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Redacción
Jueves, 19 de octubre de 2017 | Leída 4116 veces
FORMACIÓN

El partido que no jugué nada. Una reflexión para entrenadores de fútbol base.

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“El baloncesto siempre fue un deporte que me había gustado, y decidí a apuntarme al equipo del pueblo en el que vivía, en Navalmoral de la Mata, porque estaba cansado del tenis, de jugar, entrenar, y practicar en un deporte individual como ese. Lo que desconocía era lo que pasaría nada más empezar la liga, justo en el primer partido.

 

Jugábamos contra el Cacereño, en su casa, en ese imponente pabellón multiusos denominado Ciudad de Cáceres, un lugar en el que se había respirado el aroma de la ACB, un pabellón donde cualquier chaval de 14-15 años querría jugar. Imagínate mi ilusión, mis ganas por jugar y ayudar al equipo, por empezar a experimentar sensaciones…y sin embargo, fue uno de los peores días por la sensación de tristeza, de engaño, de frustración, que tenía nada más terminar el partido. Volvíamos a casa, y no había jugado ni un solo minuto.”

 

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Desde aquí antes de nada, quisiera dar las gracias a ese “increíble” entrenador que tuve durante ese año, en el que decidí probar, jugar, y entrenar al baloncesto. Porque gracias a todo lo que me hizo sentir, experimentar, tuve muy claro siempre cómo jamás debía tratar a un jugador si algún día me decidía a ser entrenador. Gracias, por esas enseñanzas tan poderosas.

 

Ahora que empiezan las temporadas, o han empezado, en deportes de equipo como el fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol, waterpolo, estos días siempre me acuerdo muchísimo de esa experiencia que tuve siendo cadete, cuando formé parte del equipo de baloncesto del pueblo. Y la primera pregunta que se me viene a la mente es: ¿por qué hay entrenadores que siguen comportándose como tiranos? Los equipos de deportes colectivos no son administraciones, son equipos de personas, y además, personas en proceso de crecimiento quienes probablemente, lo que tú les digas, lo que tú hagas, y cómo te comportes, les dejará una marca muy profunda para el resto de su vida, que puede ser muy positiva o muy negativa.

 

Uno de los aspectos más complejos que se le plantean a un entrenador son las rotaciones, la utilización a lo largo de toda la temporada de todos sus jugadores. Pues miren, yo creo que no es tan difícil y es más, creo que es imprescindible tener un aspecto muy claro: valore el trabajo diario, el compromiso y esfuerzo  de todos sus jugadores. Y le irá bien, a la larga le irá muy bien. ¿Por qué? Porque estás demostrando que crees en ellos, mediante tus actos, mediante hechos, que al final es lo que cuenta.

 

Al final de la temporada pasada le escuché decir a un entrenador de fútbol base, que no creía en “eso de las rotaciones, que por él jugarían siempre los mismo y fuera.” Lo que no sabe o desconoce este entrenador, es que los buenos, si el resto del equipo no mejora, terminan acomodándose y no siendo tan buenos, porque cualquier jugador que quiera crecer necesita de una competencia real en su puesto, y esa misma competencia se produce cuando les das a todos la oportunidad de crecer por creer en ellos. A partir de esa creencia se genera confianza, y cuando te ganas su confianza, obtienes un compromiso, un esfuerzo, y un trabajo sin límite por parte de todos y cada uno de ellos.

 

Por ello, si tú estableces como vara de medir, como listón, el grado de trabajo, sacrificio, esfuerzo cada semana, las convocatorias serán justas porque eres honesto, porque existe una congruencia entre lo que dices y lo que haces. Alguno estará pensando que si hace eso, perderá en el comienzo de temporada más partidos de los que debería. Pues bien me adelanto a ese pensamiento, y le contesto: Si usted, querido entrenador, está en una categoría “baja” pensando así, está equivocado porque en esas categorías no vale de nada  ganar por ganar, lo que usted debe es formar, enseñar, hacer competitiva esa plantilla, y probablemente a largo plazo eso genere unos beneficios que ni usted imagina. Pero, si por el contrario, usted es entrenador de una plantilla con un nivel medio-alto o muy alto, el problema es que no tiene la valentía suficiente, ¿cuál es su problema? Utilice a todos sin excepción, crea en ellos, y de esa manera incrementará la participación, la calidad de la plantilla, la competitividad en cada puesto, incrementando a su vez el tan importante sentimiento de pertenencia de todos y cada uno de sus jugadores, porque ven que realmente (no sólo de boquita) usted cree y confía plenamente en ellos.

 

No hay malos ni buenos, ni onces titulares ni onces de segundas partes (recuerdo mucho lo que decía al respecto Víctor Sánchez del Amo); lo que tenemos delante son jugadores diferentes, con personalidades distintas, y sobre todo en nuestro caso, niños, adolescentes, que no son adultos en miniatura, son proyectos de adulto, que es totalmente diferente. Ello conlleva que, casi con toda seguridad, ese equipo, ese deporte, para ellos es lo máximo, no hay nada más importante, motivo por el cual ponen máxima ilusión, máxima motivación, en cada entrenamiento para…¿adivina qué? Sentirse querido y respetado, exactamente igual que las personas adultas. Porque hay aspectos esenciales de la vida que nunca cambian, y no hay energía más potente que darle a una persona la suficiente confianza para sentirse querido y respetado. Con eso, probablemente te lleves una grata sorpresa a final de temporada. Eso es lo que yo llevo haciendo desde que di comienzo a mi carrera como entrenador; justo lo que jamás sentí como jugador en ese equipo de baloncesto.

 

 

 

Fuente: pablocavaharinero.com

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