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Redacción
Viernes, 30 de diciembre de 2016 | Leída 116 veces
PSICOLOGÍA

Ser padres hoy: tomando el control

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Noticia clasificada en: Fútbol Base Niños Padres Psicología

Para ser padres no hay recetas y lo que sirve para unos no sirve para otros, sí es verdad que ser padres y criar a nuestros hijos es una de las cosas más difíciles a las que nos enfrentamos en la vida y tenemos que estar preparados,

Tenemos que tomar en cuenta, también el contexto y la sociedad en que vivimos que nos influencia de una forma individual y familiar. Un niño recibe su identidad en la casa de sus padres que es el sitio principal donde se fijan las pautas de educación, la educación recibida en la escuela es complementaria, así como las influencias de la cultura y de la sociedad.

 

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Las influencias son importantes pero el proyecto de padres es una decisión entre dos personas que debe ser consensuado y hablado antes de formar una familia, aunque, como sabemos, el mundo cambia constantemente y debemos ser capaces de cambiar y flexibilizar el proyecto cuando éste lo requiera.

 

¿Ser padres significa poner límites a los hijos?
 

Limite significa división física o simbólica que marca una frontera, un extremo, hasta donde se puede o no llegar. Cuando se habla de hijos y educación esta palabra genera miedo y rechazo porque se confunde con arbitrariedad o con autoritarismo. Sin embargo debería tener más que ver con autoridad que significa “hacer crecer”, necesitamos de la autoridad de nuestros padres, autoridad basada en el respeto y el amor. Se dice fácil, pero no lo es tanto cuando las situaciones diarias se convierten en una batalla: comer, irse a dormir, recoger la habitación, irse del parque y un largo etc.
 

Educar a los hijos dentro de unos limites lo acostumbra a saber que no todo está permitido, que debe aprender a compartir, a saber lo que se espera, lo que vendrá después y a controlar la ansiedad ante lo desconocido.
 

Para mi es importante transmitirle a los padres que poner un límite tiene el efecto contrario a lo que se piense, puede que el chico o la chica se resistan las primeras veces pero el mensaje que transmitimos, por difícil que resulte creerlo es el de “me preocupo por ti y te quiero”, lo paradójico es que cuando se tienen limites se puede ser más autónomo, porque se tiene la idea de lo que “esta bien” y no de lo que otro “piensa que esta bien”.
 

Suelo explicarles a los padres lo que siente un chico cuando no le ponen limites “Es como si te dejaran solo, de noche en un camino, no sabes donde estas, ni en que sentido vienen los coches”.
 

Tener hijos no es una moda, ni deberíamos hacerlo por que lo dicta la sociedad o ninguna situación externa que no sea el propio deseo y el de nuestra pareja, digo esto porque cuando tenemos hijos porque así lo deseamos entendemos que los hijos tienen su propia personalidad y sus deseos que no son objetos nuestros que podemos moldear y obligar a que hagan lo que esperamos o deseamos para ellos, que debemos guiarlos y acompañarlos pero respetarlos como individuos sin frustrarnos porque no cumplan nuestras expectativas.
 

Sobre esto hay miles de ejemplos, como, unos padres que eran muy buenos en el colegio y que tienen un hijo o hija que saca notas promedio, no suspende pero no es un niño de dieces como los padres, quizá porque esta más interesado en el futbol o en el baile o el arte, otro ejemplo es la socialización padres tímidos que tienen hijos súper sociables o padres sociables que tienen hijos tímidos que prefieren quedarse en casa a jugar, y un largo etc.
 

Es también muy importante entender que los niños son niños, que viene a este mundo donde todo es nuevo, no saben lo que es peligroso, todo es simple curiosidad, por eso, más que limites los niños necesitan tiempo y orientación, los ruidos, bromas o juegos que hacen pertenecen a ese crecimiento y si nos resultan “molestos” debemos entender que eso viene más de nosotros que de la etapa o del niño en si, pretender que un niño sea como “un pequeño adulto”, es decir, que pase horas sentado, que no llore o se canse, que no sea activo o juguetón, que no explore o permanezca quieto y callado durante una cena de “adultos”, es no aceptarlo por lo que es: un niño.
 

Ponerle un limite se trata de advertirle frente a  algo que pudiera resultar peligroso, pero no evitarle TODO riesgo, vivir implica riesgos, los niños no los conocen, pero asustarlos como decir constantemente “cuidado no toques eso porque te quemas, eso no porque corta o no hagas eso porque te vas a caer” los hace dependientes, inseguros e incapaces de confiar en si mismo a la hora de tomar decisiones, esto mientras son pequeños no tiene tanta importancia pero la cosa cambia cuando son adultos.

Para mi hay de limites a limites, hay limites que son fáciles de poner como no cruzar corriendo la calle, sin mirar o sin ir de a mano de un adulto, no hablar con extraños, etc., pero la hora de dormir, recoger la habitación o irse de casa de un amigo, estudiar, etc., pueden resultar un poco mas complicados de establecer.

Vamos paso por paso; hay varias situaciones que nos ayudan a encauzar a nuestros hijos y sus vidas sin batallar constantemente.

 

Es importante intentar hacerlo desde el principio, por eso cuando se tiene el proyecto de hijo es necesario hablarlo con la pareja y con la red familiar que estará alrededor (para que nos sirvan de apoyo), tratar de ser consecuentes y no dar dobles mensajes, pero nunca es demasiado tarde y si se trata de implementar un cambio porque algo no funciona bien más adelante en la vida de nuestros hijos, es importante que debe ser un cambio interno y que se debe ser consecuente y no un día si y dos no, o dejar que el niño nos “convenza” y si se nos sale de las manos no tiene nada de malo consultar a un profesional.
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Una cosa que nos puede ayudar son las rutinas que definitivamente tienen que ser flexibles, pero no romperlas por cualquier cosa y cada rato. Es importante por ejemplo establecer una rutina a la hora de comer o de cenar, es recomendable que se haga siempre a la misma hora y con ausencia de televisión, de tablets o móviles y que sea un momento para compartir.
 

Ser padres es crear hábitos y rutinas
 

Sentarse todos juntos a la mesa implica también que los padres deben hacerlo y con eso poner el ejemplo.
 

Pienso que tampoco deberíamos castigar a nuestros hijos si no quieren cenar o comer, debemos entender que el cuerpo humano es sabio y que no pasará nada si un día el chico no come o no cena; podríamos establecer un plazo razonable, dependiendo de lo que se tenga que hacer después; por ejemplo si es a la hora de la comida y después el chico tiene clase de natación o un cumple etc.… tiene una hora u hora y media para comer, la comida esta preparada y servida y si desea compartir ese momento con su familia deberá dejar y renunciar lo que esta haciendo y comer con ellos, de lo contrario deberá calentarse solo su comida y comer solo en la mesa y no podrá hacerlo frente al televisor.
 

Esto debe cumplirse siempre hasta que pueda incorporar la importancia de comer en familia y que sea algo que desee, pero tenemos que entender que a cualquiera, incluso a un niño, le `puede pasar, que esté a punto de ganar la partida de su videojuego o esté en un momento crucial de su serie y lo de la comida no le resulte interesante en ese momento.

 

También es importante que después del plazo establecido se retire la comida preparada, pero quizá dejar a su alcance para que pueda hacerse un bocadillo o algo y comerlo en la mesa cuando tenga hambre. Crear hábitos y rutinas mantiene a los niños físicamente, emocional y espiritualmente sanos.

 

Otra rutina importante es la hora de ir a la cama, se puede establecer haciéndolo atractivo como que sea un momento en que se cuenta una historia, se lee un libro juntos etc. Esto debe estar precedido de rutinas y cosas esperadas como cena, baño, etc. A veces, incluso a los adultos, nos cuesta conciliar el sueño, por varias razones, algunas de ellas pueden ser que tengamos un nivel alto de energía o ansiedad y necesitemos bajarlo o tranquilizarnos antes de poder dormir, también que hemos estado todo el día fuera y queremos hablar un rato con nuestra pareja a la que no hemos visto y contarle lo que nos ha pasado, cosas así pasan a nuestros hijos también, pero las rutinas y ser consecuentes con ellas, pueden facilitarlo, aunque debemos ser comprensivos y pacientes.

 

Ser padres también es recompensar
 

Esto me lleva a otra situación que puede ayudar en la crianza de los hijos y es sustituir los castigos por consecuencias.
 

Hay que suprimir los premios por completo, condicionan las conductas y hacen que los niños solo actúen esperando una recompensa, cosa que no pasa en el mundo real; el ejemplo típico es el de recoger la habitación: “si recoges tu habitación, vamos y te compro un helado”, lo que el niño entiende es que siempre que haga algo, los padres TIENEN que recompensarlo y cuando no lo hagan resultara más difícil “convencerlo” de que lo haga. Debemos hablar entonces de consecuencias: “si no recoges tu habitación puede que mañana no encuentres los juguetes con los que quieras jugar”.
 

Creo que los limites deben estar simplemente basados en no hacer daño a otros ni a uno mismo y basar la crianza en lo que se conoce como crianza respetuosa, que parte de regular las emociones de los padres primero, no enfadarse por cualquier cosa y no querer que nuestros hijos sean nuestros y hagan lo que nosotros queremos todo el tiempo, respetar su individualidad, escucharlos y acompañarlos a que se conviertan en individuos independientes capaces de tomar sus propias decisiones.
 

También significa ponernos en su lugar y ver las cosas desde el punto de vista del niño. Negociar: “ una vez mas en el tobogán y luego nos vamos” ( y por supuesto cumplirlo) o “ juegas 10 minutos más y luego a la ducha”, también en ocasiones funciona ofrecerle algo a cambio por ejemplo “ vamos de caballito o de avioncito hacia la ducha” etc. Tampoco sirve negociar eternamente o pasar tiempo diciéndole que haga algo, hay que mirarlo a los ojos, darle explicaciones cortas y claras y después de un tiempo razonable, sin violencia, pasar a la acción, por ejemplo, 5 minutos y a cenar, después de esperar los cinco minutos ofrecerle la mano e ir juntos.
 

Una cosa muy importante que no quiero dejar pasar en que en ocasiones, más de las que imaginamos, llevar la contra es reafirmarse a uno mismo, hay que permitirles a nuestros hijos que nos ofrezcan resistencia al sometimiento a las ordenes constantes, que adquieran sus propios gustos, afirmen su independencia y obtengan seguridad, siempre y cuando no pongan en riesgo su persona o la de terceros o perturben las normas de convivencia del grupo familiar.
 

Creo que hay un exceso de normas, muchas veces, un niño de 2 años debe cumplir una larga lista de expectativas que probablemente superen la naturalidad de su desarrollo y de su edad y que le impidan disfrutar de su etapa y de su niñez y también se lo impidan a sus padres, es importante que estos lo observen, lo acompañen, que si quiere subir unas escaleras o coger un bicho se lo permitan y lo acompañen y disfruten observando su carita cuando logra hacer algo por si solo o cuando descubre alguna maravilla de este mundo tan genial que los adultos muchas veces nos hemos olvidado de disfrutar.

 

Ser padres es negociar

 

La negociación es otra parte de la crianza, tratar de llegar a un punto bueno para todos y también para fomentar la autonomía es importante dejar que el niño tome en ocasiones decisiones que para nosotros pueden no parecer importantísimas pero para él lo son; por ejemplo: “qué quieres hacer esta tarde, ir a la ludoteca o al parque”, “ qué te quieres poner el rojo o el verde”  “quée hago para cenar hoy o mañana, pollo o carne”.

 

Desde cierta edad, aproximadamente a los 18 meses podemos hacerlo participe de actividades como ayudarnos a cocinar o incluso de su propia higiene, por ejemplo, ayudar a cambiarse el pañal bajándose los pantalones o ayudar a quitar o ponerse los zapatos, es importante entender que involucrarlo en estas actividades implica que nos tomarán el doble de tiempo y que se necesita paciencia y autorestriccion para no hacerlo por ellos o ayudarlos más de lo que sea necesario.

 

Algunas cosas importantes para ser padres:

 

1.- Las amenazas no sirven de nada mas que para hacer que el problema escale y para afectar la relación con tus hijos

 

2.- Ser consecuente; no significa ser autoritario, significa que el chico sabe lo que sigue y lo que se espera de el; por ejemplo después de cena, el baño, los dientes y el cuento y eso le da seguridad ante este mundo tan cambiante. Lo importante es hacerlo casi todos los días porque el cambio de esa rutina genera ansiedad e inseguridad.

 

3.- Tenemos que estar listos y entender que nuestros hijos van a probar a romper nuestros limites y tenemos que intentar entender que si mantenemos la calma ayudamos a que la situación no escale, respirar, contar hasta diez,  percibir tus pensamientos, y replantearlos si es necesario. Por ejemplo, “¿Por qué me está haciendo esto? ¡No puedo más!” puede convertirse en  “Está actuando como una niña porque es una niña… Yo soy el adulto aquí… Pase lo que pase, puedo controlarlo“.

 

4.- Empatizar y tratar de pensar como niños y también hablar con ellos y ponerle palabras a sus emociones para que en el futuro ellos lo puedan hacer, por ejemplo        “ Estás enfadado porque…” “ tu querías que…”

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5.- Toda demanda es demanda de amor: los niños no quieren regalos o premios, necesitan tiempo con nosotros, que los escuchemos y los entendamos y no tratemos de comprar su amor, de esa forma cuando les pidamos que hagan algo es más probable que nos hagan caso, porque, aunque parezca raro, una forma de pedir tiempo y amor puede hacerse negativamente por ejemplo por medio de una rabieta.

 

6.- Predicar con el ejemplo. No hay nada mas importante que eso, no podemos pretender que nuestros hijos hagan cosas que nosotros nos negamos a hacer o que no hagan cosas que nosotros hacemos constantemente como no mentir o no gritar, no pelear con los demás, etc. Hay millones de ejemplos, pero si nosotros disfrutamos de ciertas actividades nuestros hijos lo harán y si no lo hacemos tampoco podemos pretender que ellos lo hagan por ejemplo leer o escuchar música.

 

7.- Tomarse el tiempo de procesar nuestras propias emociones sobre cómo han sido para nosotros unos padres “al mando.” Por ejemplo, si nuestros padres fueron muy estrictos, podemos tener el temor de que no estar al mando a menos que controlemos todos los movimientos de nuestros hijos. Puede que no queramos repetir sus mismos métodos, y de ese modo no establezcamos ningún límite. Eso no y lo más probable es que acabemos recurriendo a los gritos cuando las cosas sintamos que se nos van de las manos. Los hijos que no tienen establecidos unos límites siempre nos empujan hacia nuestros propios límites.

 

8.- Cuando llamemos su atención a cerca de algo es súper importante cuidar el lenguaje que usemos, hablar de la acción y decir que eso no nos gusto y explicar como nos gustaría que fuera, nunca usar adjetivos descalificativos ni insultos hacia el niños y evitar hacerle cualquier indicación en publico.

 

9.- Aceptar que no somos perfectos y que cometeremos errores. Para ser padres no tuvimos la experiencia, para ser adultos tampoco, pero todos fuimos niños alguna vez.
Es interesante que en ningún sitio encontráramos requerimientos para la perfección,  aceptar eso, significa, que aceptamos que los demás tampoco son perfectos, incluidos nuestros hijos.

 
 
Fuente: eucapeques.com
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