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Redacción
Martes, 3 de enero de 2017 | Leída 54 veces
PSICOLOGÍA

El espíritu navideño es educar en valores

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Noticia clasificada en: Formación Fútbol Base Psicología

El espíritu navideño es algo que los cuentos de Christian Andersen, el cuento de Navidad de Charles Dickens o canciones de Navidad como la de Rosana tratan de definirlo a través de relatos e historias.

El espíritu navideño, como la palabra indica, es algo espiritual, nada que pueda probarse científicamente. Pero igual que existen fechas que nos empujan a cambiar de hábitos y proponernos objetivos nuevos, también existen otras fechas que nos invitan a comportarnos de forma generosa y altruista.
 

Van en contra del espíritu navideño el consumismo, el egoísmo y generar conflictos. Así que aunque sea una vez al año, las personas se vuelven más humanas, más sensibles, más empáticas, más nobles, más pacientes. Realmente desearíamos que el espíritu n[Img #8200]avideño se elevara al nivel de espíritu humano, y que así pudiera estar presente los 365 días del año, pero por lo menos por una vez, la gente se orienta hacia estos valores. El espíritu navideño, más allá del aspecto religioso, abarca la generosidad y la bondad. El recuerdo de un niño debería ser la imagen de su familia y amigos en torno a la mesa, una sobremesa de juegos, participar en los rastrillos, llevar juguetes a quien más los necesita, visitar a los que están solos o a los que vemos pocos, ver películas juntos en un sofá, reír. Sería genial que a los más jóvenes les apeteciera que llegaran estos días por lo que van a compartir y no por lo que van a recibir. Sabemos que recordamos con más emotividad y cariño las experiencias positivas vividas que los regalos. Así que hagamos que la Navidad sea un recuerdo que valga la pena vivirse y repetirse.

 

El espíritu navideño, al fin y al cabo, es una forma más de educar en valores. Estos valores podrían consistir en:
 

Compartir

Es el momento de dar, pero no de dar lo que te sobra, sino de dar tiempo, dar lo que otro desea, como son una conversación, tu comprensión, un detalle que lleva esperando de ti. Enseña a tus hijos a dar. Puedes llevar juguetes, pero no los que están rotos, a centros de recogida u ONGs. Explícales lo importante que es ayudar a los demás para que también se sientan bien.

 

Haz una lista con los tuyos de todo aquello que es susceptible de ser compartido y elabora un plan para hacerlo. El plan puede ser para estos días o para todo el año. Inclúyete en el plan como ejemplo.
 

Perdonar

¿Con quién tienes carpetas abiertas, a quién le guardas rencor? ¿Con qué podríamos hacer borrón y cuenta nueva? Perdonar es un acto que purifica, tanto si obtienes respuesta por parte del otro como si no. Llama, habla, abraza. Hay abrazos que no necesitan más explicación. Y no tengas miedo al rechazo. El que rechaza y no acepta el perdón o se mantiene con orgullo en su postura, ese, ha perdido.

 

Pide a tus hijos que hagan una lista de amigos a los que deberían perdonar o pedir perdón. Enséñales cómo se hace, qué se dice o cómo se les escribe un mensaje o una nota.
 

Ser compasivo

[Img #8202]La persona compasiva es amable, educada, empática, flexible, tolerante y comprensiva con los demás. No espera cosas malas de otros, es capaz de estar atenta a las señales de amor y bondad. La persona compasiva mantiene la calma, no exige ni presiona. Entiende. Teresa de Calcuta era una persona compasiva. No creo que sean tan difícil copiarla al margen del tema religioso.

 

Hay que tratar de ser compasivo con todos, personas y animales, independientemente de sus circunstancias. Evitar los juicios de valor y las etiquetas. Todos somos merecedores de amor y comprensión.
 

Tener gratitud

Estamos continuamente recibiendo del entorno: afecto, regalos, empatía, tiempo, cariño, seguridad, fruta, calefacción. Recibimos de todo durante el día, y como nos parece normal, dejamos de tenerlo en cuenta. Practica la gratitud con tus hijos, enséñales a ser agradecidos.

 

¿Cómo funcionaría el mundo si fuéramos capaces de mantener el espíritu navideño durante todo el año, al margen de religiones, equipos de fútbol o ideas políticas? ¿Qué calidad de relaciones humanas tendríamos? ¿Cuál sería nuestro nivel de satisfacción percibida? ¿Y de tranquilidad? ¿No viviríamos más a gusto? Es una utopía pensar que podemos mantener este espíritu todo el año y mucho más aún esperar que la gente vaya a responder, pero ¿y si solo lo intentáramos un tanto porciento? Pues si solo lo intentáramos un tanto por ciento, el mundo, el gran mundo y nuestro micro entorno, cambiarían muchísimo. Solo con un pequeño porcentaje de cambio por parte de cada uno de nosotros, nuestro micro mundo lo notaría. Y funcionaría en cadena, porque cuando tú te comportas de forma generosa, compasiva y perdonas, los demás se sienten agradecidos. Y te lo devuelven y lo copian. Y poco a poco, cambia la cadena. Eso sí, con mucha, mucha paciencia.

 

 

 

Fuente: Patricia Ramírez (elpais)

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