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Redacción
Lunes, 25 de septiembre de 2017 | Leída 659 veces
CURIOSIDADES

Baba Sule, el campeón del mundo que es ahora utillero en el Fuenlabrada

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Retirado por las lesiones, trabajó como chófer de David de Gea, fue electricista y ahora disfruta en su vuelta al fútbol.

«Hace años que no me entrevistaban porque cuando dejas de jugar pocos se acuerdan ya de[Img #12823] ti, creía que era la típica broma preparada por el vestuario». Incrédulo por volver a ser protagonista tras años fuera de foco, Baba Sule recibe a ABC a pie de césped con una inmensa sonrisa, la que nunca consiguieron borrar las sucesivas lesiones que truncaron la carrera de un futbolista que apuntaba al cielo y que se quedó en el camino. Todavía en ropa de faena y recogiendo balones, reconoce con nostalgia que echa de menos aquellos días en los que había lista de peticiones para poder hablar con él.

 

«Te hacía sentir importante», afirma sin perder la humildad. Campeón mundial sub 17 con Ghana en una final en la que marcó a Brasil (1995), debutó en España con el Mallorca y cumplió su sueño de fichar por el Real Madrid aunque nunca llegó a debutar de blanco. En 2006, tras la retirada después de que su cuerpo no aguantara más operaciones, en las que sufrió alguna complicación, llegó el momento de buscarse la vida para sobrevivir. Realizó infinidad de kilómetros como chófer de David de Gea cuando el internacional empezaba en la cantera del Atlético y residía en Illescas (Toledo), se ganó la vida como electricista y acabó trabajando en El Corte Inglés. Pero su vida cambió hace dos años cuando recibió una llamada del CF Fuenlabrada. En este conjunto de Segunda división B ha podido reengancharse a un deporte que nunca ha dejado de querer. Aquel proyecto de estrella que viajó a España siendo un niño y que despuntó en los campos de Segunda es ahora feliz como utillero de un conjunto que aspira a dar el salto a la categoría de plata.

 

«Iba a Illescas para buscar a David y llevarle al colegio, que estaba en Alcorcón, era un chaval y no tenía carnet. Entonces era muy tímido, pero nos entendíamos bien. Cuando íbamos en el coche yo le ayudaba con el inglés, en Manchester le ha venido muy bien», afirma entre risas mientras guarda un balón en la red. Acababa de retirarse del fútbol, pero tiene un buen recuerdo de aquellos días. «Lo pasé muy bien con David de Gea y su familia. Son muy buena gente y seguimos teniendo contacto, hace poco hablé con su madre por chat». Viajes en los que Baba Sule tuvo tiempo para dar alguna lección mundana al ahora guardameta de la selección española. «Le decía que, si quería llegar lejos, tenía que tomárselo muy en serio. Y también respetar a los veteranos», añade con una eterna sonrisa. A pesar de la distancia, todavía existen conversaciones telefónicas entre ellos. «Siempre me hace ilusión cuando hablamos».

 

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Baba Sule ha encontrado en el ilusionante proyecto del CF Fuenlabrada la oportunidad que muchos otros exfutbolistas retirados nunca llegan a tener. Vuelve a ser feliz en un vestuario aunque sea como utillero y no como jugador profesional, su reto cuando comenzó a dar patadas al balón en Ghana, donde viven sus padres y sus trece hermanos. «Les mandaba todo el dinero que ganaba, pero el fútbol es así, tiene dos caras. A veces te toca la buena y otras la mala. A mi las lesiones me cambiaron la vida», afirma al recordar su trayectoria por España, donde no aterrizó ya con buen pie. Una hepatitis cortó su progresión cuando firmó por el Mallorca para jugar en Segunda.

 

«Con el Orense llegó una rotura de cúbito y radio». Pero en ese menudo y hábil jugador había madera de gran futbolista y el Real Madrid le ató para su filial, aunque nunca llegó a debutar. Tuvo que marcharse cedido al Leganés. «Aquí me rompí los ligamentos en el primer partido de la temporada. Me recuperé y el día de la reaparición volví a destrozarme la rodilla». Ya nada fue igual. Sorprendentemente, el ghanés cuenta su historia sin perder la sonrisa. «El fútbol deja amigos y yo he tenido esa suerte. En los momentos duros me han ayudado y eso nunca se olvida». Al hablar del que era su representante se le ilumina especialmente la cara. «Petón es como un hermano mayor. Se acabó el fútbol, pero él siempre estuvo a mi lado».

 

Junto a ilustres veteranos


El del ghanés es un caso atípico en el fútbol profesional, un campeón del mundo y exfutbolista de élite que ahora se encarga de limpiar botas, de lavar camisetas y de tener todo listo en el Fuenlabrada, equipo al que el curso pasado se le escapó el ascenso y que esta temporada repite objetivo. Siempre dispuesto a echar una mano, Baba Sule comparte piso con Yaw Annor, «un jugador de mi país que ha llegado al club y no sabe nada de español. Hay que ayudarle a integrarse». Pero en la plantilla también hay ilustres veteranos que pasaron por Primera, como el guardameta Jordi Codina o el argentino Cata Díaz, el último en llegar. «¿Que podría estar jugando a su lado? Sí, a veces lo pienso, pero ellos han tenido la suerte de sufrir lesiones graves. No me gustar compararme con nadie, cada uno tiene su vida», responde mientras dice adiós a uno de los últimos futbolistas en abandonar el vestuario tras el entrenamiento. «Los años pasan y los chicos que llegan no me conocen, es normal. Pero cuando les cuentan mi historia y se enteran de que yo fui profesional y metí un gol en la final de un Mundial ante Brasil, se sorprenden. Te miran y sientes su admiración y respeto».

 

Si hay algo de lo que se arrepiente es de no haber sido previsor. «Cuando todo es bonito, no piensan en el futuro», reconoce. Una mala decisión que al recordarla borra una sonrisa que no tarda en recuperar al hablar de la llamada que recibió hace dos años del Fuenlabrada. «Me dijeron que necesitaban un responsable del material y no me lo pensé. Siempre había querido reengancharme al fútbol, lo echaba mucho de menos». Lo ha conseguido. Ahora es el utillero y representa mejor que nadie el espíritu y el lema que aparece en varias lonas que lucen en el estadio Fernando Torres: «Cabeza, corazón y alma».

 

 

 

Fuente: abc.es

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