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Redacción
Miércoles, 1 de marzo de 2017 | Leída 201 veces
REGLAMENTO

Las pérdidas de tiempo en el fútbol

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Noticia clasificada en: Formación Fútbol Base Reglamento

La “pérdida de tiempo” es considerada por muchos como una actitud antideportiva, como algo que va contra la esencia del fútbol.

Sin embargo, es todo lo contrario. Es más, yo diría que es una obligación del jugador exprimir el reglamento al máximo, y en ello está la pérdida de tiempo para mantener el resultado que resulta favorable a su equipo. Y luego, eso sí, está el árbitro para interpretar el reglamento y tomar las oportunas decisiones.


El reglamento

 

El tiempo de juego de un partido regular de fútbol es de dos tiempos de 45 minutos. Luego está la posibilidad de dos tiempos de 15 o las tandas de penaltis para resolver los empates en competiciones de eliminatorias. En todo caso, este tiempo de juego es a “cronómetro corrido”, esto es, que a diferencia de otros deportes, el tiempo no se para en ningún caso, salvo situaciones de suspensión temporal del partido. Eso sí, el árbitro tiene la potestad para considerar la prolongación de cada una de las partes del partido el tiempo que considere oportuno, a su criterio, según entienda que el juego ha estado detenido en exceso por diferentes causas, como lesiones, sustituciones, etc.

[Img #9348]

En las Reglas del Juego de la FIFA, en su regla número 7 relativa a la “Duración del Partido” se trata la recuperación del tiempo perdido en los siguientes términos:

 

Cada periodo deberá prolongarse (a criterio del árbitro) para recuperar todo tiempo perdido por: sustituciones, evaluación de la lesión de jugadores, transporte de los jugadores lesionados fuera del terreno de juego para ser atendidos, pérdida de tiempo o cualquier otro motivo.

 

Y en la Regla número 12 sobre “Faltas e Incorrecciones” se regula la amonestación de un jugador cuando el árbitro considere que está “retardando la reanudación del juego”. En el apartado relativo a “Interpretación y Directrices” se especifican diferentes acciones que pueden ser consideradas como pérdidas de tiempo, como “simular una lesión; lanzar un tiro libre desde un lugar erróneo con la deliberada intención de obligar al árbitro a ordenar su repetición; simular la intención de lanzar un saque de banda, pero dejar de pronto el balón a un compañero para que efectúe el saque; patear el balón lejos o llevárselo con las manos después de que el árbitro detenga el juego; retardar excesivamente el lanzamiento de un saque de banda o de un tiro libre; retardar la salida del terreno de juego durante una sustitución; provocar deliberadamente un enfrentamiento tocando el balón después de que el árbitro haya interrumpido el juego; o celebrar en exceso la celebración de un gol”.

 

Por todo ello, la “pérdida de tiempo” es un elemento “reglamentario” del fútbol, pues viene regulado en el Reglamento. Eso sí, el árbitro tiene una doble potestad frente a ello:

 

    -Amonestar al jugador cuando considere que está perdiendo tiempo de forma intencionado.

    -Prolongar el tiempo de juego el tiempo que considere oportuno atendiendo a las situaciones de exceso de “pérdida de tiempo” que se hayan producido.

 

Es importante destacar que no toda “pérdida de tiempo” es intencionada. Es decir, puede haber situaciones en las que el juego esté parado por cuestiones realmente necesarias, en cuyo caso no habrá que amonestar al jugador, pero sí considerar la prolongación del tiempo de juego.
 

Obligación de “perder tiempo”

 

Atendiendo al propio Reglamento, no hay nada que reprochar a aquel jugador que utiliza cualquiera de estas estrategias para perder tiempo. De hecho estos reproches siempre se hacen si el jugador es del equipo rival, pues cuando es del propio sucede todo lo contrario, se aplaude e incluso se exige, reprochándose justo lo contrario. El fútbol está reglamentado de tal manera que el que tiene prisas es el que le falta poco por alcanzar un resultado positivo; mientras que el que tiene ese resultado positivo por escaso margen, sólo desea y hace lo posible para que el tiempo pase jugándose lo menos posible.

 

Por todo ello, aquel jugador cuyo equipo gana por escaso margen y que ante cualquier roce se tira al suelo y espera ser atendido, etc. provocando la parada del juego y retrasando su reanudación, es digno de elogio. No lo contrario. Está usando las posibilidades que le concede el Reglamento para conseguir la victoria de su equipo. Y lo hace a riesgo de ser amonestado, por lo que la estrategia no es gratis. Es como quien corta un contraataque rival en eso que viene a llamarse una “falta táctica”. Es lo mismo: utilizar las posibilidades que te concede el reglamento al servicio de tu equipo.

 

Como se ha dicho anteriormente, puede pasar que la pérdida de tiempo no sea intencional. Puede ser que ese jugador del equipo que va ganando sufra realmente una lesión que no le permita seguir jugando y requerir las asistencias médicas, aunque con todo ello paralice el juego en beneficio de su equipo.

 

La solución está en el árbitro

 

El problema de este tipo de situaciones no debe centrarse en el jugador que “pierde tiempo”, pues como se ha comentado prácticamente está en su obligación. El problema está en quien aplica el reglamento, esto es, en el árbitro. Al igual que en el ejemplo anterior de la acción de “falta táctica” el árbitro debe sancionar la falta y, si así lo considera, amonestar al jugador infractor; en el caso de las situaciones de “pérdida de tiempo”, debe actuar con el mismo rigor.

 

Tarjeta por perder tiempo

 

Esta primera aplicación del Reglamento respecto a la “pérdida de tiempo” se viene aplicando con cierta normalidad. Ciertamente cuando el árbitro considera que un jugador está utilizando alguna estrategia para “perder tiempo”, es bastante normal que lo amoneste. Y no sólo eso, sino que en ocasiones se muestran excesivamente celosos en este tipo de amonestaciones. Hasta aquí, perfecto.

 

Hay situaciones que son tremendamente descardas, que se ven claramente que el jugador no pretende otra cosa que “perder tiempo”.
 

Prolongación del tiempo de juego

 

El problema viene en la aplicación del segundo apartado, el referente a la prolongación del tiempo de juego. Lo habitual, lo normal en la gran mayoría de partidos, tanto nacionales como internacionales, es que pase lo que pase, el árbitro decida una prolongación del primer tiempo en un minuto y, como mucho, dos; y del segundo periodo en tres o cuatro minutos.

 

Respecto al primer tiempo puede considerarse normal, pues con tanto partido por delante no resulta lógica la pérdida intencional de tiempo.

 

Todo lo contrario de lo que sucede en el segundo, pues las “pérdidas de tiempo” intencionales van adquiriendo mayor lógica cuanto más se acerca el final del partido. Es precisamente en los últimos minutos de juego cuando se producen todos esos casos de estrategias para “perder tiempo”. Pero el hecho de que el árbitro, como costumbre, y pase lo que pase, siempre, o casi siempre, prolongue el partido en esos tres o cuatro minutos; o cinco como casos extraordinarios. Ya es raro raro ver un partido donde se anuncie una prolongación superior a los cinco minutos.

 

Ante esta decisión arbitral normalizada, aún resulta más lógica la actitud del jugador que utiliza estrategias para “perder tiempo”, pues sabe que su acción prácticamente no tendrá repercusión en la prolongación del partido, resultando por tanto una acción positiva para la victoria de su equipo. Sólo la simulación de una lesión puede tener parado el juego hasta dos minutos. Evidentemente resulta tremendamente rentable.

 

[Img #9349]Podría decirse que las decisiones arbitrales sobre la prolongación del tiempo de juego no hacen sino potenciar las estrategias de “pérdidas de tiempo” de los jugadores.


La justicia ante estas acciones, que es lo que deberían hacer los árbitros, vendría por salirse del corsé de esos tres, cuatro o cinco minutos de prolongación y ajustarse más a la realidad de esa pérdida de tiempo, sobre todo cuando considere que ha sido intencional. De tal forma que si el árbitro considera que efectivamente un equipo ha “perdido tiempo” en exceso con estrategias intencionales, prolongue el tiempo de juego en razón a ello. En estos casos no debería ser anormal que un segundo tiempo se pudiese prolongar en siete, ocho, nueve o los minutos que se considere. No se trata de jugar a “cronómetro parado”, como sucede en otros deportes de equipo, sino simplemente de recuperar, al menos, parte del “tiempo perdido”.

 

Y para ello no hace falta nada, simplemente aplicar el Reglamento. Bien por los árbitros por amonestar a quienes “pierden tiempo” de forma intencional; pero mal por no prolongar el partido el tiempo suficiente para compensar esa irregular “pérdida de tiempo”. Estoy seguro que si esto fuera así, si realmente se aplicara el Reglamento, se acabaría en gran medida con estas acciones y estrategias de “perdida de tiempo” intencionales, pues ya no resultarían tan rentables.

 

Otra posible solución, aunque para ello habría que modificar el Reglamento sería, por ejemplo, que los último diez o quince minutos del partido se jugasen a “cronómetro parado”, sin necesidad quizás de la rigurosidad con la que se lleva en baloncesto, sino más bien al modo del “Time-Out” que se aplica en balonmano, donde el crono se para en situaciones concretas y a criterio de los árbitros.
 

Conclusión

 

El jugador que pierde tiempo no sólo no debe ser reprochado por ello, sino todo lo contrario, debe ser loado. Se juega una amonestación y beneficia a su equipo en una acción que está regulada por el Reglamento. Eso sí, lo hace a sabiendas de que apenas va a tener repercusiones en la prolongación del tiempo de juego, lo cual justifica aún más su acción. El problema viene por las decisiones arbitrales al respecto (no tanto del Reglamento, que si lo regula) por no considerar en su justa medida esas acciones para prolongar el tiempo de juego en concordancia.

 

 

Fuente: Fútbolymásalla.com

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