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Redacción
Lunes, 6 de noviembre de 2017 | Leída 196 veces
ENTREVISTA

Ana María Martínez. Primera mujer en preparar a una selección autonómica masculina de fútbol

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Ana María Martínez. Entrenadora de fútbol. Su abuelo Antonio ‘el Yegüero’ le inculcó el amor por la pelota; este año se ha convertido en la primera mujer en preparar a una selección autonómica masculina.

Todo comenzó con su abuelo Antonio ‘el Yegüero’, en Bullas, un hombre de los de fútbol de antes, ubicuo, omnímodo, útilmente presente en todas partes, de esos que mueven los hilos, que tejen la red para que los clubes domésticos no encallen. Luego fueron sus tíos, empujados por el amor al fútbol del abuelo, y ahora ella, Ana María Martínez (Bullas, 40 años), convertida en la primera mujer que entrena una selección autonómica masculina. «Me llamó Jesús Rosagro y dije: ‘Por qué no’».

 

–¿Qué recuerda de su abuelo?

 

-Él inculcó su amor al fútbol a toda la familia. Llevaba la cantina en los partidos del Bullense, se ocupaba de los jugadores, de mantener en pie el equipo. Luego, todos mis tíos se hicieron futbolistas. Nosotros vivíamos enfrente del campo de fútbol, donde mi madre llevaba un bar y donde iban todos los jugadores. Así que el fútbol ha estado muy presente en mi vida ya desde niña.

 

«Mi abuelo falleció cuando le preparaba un álbum con toda su trayectoria; no se lo pude dar» «Estoy convencida de que en unos años veremos a mujeres entrenando equipos de la élite»

 

–¿Veía los partidos?

 

-Sí. Me colocaba detrás de la portería donde estaba la cantina y allí podía ver de cerca cada ataque. Muchas veces me dedicaban los goles, porque yo iba con mis tíos y hacía el calentamiento con el equipo. Me conocían todos en el Bullense.

 

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–¿Por qué El Yegüero?

 

-Porque mi bisabuelo criaba yeguas.

 

–¿Qué le hubiera gustado darle a su abuelo?

 

-Pues se me quedó una cosa pendiente: un álbum de fotos que le estaba preparando con su trayectoria en el mundo del fútbol y que estaba a medio terminar cuando falleció. Vi que ya estaba muy mayor y pensé que le iba a encantar la idea. Había fotos muy bonitas, como cuando vinieron a Bullas los veteranos del Athletic y él hizo el saque de honor junto a Telmo Zarra. El problema es que falleció antes de lo esperado, hará unos cinco años, y se me quedó el álbum a la mitad.

 

–¿Y su padre no es futbolero?

 

-Le gusta el fútbol, pero no como al resto. De hecho, no ha ido a verme en mis partidos como federada. Alguna vez se asomaba cuando era niña y jugaba con los chicos, pero después no.

 

–Va a llevar la selección autonómica benjamín masculina.

 

-Sí, me llamó Jesús Rosagro y me dijo que ya era hora de que una mujer entrenara a una selección masculina y yo le dije: ‘Por qué no’. El año anterior había llevado a la cadete femenina y fue una experiencia muy bonita, este año pensaba que iba a seguir con ellas, pero no tengo ningún problema en entrenar a chicos. Ya lo he hecho.

 

–¿Preparó a un equipo masculino?

 

-Sí, estuve en el Churra entrenando a un equipo cadete, chavales ya mayores, de unos quince años, y la experiencia fue muy buena.

 

–Habiendo entrenado a chicos y chicas, ¿considera que el fútbol femenino está al nivel del masculino?

 

-Pues depende de en qué cosas. Es obvio que en el masculino hay más potencia y velocidad, pero al contrario de lo que se piensa, no creo que a nivel técnico los chicos sean mejores. Yo he visto a jugadoras espectaculares y con un nivel de juego increíble. Es curioso, pero las diferencias son más acentuadas en las categorías de menos edad. Los chicos maman el fútbol desde muy pequeños y eso se nota en las primeras categorías, en las que son más eficaces a la hora de asimilar los conceptos tácticos. Suelen ser más disciplinados, pero cuando vas subiendo de categoría todo se iguala, salvo la potencia, que es la principal diferencia entre equipos de chicas y chicos.

 

–Como entrenadora, ¿qué sexo le ha tratado mejor?

 

-Pues tengo que decir, por mi experiencia en el Churra, que los chicos son muy respetuosos, las chicas protestan más, tienen otro carácter.

 

–¿Cómo es como entrenadora?

 

-Me gusta el toque. Lo que menos soporto es el pelotazo. Me gusta que los jugadores levanten la cabeza, que no conduzcan demasiado la pelota. Mi lema es: ‘Ayudaos, estad siempre cerca’.

 

–¿Saca el látigo a menudo?

 

-No, qué va. Soy una entrenadora dulce, digo las cosas, pero siempre desde el respeto, no soy de gritar cuando estoy en el banquillo ni nada de eso. Los gritos me parecen un error.

 

–¿Es machista el fútbol?

 

-Siempre hay algo de machismo, pero cada vez menos, cada vez se ven más mujeres. Yo, por ejemplo, voy a entrenar una selección de chicos ahora. Algo está cambiando, eso es innegable.

 

–Sin embargo, aún no se ven entrenadoras más allá del fútbol base.

 

-Es que cuesta, somos poquitas todavía, pero no tengo la menor duda de que dentro de unos años se verá a mujeres entrenando a equipos de hombres en categorías superiores, incluso en el fútbol de élite.

 

–¿Habla de equipos de Primera?

 

-Sí, pasarán aún algunos años, pero estoy convencida de que llegará el día en que veamos a una mujer entrenando a los grandes equipos del fútbol profesional. Somos inteligentes y vemos el fútbol igual que lo puede ver cualquier hombre.

 

–¿Es maniática?

 

-Como entrenadora no, salvo que en cada partido me gusta ponerme a la salida y dar una palmada a mis jugadores cuando saltan al campo para animarlos. Cuando era futbolista sí tenía varias manías. Siempre me vestía de derecha a izquierda: espinilleras, calcetas, botas… Y llevaba en el sujetador una imagen de la Madre Maravillas que hacía besar al resto. No soy muy devota, pero me gustaba llevarla.

 

–¿Qué le gusta aparte del fútbol?

 

-He hecho muchas cosas. Trabajo en unas instalaciones de fútbol ‘indoor’ en El Ranero y soy profesora de formación vial. Además, he sido guía en Terra Natura y soy presidenata de la Asociación Cachivache.

 

–¿Qué es eso?

 

-Es una agrupación que organiza visitas nocturnas para conocer los misterios y leyendas de Murcia.

 

–¿Funciona?

 

-Sí, tenemos incluso lista de espera. La asociación (cachivache.asociacion@gmail.com) contrata guías y ya tenemos tres rutas. Mostramos por ejemplo la maldición del Romea o la leyenda de la cadena. Se organizan los viernes y sábados por la noche, duran unas dos horas y cuestan solo cinco euros.

 

 

 

Fuente: La Verdad

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