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Redacción
Lunes, 6 de noviembre de 2017 | Leída 366 veces
PSICOLOGÍA

Sus compañeros le tiraban carne en el comedor por ser vegano. Louie de 12 años murió en enero.

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Sus padres le encontraron sin vida el pasado enero en el cuarto de baño. Ellos sabían que los meses anteriores habían sido un infierno para él en la escuela.

Los padres de Louie Tom Fenton, de 12 años, encontraron a su hijo sin vida el pasado enero en el cuarto de baño de su casa en Waterford (Reino Unido). No dejó nota de despedida. Pero sabían que los meses anteriores habían sido un infierno para el adolescente en su escuela, donde sufría acoso por ser vegano. De nada sirvió que su madre, Catherine Fenton, acudiese regularmente al centro y mantuviera reuniones con el profesorado y la dirección para pedir que intervinieran. Al parecer, el veganismo de Louie le convirtió en objeto de burlas y aislamiento, hasta el punto de autolesionarse, empezar a fumar y finalmente ahorcarse, después de que sus compañeros le lanzasen trozos de carne en el comedor escolar.

 

Las circunstancias de su muerte han sido recientemente investigadas por el Tribunal Forense de Hertfordshire, para valorar si Louie se quitó la vida con motivo de la situación que vivió en la Escuela Richard Hale en Hertford. Un colegio con cerca de 1.000 alumnos y una historia de 400 años, que había aprobado las últimas inspecciones de la Ofsted (oficina que controla los estándares en servicios de educación). El forense Geoffrey Sullivan recibió por escrito las versiones de los padres del menor y del centro escolar. Y mientras la madre se preguntaba si el acoso continuado había llevado a su hijo a quitarse la vida, el padre no estaba seguro de que hubiera sido una muerte intencionada y consideraba que pudo tratarse de un accidente. No se encontraron evidencias suficientes que determinaran un veredicto.

 

El director de la escuela, Stephen Neate, aseguró a The Independent que “aunque estaban al tanto de que Louie era infeliz en el centro y estaban trabajando con él y su familia para solucionar los problemas, no fueron alertados del incidente de la carne en el comedor”. "Revisamos anualmente nuestra política antibullying y el asesoramiento ante el acoso. Ahora, revisaremos nuestros procedimientos para asegurarnos de que todos los implicados en el caso de Louie y su familia, tanto dentro como fuera de la escuela, aprendamos las lecciones de este trágico suceso”, sostiene el director.

 

Acoso escolar en España

 

En el reciente Informe Yo a eso no juego de Save The Children, elaborado a partir de 21.487 encuestas a estudiantes de entre 12 y 16 años, se puso de manifiesto que en España, un 9,3% de los alumnos admitía haber sufrido acoso en los últimos dos meses. Si extrapolamos la cifra implica que 111.000 niños y 82.000 niñas en colegios públicos han sufrido bullying. Seis de cada diez menores afirman que sus compañeros les han insultado alguna vez y dos de cada diez son vejados con frecuencia.

 

Pero la encuesta no se queda ahí. También recoge la visión de los acosadores: la mitad de los encuestados admitía haber insultado u ofendido recientemente a sus compañeros, y casi uno de cada 10 había amenazado directamente a otros niños. Por Comunidades Autónomas, aquellas que registraban más casos de niños que han sufrido acoso o ciberacoso fueron Andalucía, Murcia, islas Baleares y Melilla, por encima de la media estatal.

 

La pregunta que se hacen padres, profesores y expertos es recurrente: ¿por qué? Y no existe un motivo concreto: porque le tienen manía, por su aspecto físico, por molestar. Como algo ambiguo.

 

“Cuando preguntas a los acosadores “por qué” lo hacen y te dicen que no es por nada especial. Es para alarmarse. Vemos situaciones en las que hay violencia gratuita. Y si [Img #13192]escarbas un poco observas que se debe a la diversidad mal entendida, como “rareza” y no como riqueza, que sirve de disparador para estos comportamientos. Puede ser diversidad física, intelectual, de capacidades, cultura o maneras de vivir como puede ser el caso de un menor vegano. No se trata solo de una cuestión de alimentación, sino de un estilo de vida que ha provocado ese acoso. Y lo grave es que los acosadores no son conscientes del daño que están infringiendo”, analiza José Antonio Luengo, experto en bullying y ciberbullying del Colegio Oficial de Psicólogos y miembro del Equipo de Apoyo contra el Acoso Escolar de la Comunidad de Madrid.

 

Desde la creación de esta unidad de prevención del acoso en 2016, el equipo de expertos ha intervenido en 60 institutos de la región y ha atendido 210 consultas telefónicas de centros escolares que vivían una situación de violencia entre compañeros. Las burlas, aislamiento y agresiones se agravan en la Educación Secundaria Obligatoria, que representa el 70% de los casos. Según datos de la Comunidad de Madrid, la situación más frecuente es el acoso grupal (60,36%) frente al individual (39,64%). Un 60% de las víctimas no se atreve a contar, ni siquiera a sus familias, lo que está sucediendo.

 

¿Qué hacer si mi hijo es víctima o acosador?

 

“Hemos llegado a la conclusión de que no basta con que el profesorado y dirección estén informados… tienen que ser formados también, para que sepan qué hacer o cómo activar el protocolo de acoso. Se ha elaborado material pedagógico disponible para quien lo necesite, desde la comunidad educativa a los padres, que muchas veces no saben cómo reaccionar cuando su hijo es víctima o cuando es acosador. En Save The Children hemos subido un curso online gratuito que precisamente aborda esos temas. Y si todo eso falla, cuando las familias se sienten bloqueadas porque la dirección del centro no activa el protocolo o no da importancia al acoso que sufre un menor, en estos casos, deben acudir al nivel superior: la Inspección Educativa, que puede supervisar la situación”, explica Luengo.

 

Ningún caso de violencia escolar sucede solo entre las dos partes implicadas. Existe un tercer agente silencioso: los testigos, el resto de compañeros, que conocen la situación. Para los expertos, esta comunidad de iguales es clave para la sensibilización del alumnado contra el acoso escolar y la creación de una red de apoyo y prevención. “Existe un protocolo de detección que hemos desarrollado los dos últimos años y que busca conocer cuál es el clima social de la clase: si algún menor se siente aislado o si alguien sabe quién está siendo excluido. Pasado el primer mes desde que arranca el curso, el tutor puede utilizar el programa SociEscuela que elabora un sociograma a partir de preguntas a los alumnos y detecta todo eso. Da pistas sobre el mapa social de la clase, nos permite reconocer antes los casos de acoso, prevenirlos y actuar. La clave es generar recursos que permitan recuperar cuanto antes una convivencia pacífica”, concluye el investigador.

 

 

Fuente: elpais.com

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