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Redacción
Viernes, 6 de octubre de 2017 | Leída 224 veces
PSICOLOGÍA

El error de educar a los niños sólo para que sean duros y competitivos

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Los niños se están quedando atrás. Mientras las niñas han dicho basta y se niegan a seguir haciendo únicamente el papel de princesitas, los chicos continúan oprimidos en el corsé del héroe que debe ser fuerte o el del futbolista que tiene que triunfar a toda costa y meter goles.

 

Aunque los roles de género siguen vigentes en la mayoría de los países, el arquetipo femenino se ha abierto y ya nadie discute que una muchacha pueda jugar al fútbol, ser astronauta y exploradora o practicar surf y caída libre. Sin embargo, los chavales siguen atrapados en el mismo modelo de masculinidad de hace años y se les desanima o ridiculiza cuando emprenden papeles tradicionalmente asignados a las mujeres.

 

Un reciente artículo del New York Times ponía el acento en que las muchachas cuentan cada vez con más opciones para elegir, a diferencia de los chavales cuyas experiencias están muy limitadas. Cuando llegan al mundo laboral, esos niños ya adultos tienen más dificultades para adaptarse a unas empresas que demandan en mayor medida habilidades como la empatía, la intuición o la inteligencia emocional.

 

Éste es el dictamen de la escritora feminista Gloria Steinem: "Estoy contenta de que hayamos comenzado a criar a nuestras hijas más como a nuestros hijos, pero no funcionará hasta que criemos a nuestros hijos más como a nuestras hijas". Porque no nos engañemos: los estereotipos de género son igual de perjudiciales para ellos que para ellas, según han demostrado varios estudios.

 

"Ahora mismo es más urgente trabajar con los niños que con las niñas. Se está produciendo un desequilibrio porque las mujeres hemos cambiado mucho, pero los hombres lo han hecho muy poco. Los críos siguen siendo educados en la dureza y se les reprime la ternura y la capacidad de emocionarse. Todo esto tiene repercusiones graves en sus vidas. Por eso, hay que abandonar el estereotipo del héroe y abrirse al del ser humano", argumenta Marina Subirats, catedrática de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona. [Img #12965]

 

Un ejemplo claro se comprueba a diario en los patios de los colegios, la mayoría convertidos en pistas de cemento donde la naturaleza ha sido desterrada. El fútbol campa a sus anchas ocupando todo el espacio. El que no juega al balón es marginado en el grupo y aquellas niñas que prefieren actividades más tranquilas también quedan relegadas a un segundo plano.

 

¿A qué se debe esta dificultad de los chicos para adoptar roles femeninos? ¿Es una cuestión social o sencillamente no les interesa porque creen que supondrá una pérdida de poder?

 

Para la doctora Ana Valero, especialista en temas de género, este fenómeno es algo natural porque la idea predominante es que son las mujeres quienes tienen que evolucionar para cosechar la igualdad. Ellos no deben cambiar nada porque ya se encuentran dentro del género privilegiado asociado al poder y al éxito. Por ejemplo, aunque los muchachos saquen peores notas, luego adquieren un empleo de manera más rápida y mejor remunerado.

 

Por ese motivo, los críos no luchan por vestirse de princesas o hacer ballet porque eso les conecta "con la parte débil que es discriminada". "No hay referentes masculinos que lo hagan. Nunca han visto a su papá salir a la calle con un vestido; sí a su mamá con un pantalón. Lo que hacen las niñas tiene menos valor, lo que significa que la igualdad adulta no es real", explica Valero, creadora del blog Feministas Cotidianas.

 

Se les inyecta la competitividad

 

Esta situación limita a los pequeños que no pueden desarrollar su parte afectiva y empática. Las consultas de los terapeutas se van llenando de chiquillos más sensibles a los que no les gusta el fútbol y que no encajan en el patrón dominante.

 

Cuando alcanzan la adolescencia, muchos de ellos no entienden ni saben manejar sus emociones porque se han visto obligados a reprimirlas. Como son machos se les impide cualquier relación de afecto entre sus compañeros y, en cambio, se les inyectan unas buenas dosis de competitividad y agresividad.

 

Las consecuencias de este modelo se ven incluso reflejadas en las tasas de mortalidad. El porcentaje de jóvenes que fallece es mucho mayor en el caso de los varones que en el de las féminas. La inmensa mayoría de estas defunciones no se debe a enfermedades sino a suicidios, accidentes de tráfico, sobredosis de drogas o deportes intrépidos.

 

"El 76% de los jóvenes de 20 años que murió en 2013 era del sexo masculino. Muchos de estos decesos se deben a riesgos inútiles para demostrar que no se tiene miedo a nada. Con la crisis han aumentado bastante los suicidios, porque los hombres no pueden soportar la angustia de no ser los triunfadores", declara Marina Subirats.

 

Cada vez hay más voces que no se resignan y que cuestionan estos estereotipos de género tanto en los juguetes como en la ropa. De hecho, algunas marcas comienzan a crear colecciones sin etiquetas. Así lo hizo la cadena británica John Lewis, que suprimió la división entre niños y niñas y lanzó una línea de ropa unisex.

 

Además, un colegio de Secundaria, en Lewes (Reino Unido) instauró este curso un uniforme idéntico para todos los alumnos con el fin de fomentar la igualdad y aplacar las quejas por el largo de las faldas.

 

En España, marcas como Piñata PUM o Bla Clothing apuestan por colecciones únicas sin diferencias entre los sexos. "Nos tenemos que sacar de una vez por todas de la cabeza la idea de que hay cosas de niños y de niñas. Les intento inculcar a mis hijos la idea de que el género no determina qué pueden hacer. Pero entonces llega mi sobrino y dice: 'Yo no quiero jugar con princesas, eso es de chicas' y mis niños vuelven a cuestionarse todo lo que les he planteado", alega Jaione Yabar, autora del blog Más allá del rosa o azul.

 

Lo cierto es que muchos padres no se atreven a llevar a sus retoños a actividades extraescolares como danza o cocina por el miedo al qué dirán. Harta de esta situación, Kirsten McGoey, fotógrafa canadiense y madre de tres hijos, decidió poner en marcha la campaña #aboycantoo (un chico también puede), en la que retrata a jóvenes practicando actividades femeninas: baile, patinaje artístico, repostería, maquillaje, pintura de uñas...


"La idea del proyecto es dar voz a aquellos niños que rompen las normas de género para llevar a cabo sus verdaderas pasiones. La iniciativa comenzó como una historia de amor hacia mi hijo mediano, que me inspiró con su entusiasmo por los arcoíris, los escenarios y el baile", asegura en una conversación por email.

 

En casa de McGoey conviven a la perfección los partidos de fútbol americano con las fiestas de baile para muchachos. Por eso anima a las familias a dejar que sus vástagos escojan lo que quieran sin presiones: "Debemos apoyarles si les gusta el rosa, si quieren hacer pasteles, montar en pony, bailar o llevar vestidos. Todas estas opciones no tienen nada que ver con su opción sexual y no les hacen ser menos hombres".

 

En Suecia, es algo que tienen asumido a lo largo de los años. Desde 2011, este país, uno de los más avanzados en materia de educación, ha empezado a implantar guarderías de género neutro. En estas escuelas, los juguetes nunca están divididos por sexo: las muñecas y los cochecitos de bebé se mezclan libremente con los bloques de madera y los camiones. Los robots llevan tutús y quien lava los platos no es una Barbie, sino un esqueleto. Los profesores están entrenados para no distinguir entre chicos y chicas y a los alumnos se les trata con el pronombre neutro hen.

 

La receta sueca

 

Según relata Lotta Rajalin, impulsora de este proyecto, en estos centros se anima a los estudiantes a realizar todo tipo de actividades y a explorar su rango de emociones. Ni ellas tienen que reprimir su ira ni ellos deben tragarse las lágrimas.

 

"Nosotros no ponemos etiquetas en nuestras escuelas. No decimos: 'Frida es tan guapa, tan mona y tan servicial' y 'Mohamed es tan salvaje y duro'", añade.

 

A veces, estos comentarios se hacen de manera inconsciente pero acaban condicionando a las criaturas. "Los menores quieren ser lo que los adultos esperamos que sean. Si les clasificamos no les estamos dejando escoger entre todas las posibilidades que la vida les ofrece", sostiene Rajalin.

 

[Img #12967]Los métodos suecos también tienen sus detractores. Algunos padres creen que este plan despoja a los chicos de su masculinidad y a las muchachas de su feminidad.

 

Gabriella Martinsson, pedagoga de Egalia, una de estas escuelas pioneras, rebate así los reproches: "Los métodos tradicionales de enseñanza llevan a los niños en dos únicas direcciones: sólo hay una manera de ser chico y otra de ser chica. Los juegos, colores y emociones están asociadas en función del sexo. Esto es robarle algo a los críos. Lo que queremos hacer es que cada uno elija lo que quiera sobre todo el espectro y no sólo sobre una mitad".

 

Pese a las críticas, estos esfuerzos obtienen sus resultados. Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Uppsala en Suecia, los niños que asisten a una guardería neutra son menos permeables a los estereotipos y tienen más probabilidades de éxito en el futuro. Así que olvídese de los prejuicios. El feminismo (o sea, la lucha por la igualdad) no sólo es positivo para las niñas sino también para los chicos.

 

Consejos para educar en la igualdad


Que sea él mismo


Paradojas de la vida, hasta mediados del siglo XX, el rosa era el color para los niños y el azul para las niñas. Los bebés no nacen con preferencias por los colores ni por los juguetes. Las diferencias empiezan en torno a los 2 o 3 años cuando los niños comienzan a tomar conciencia de su género. Es entonces cuando las expectativas sociales pueden jugar en contra de los intereses innatos de los chavales, según diversos estudios. Por tanto, deja que tu hijo experimente, se pruebe ropa distinta y se maquille.


Expresar emociones


Los bebés lloran por igual independientemente del sexo. Pero, a los 5 años, los niños reciben el mensaje de que no deben llorar para ocultar su vulnerabilidad. "A nuestras hijas se les permite ser humanas, pero a nuestros hijos se les enseña a comportarse como robots", ha asegurado Tony Porter al New York Times. Porter es fundador de 'A Call to Men', un grupo de activismo y educación en favor de la igualdad. Evita coartar a tu retoño y permítele que llore.


Que tenga amigas


En Infantil, niños y niñas juegan juntos sin problemas. Sin embargo, cuando termina Preescolar, los críos comienzan a separarse por géneros y los críos no se juntan con las muchachas. Anima a tu peque a que juegue con niñas y a que las invite a su cumpleaños. La comunicación mejora y no hay mejor manera para derribar los estereotipos que conocer al sexo opuesto.


Referentes femeninos


'La Ratita presumida', la 'Cenicienta', 'La Bella durmiente'... Los cuentos infantiles tradicionales son claramente sexistas. Los críos necesitan otros relatos con nuevos referentes. 'Cuentos de buenas noches para niñas rebeldes' recopila 100 historias de mujeres reales y extraordinarias: desde Frida Kahlo a Jane Goodall pasando por Coco Chanel o Nina Simone.


'Niña' no es un insulto


"Porque eres una niña' nunca es una razón para nada", sostiene Chimamanda N. Adichie en su libro 'Cómo educar en el feminismo'. Y menos un insulto. Por lo tanto, elude expresiones despectivas tipo "corre o llora como una niña".


Los chicos friegan


Aunque algo se ha avanzado en este aspecto, todavía sigue habiendo la tendencia de encargar más tareas domésticas a las chicas que a los chavales. De hecho, las muchachas estadounidenses pasan dos horas más que ellos haciendo estos quehaceres, según el New York Times. Enseña a tu vástago a limpiar, a cocinar y a cuidar de los demás.


No sólo fútbol


¿Y si en los recreos hubiese un día sin este deporte? ¿Y si durante jornada todos los alumnos jugasen a tiendas y cocinitas? Los colegios deberían intervenir en los patios para fomentar la diversidad y otro tipo juegos que no sean sólo de tocar el balón.


Que sea un niño


No se trata de que el pequeño no pueda pelear ni hacer el bruto. Los críos pueden seguir subiéndose a los árboles y mostrando su fuerza, pero sin olvidarse de reconocer sus emociones y de respetar al diferente. Todo en su punto medio.

 

 

 

Fuente: elmundo.es

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