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Redacción
Martes, 18 de abril de 2017 | Leída 1165 veces
PSICOLOGÍA

Necesidades psicológicas y formativas de los “jóvenes futbolistas”

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Noticia clasificada en: Formación Fútbol Base Psicología

Con frecuencia oímos hablar de los beneficios que la práctica del deportiva supone para el desarrollo infantil.

Beneficios desde el punto de vista físico (favorece el desarrollo  psicomotriz, contribuye a prevenir enfermedades y alteraciones del crecimiento); desde el punto de vista psicológico y emocional (mejora de la autoestima, potencia las relaciones sociales); educativo (el deporte es un vehículo excepcional para la transmisión de valores) e incluso como medio de inclusión social (aceptación e interiorización de responsabilidades, establecimiento de objetivos e intereses comunes dentro de un grupo).
 

Sin embargo, es preciso reflexionar también sobre si el trabajo diario en las Escuelas de Fútbol es capaz de generar verdaderamente  un contexto que permita a nuestras canteras “disfrutar” de estos beneficios o, por el contrario, queda todo en una “utópica” declaración de intenciones. ¿A quién corresponde esta responsabilidad? ¿Al entrenador? ¿A los familiares? ¿A las directivas de los Clubes estableciendo una “filosofía” en una u otra dirección? En realidad, se trata de una estructura de responsabilidad compartida en la que todos estos agentes influyen constantemente sobre los verdaderos protagonistas de este juego: los deportistas. Y aquí es donde encontramos la clave: no se trata de “futbolistas en miniatura”, sino de niños y adolescentes en edad de formación y con unas características y necesidades peculiares.
 

Por encima de todo, los niños juegan al fútbol para divertirse, se trata de una necesidad vital para ellos. Acudir a entrenar con sus compañeros, con sus amigos, supone para ellos el momento más feliz de la semana. ¿Acaso esto no merece nuestro esfuerzo por convertir ese momento en algo más que un pasatiempo y nutrirlo de contenidos realmente didácticos para su educación y su formación? En eso consiste el “valor añadido” con el que todos deberíamos enriquecer la práctica del fútbol. También en las competiciones, desde el punto de vista de la deportividad y de los valores, claro está. Competir significa superarse a uno mismo, y después, superar al adversario. Pero aquí no vale ganar por encima de todo y a cualquier precio, aunque eso suponga renunciar al honorable título de “Campeón Mundial Benjamín”. ¿Jugamos para ganar, o jugamos para aprender a ganar y a perder?
 

“Las cuerdas que están siempre tensas terminan desafinando” (P. Coelho) y en ocasiones, esa presión por los resultados a la que a veces los adultos sometemos a los pequeños termina por desmotivarlos, minando su autoestima y, en ocasiones, incluso chavales con talento y buenas condiciones terminan abandonando.
 

Solemos olvidar las cosas que nos enseñan, pero difícilmente olvidaremos aquello que hemos descubierto por nosotros mismos.  Explorar, descubrir, equivocarse. Los niños necesitan sentirse protagonistas de sus actos dentro del terreno de juego y no una extensión del entrenador “teledirigida” desde el banquillo. Si amputamos desde la raíz su capacidad para tomar sus propias decisiones, difícilmente conseguiremos estimular esa área de rendimiento tan vital en la formación del futbolista: su creatividad.
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Recuerdo a un profesor que decía que a las personas no hay que juzgarlas por lo que son, sino por lo que pueden llegar a ser. El desarrollo motriz es cambiante a lo largo del crecimiento y puede suceder que niños que inicialmente tienen un ritmo de aprendizaje más lento, con el paso del tiempo, y gracias a una formación idónea, consiguen progresar y adaptarse a las condiciones físicas, técnicas y cognitivas que el fútbol demanda. Por si acaso, no deberíamos diagnosticar precozmente si un niño “está capacitado o no” para la práctica del fútbol. Para lo que está capacitado es para jugar, para divertirse, para aprender…
 

Al fin y al cabo, la finalidad del entrenamiento, al igual que el de la educación (en palabras de José Antonio Marina) es la de aumentar la probabilidad de que ocurra aquello que queremos.
 

Entrenar para educar, y educar para formar mejores personas. Y por qué no, mejores futbolistas. Probablemente, ese sería el “Gran Título” al que todos los que amamos el fútbol base deberíamos aspirar.

 

 

Fuente: José Ángel García
(Psicólogo Deportivo. Entrenador de Fútbol Base)

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