano sonrió, y seguidamente respondió al joven viajero:
―¡Bienvenido, muchacho! Entra en esta ciudad que te espera, porque vas a encontrar tanta buena gente como encontraste en la ciudad de la que procedes. ¡Buena Suerte!

 

¿Te das cuenta? Lo mismo que les pasa a los dos jóvenes del cuento nos pasa a nosotros todo el tiempo.

 

Piénsalo. Estoy segura de que hay algo en tu vida en lo que tu manera de ver las cosas está condicionando lo que ves. ¿Qué puede ser? ¿Tal vez tu relación con alguien? ¿Tal vez tu confianza en ti para conseguir lo que deseas? ¿O tus expectativas sobre lo que te va a pasar?

 

No lo sé, eso sólo lo puedes descubrir tú. Lo que si te digo es que hasta que no cambies lo que esperas, seguirás encontrándote lo mismo.

 

 

 

 

Fuente: coachingtobe.es

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