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Redacción
Lunes, 19 de diciembre de 2016 | Leída 230 veces

¿Estamos los padres preparados para afrontar las lesiones de nuestros hijos?

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El fútbol, como cualquier deporte que uno practique a nivel competitivo, es como un mini-submundo que lo prepara para el mundo real que está afuera. Uno tiene que levantarse y seguir adelante; porque así es la vida.

 

Acabo de recibir una carta desde Estados Unidos que puede servirnos como excusa para abordar un tema al que hace tiempo le estaba dando vueltas:

 

El fin de semana de Acción de Gracias, Ivan participó con su equipo Weston FC en un torneo en la Florida, donde participaban las academias y pre-academias de fútbol de todo USA.

 

En una jugada de uno de los encuentros, Iván queda seriamente golpeado con una contusión menor en el cráneo, lo que hace que tenga que ser retirado por la ambulancia, ya que es golpeado accidentalmente en la cabeza, por la rodilla del niño. En dicho momento, Iván quedó tendido en el suelo con gran dolor sin poder moverse.

 

[Img #7911]

 

Los médicos le practicaron algunos ejercicios para determinar su estado y decidieron inmovilizarlo y trasladarlo de urgencia al hospital. En dicho momento, se me heló la sangre, el reloj se detuvo y, verlo en el suelo tendido con tanto dolor y sin poder mover su cuello, me hacía pensar lo peor.

 

Primera reacción: es normal que cuando pase una cosa así nuestra primera reacción sea la más irracional, todavía no hemos podido actuar con la calma suficiente debido a la gravedad del golpe.

 

Me cuestionaba y preguntaba por qué a él. Mas allá que los médicos dejaban ver que podía mover los dedos del pie y de la mano – lo que hacía suponer que la lesión no era tan grave – , el corazón me latía a mil kilómetros por hora. Tenía ganas de llorar y gritar, pero debía mantener el control ya que estaba al lado de Iván y era importante mostrar que nada pasaba.

 

Segunda reacción: muy acertada y ejemplar para todos los padres. No podemos manifestar lo que sentimos dentro. Nuestro hijo debe apreciar en nosotros que no pasa nada, sea cual sea la gravedad del golpe. De lo contrario, el niño notaría nuestro estado y le afectaría mucho más.

 

También tenía que mostrar calma para decirle a mi mujer que no se preocupara, que él estaba bien aunque por dentro, me desgarraba el pensar lo que podría llegar a tener. Me cuestionaba un millón de cosas como padre, quería creer que era un sueño, tenía temor de lo que pudiera venir.

 

Tercera reacción: De nuevo muy acertada y ejemplar para todos. Hay que informar a la familia más cercana cuanto antes, transmitiendo mucha calma y serenidad. Es fundamental. Como podemos apreciar nuestra actitud en esos momentos es clave para sobrellevar la situación correctamente.

 

Gracias a Dios, luego de un par de radiografías, el diagnóstico fue una contusión menor, un gran chichón en su cabeza y un cuello duro por unos días. Procedimiento de rutina, obligatorios en USA en caso de contusiones. Iván volvió al entrenamiento al cabo de una semana.

 

[Img #7912]Hace dos años, Ivan tuvo doble fractura de tobillo por ir a pelear una pelota y tras seis meses de recuperación, volvió como si nada al campo a disputar cada pelota. Si bien siento mucho orgullo por Iván, ya que se repone a cada problema con mucha fuerza y convicción, volviendo al campo como si nada hubiera pasado, uno como padre se pregunta: ¿ … estoy preparado para esto?

 

Cuarta reacción: Siempre hemos de ser unos admiradores de nuestro hijo pero con medida ya que son niños y en muchas ocasiones hemos de corregirles también, con cariño, claro pero con exigencia.

 

Luego de su fractura, iba a a verlo a cada partido con temor, le pedía que tratara de regular su juego ya que iba a cada pelota con la misma pasión y fuerza, así fuera un amistoso, un juego con amigos o un partido de liga, pero por supuesto, nunca lo hizo y no me extraña ya que yo era igual, por ende, le pedía que por favor hiciera algo que yo nunca hice.

 

Quinta reacción: Muchas veces los padres actuamos con algo de incoherencia. Me recuerda a aquella madre que tenía un hijo que pilotaba aviones y que cuando salía de casa para trabajar le pedía siempre que volara bajito y muy despacio. Se entiende que el amor que les tenemos nos lleva a veces a decirles cosas que no tienen sentido. Al fútbol no se puede jugar con cuidado de no golpearte. Son acciones fortuitas que puedes tener en cualquier momento.

 

Una vez que ya me había comenzado a desaparecer el temor, volvió a pasar ésto y uno se pregunta: ¿por qué siempre él?; ¿es por su pasión que hace que vaya a cada pelota sin miedo? ¿es su destino? ¿será que yo también me he olvidado que yo también me lesionaba y mis padres sufrían de la misma forma? ¿será que uno no ve que otros chicos también se lesionan tan seguido o de la misma gravedad que nuestros hijos?

 

Sexta reacción: el victimismo. No hace falta que desglose esta idea porque tú mismo la explicas muy bien en tu carta. Las lesiones son parte habitual del deportista porque juega siempre con posibilidad de lesionarse y aunque se buscan prevenciones, nunca puede controlarse del todo.

 

Siempre digo que no tiene sentido buscar respuesta en donde no las hay, que sólo confío en Dios y solo el día que esté arriba con Dios tal vez comprenda porque pasan las cosas. Sin embargo me pregunto: ¿alguna vez estaremos preparados los padres para afrontar estos momentos difíciles de nuestros hijos cuando juegan al fútbol?

 

Séptima reacción: La mejor pregunta de tu carta. En realidad el problema no está en las lesiones del niño sino en la capacidad de los padres para asumir estas situaciones. Es lamentable ver a estas madres o padres que ante un golpe, una caída violenta, un choque fortuito, se les estremece el corazón y salen corriendo hacia su hijo (incluso a veces entran en el campo) para asistirlo. Lamentable y poco educativo. También he podido apreciar cómo reaccionaban positivamente los padres en otras ocasiones permaneciendo en su sitio (aunque se les ve con ganas de correr hacia su hijo) por respeto a este deporte y porque sabe que esto es lo mejor para él pese a que nos duela.

 

Mas allá que me afecten mucho las lesiones de mi hijo, siempre le digo a Ivan que el fútbol, como cualquier otro deporte que uno practique a nivel competitivo, es como un mini-submundo que lo prepara para la vida real que está afuera. Uno tiene que levantarse y seguir adelante; porque así es la vida.

 

Octava reacción: Espectacular reflexión que refleja a la perfección la razón por la que [Img #7914]hemos de saber contenernos ante estas situaciones en las que nuestro hijo lo pasa mal. Hemos de ver en ese momento una ocasión para formarse ante las adversidades y ser capaz de salir de éstas con optimismo y fortaleza. No podemos educar niños blandos y sobre protegidos, envueltos entre algodones, evitando que nunca tengan ningún tipo de dolor ni de contrariedad. Si son capaces de superarlo cuando son niños, estaremos formándoles para la vida, como muy bien comentas.

 

Qué ejemplo les damos a nuestros hijos si ante un problema, le decimos: “no practiques, no juegues, cambia de deporte ….” El día de mañana, ante cualquier dificultad en el trabajo o en el estudio, abandonará ya que fue el ejemplo que tuvo en el deporte, ¿verdad?.

 

A pesar de todo el dolor y miedo que uno siente como padre, ante él soy implacable, un hielo, una persona que no le afecta lo que pasó y lo empujo a reponerse y volver al campo, algo que de por si él ama (más allá que por dentro, los temores como padre siempre están).

 

Novena reacción: La actitud que tu describes es la adecuada aunque bien sabemos que es muy fácil decirlo en un papel y muy difícil vivirlo en la realidad porque es verdad que por dentro las cosas son bien diferentes. Pero la vida es también una escuela de padres donde aprendemos, con los hechos diarios, a reaccionar de forma responsable y eficaz.

 

Tengo la suerte de tener un hijo fuerte que siempre quiere volver al campo lo mas rápido posible (mas allá que a veces, también le enseño que el apuro no es bueno y le exijo cumplir con todo el proceso de recuperación del médico, sin apresurarse ya que las lesiones mal curadas, son un dolor de cabeza a futuro – eso lo digo por experiencia).

 

Décima reacción: Si tu hijo es mentalmente fuerte no es pura casualidad. Tampoco podemos achacarlo a la suerte. Es fruto de una buena educación de los padres desde muy pequeños. Lo habéis educado en esa virtud y seguro que en muchas otras y ahora podéis disfrutar de un niño feliz con su deporte.

 

Tal vez tenga millones de historias parecidas, yo siempre al final me quedo con que pudo haber sido mucho más grave y agradezco a Dios que finalmente fue un susto o fue una lesión de la que pudo recuperarse, pero me da la impresión que como padre, uno nunca va a estar preparado para estos momentos difíciles. ¿Qué opina?

 

Como me gusta mucho sus notas y comparto mucho de lo que expresa, me atrevo a contarle esta historia. Tal vez el título de una futura nota podría ser. ¿Estamos los padres preparados para afrontar las lesiones importantes de nuestros hijos? ¿Cómo deberíamos reaccionar? ¿Qué lección deja estos momentos?

 

Agradecimiento: Estoy muy agradecido por tu confianza para contarme esta bella historia personal. Gracias porque me permites escribir y profundizar sobre los temas que les interesan a mis lectores. Respondiéndote a ti, estamos dando luces nuevas a millones de padres de todo el mundo que tienen hijos deportistas y que pasan por tus mismas circunstancias. Ojalá se animen muchos más.

 

 

www.javiermarcet.com

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