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Redacción
Jueves, 12 de octubre de 2017 | Leída 42 veces
SALUD

¿Cuánto deporte hacer para que nuestro organismo se beneficie?

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Una de las recomendaciones que el colectivo médico realiza con más insistencia es que incluyamos la práctica deportiva entre nuestras rutinas. Hay muchas razones para prescribir el deporte, pero entre ellas destaca una por encima del resto: no practicar ejercicio físico puede llegar a perjudicar seriamente nuestra salud.

 

Prueba de ello es que el sedentarismo ya está considerado por la Organización Mundial de la Salud como el cuarto factor de riesgo de mortalidad, causante del 6% de las muertes que se producen en el mundo. Además, es especialmente importante combatirlo si queremos evitar enfermedades cardiovasculares porque la inactividad causa el 30% de las cardiopatías isquémicas (infarto y angina de pecho).

 

Por esa razón, incluir una rutina deportiva en nuestra vida es clave. Con ello mejoraremos el sistema cardiovascular, además de nuestro estado de salud general. Incluso nos beneficiaremos de sus efectos sobre la función cognitiva, protegiendo al cerebro del alzhéimer y la demencia, al tiempo que reduciremos el riesgo de sufrir depresión o ansiedad. Pero, ¿cuánto deporte hacer? ¿Cómo saber si estamos haciendo tanto deporte como deberíamos? El doctor Emilio Luengo, cardiólogo titular del área de Actividad Física en el Consejo de Expertos de la Fundación Española del Corazón, explica que lo primero es medir la intensidad con la que realizamos el ejercicio. “Para controlar la actividad física que realizamos y poder saber si mejoramos es necesario “medirnos”. La actividad física es algo personal, por lo que lo más fácil sería saber si nos cansamos menos o más. Esas sensaciones corporales debemos llamarlas "cenestésicas", es lo que uno siente de su propio cuerpo. Para poderlas medir (y no solamente sentir) se han desarrollado y probado distintos métodos”, explica.

 

Uno de los más usados es la Escala de Borg, un método creado por el doctor Gunnar Borg hace más de cuatro décadas para intentar predecir la frecuencia cardiaca a través de las sensaciones del deportista. “Es una escala que va desde el 0 (sin esfuerzo, reposo) hasta el 10 (extenuante, casi insoportable). Uno puede observarse haciendo siempre el mismo ejercicio y apuntar su sensación según la escala para compararse consigo mismo y ver si con el paso del tiempo se cansa menos o más. La escala de Borg se usa y es extremadamente útil en muchos ámbitos, uno de ellos la rehabilitación después de un infarto. El que está entrenado tiene para el mismo ejercicio menos frecuencia cardiaca que el que no está entrenado, al igual que el joven tiene menos frecuencia cardiaca que el adulto o el anciano”, afirma el doctor Emilio Luengo.

 

Sin embargo, no es el único método para medirnos. “El ejercicio cardiovascular es consecuencia del ejercicio físico y del grado de entrenamiento, y está modulado por la edad. Para procurar dar una orientación sobre ese dato objetivo pero complejo, el doctor Karvonen desarrolla en 1957 una fórmula: la frecuencia cardiaca máxima para una edad determinada es la que resulta de restar la edad a 220. Esa sería la frecuencia cardiaca máxima soportada por nuestro corazón, pero a ella hay que procurar no llegar porque hay serias evidencias de que más allá el órgano empieza a fallar”, explica este cardiólogo añadiendo que el entrenamiento debe hacerse a una intensidad que sea el resultado de sumar a nuestra frecuencia cardiaca de reposo entre el 60 y el 80% de la diferencia entre nuestra frecuencia cardiaca de reposo y nuestra frecuencia cardiaca máxima calculada.

 

Respecto al tiempo que debemos dedicar al deporte, la Organización Mundial de la Salud recomienda que los niños y adolescentes de entre 5 y 17 años practiquen al menos 60 minutos diarios de actividad física de intensidad moderada a vigorosa, principalmente aeróbica. Para los adultos la recomendación es practicar, como mínimo, 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada o 75 minutos de actividad intensa.

 

Beneficios de la práctica deportiva

 

  • Un equipo de investigación en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte de la Univerdad de Granada ha demostrado que el ejercicio físico previene la diabetes, la hipercolesterolemia y la hipertensión, los tres factores de riesgo de las enfermedades cardiovasculares.
  • Fortalece los músculos y, en las personas mayores, reduce la pérdida mineral ósea y previene el riesgo de sufrir fracturas e, incluso, caídas, al mejorar el equilibrio, la coordinación y la agilidad. Además, reduce el dolor musculoesquelético asociado al envejecimiento y protege frente a la osteoartritis.
  • El ejercicio también incrementa y conserva en buen estado la función cognitiva, protegiendo al cerebro del alzhéimer y la demencia; reduce el riesgo de sufrir depresión o ansiedad y mejora la autoestima.
  • El sistema inmunológico y la eficacia cardiorrespiratoria mejoran considerablemente.

 

 

 

Fuente: fundaciondelcorazon.com

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