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Redacción
Jueves, 15 de diciembre de 2016 | Leída 179 veces
MOTIVACIÓN

Charlas de vestuario: Pequeña guia de supervivencia

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Noticia clasificada en: Formación Fútbol Base Motivación

Evidentemente cualquier charla tiene su importancia en el rendimiento del equipo y en el plano individual.

Vivimos en una época en la que cualquier aficionado al deporte, a poco que rasca mínimamente en la superficie de internet se encuentra con épica, toneladas de épica, en forma de charlas de técnicos a sus deportistas. Es mas, a menudo se insinúa la idea de que las charlas de vestuario son un ingrediente indispensable de cara a alcanzar una victoria, o incluso un objetivo de temporada. Esa accesibilidad que disponemos puede suponer, más allá de su gran valor como documento para el aficionado medio (que con estos videos accede a la realidad del vestuario por más o menos tiempo) un arma de doble filo.

 

Por un lado, podemos ver cómo los equipos profesionales (e incluso amateurs que cuelgan esos vídeos en plataformas como youtube) viven ese momento, qué tipo de mensajes emplean (incluso elementos no tan naturales como la música), pero a su vez multiplica el riesgo de caer en el error de pensar que todas las charlas deben ser épicas, plagadas de mensajes motivacionales, para que el equipo pueda alzarse con la victoria final (riesgo que aumenta exponencialmente cuanto menor es la experiencia del entrenador, lógicamente).

 

La cuestión que venimos a plantearnos con este artículo no es otra que la siguiente pregunta: ¿Qué debe tener una charla para ser efectiva? probablemente esta sea una de las preguntas del millón que se hace cada entrenador a lo largo de su carrera, especialmente durante los primeros años al frente de equipos, hasta que encuentra su propia fórmula de manera bien autodidacta, bien a través de su formación o colaboración con otros profesionales.. Como con cualquier otro tipo de habilidad, alcanzar una cierta efectividad y soltura requiere no solo talento y esfuerzo, sino también un proceso de maduración, y el dar charlas efectivas a un grupo de jugadores, en este caso, no es ninguna excepción. Pero detengámonos  un momento, ¿qué es una charla efectiva? ¿es la que nos hace ganar un partido? incluso miremos más allá ¿es una charla prepartido o en el descanso lo que nos hace lograr esa victoria?

 

La respuesta a esta pregunta es clara. No. Nunca ganaremos un partido por una charla, por magnífica que ésta sea o incorpore toneladas de épica en su contenido. Como técnicos, es importante entender que lo que nos hará ganar el encuentro será el hecho de que los jugadores consigan realizar sobre el campo aquellas conductas que sí llevan a la victoria, como que el equipo realice correctamente determinadas acciones defensivas, sea eficaz en las transiciones, que finalice jugadas, o que logre dominar las segundas jugadas si nuestro rival propone juego directo, por ejemplo. No debemos caer en el error de considerar que la charla es la parte más importante del entrenador en el momento de la competición, ni mucho menos. Si en el fútbol como en (cualquier deporte) influyen el aspecto táctico, el técnico, el físico y el psicológico, mal haremos si consideramos que se ha llegado a tal resultado exclusivamente por una de esas cuatro patas de la mesa, en este caso la psicológica.  

 

Pero las charlas evidentemente tienen su importancia en el rendimiento del equipo. Y ahí es donde el entrenador debe analizar un buen manojo de variables además de tratar de jugar [Img #7894]con ellas. El principal objetivo de la charla es lograr que los jugadores sepan a nivel técnico-táctico, qué tienen que hacer (en ese encuentro, o en esa segunda mitad) en favor de los intereses del equipo, y  a nivel psicológico, tratar de influir en la dirección apropiada en las variables que afectan a ese rendimiento, como pueden ser el nivel de activación psicofisiológica, el estrés o la autoconfianza.

 

La charla será más efectiva en la medida en que adaptemos el tono, el tiempo, los mensajes, etc... al estado del equipo y a sus necesidades en el momento de recibirla. Evidentemente el proceso es complejo. Más incluso en las charlas durante el descanso o previas a una prórroga en que el entrenador debe hacerlo casi sobre la marcha, con escasos minutos de preparación. Los equipos que disponen de un psicólogo deportivo pueden ser asesorados por este (in situ) de cara a orientar al entrenador, al igual que por otros ayudantes como el segundo, un auxiliar, etc...pero es el míster quien debe decidir sobre dos aspectos claves sobre la charla:  El "qué" va a decir y el "cómo" lo va a decir. Los analizaremos un poco más en profundidad.

 

"El qué": es importante saber de antemano qué mensajes consideramos como imprescindibles de cara a esa charla, sea esta pre-partido, o durante el descanso. Respecto a este último caso, un gesto tan sencillo como que el entrenador (o uno de los ayudantes a indicación de este) vaya anotando los aspectos que considera debe mencionar en ese descanso puede ser de gran ayuda para que esa charla consiga su objetivo. En cuanto a las charlas prepartido, evidentemente se dispone de más tiempo para su preparación e incluso podemos utilizar herramientas psicológicas como la práctica en imaginación para ir mejorando nuestra destreza en esta habilidad.

 

En las charlas -especialmente en las de mitad de partido- pueden alternarse mensajes emocionales (desde positivos, como felicitaciones, expresando la satisfacción por ver al equipo plasmar el plan sobre el terreno de juego, etc.. hasta negativos, como abroncar al colectivo o a jugadores concretos) o racionales, enfocados tanto a lo qué está aconteciendo sobre el césped como a lo que cómo técnicos buscamos que ocurra.  En cualquier caso no es recomendable abusar de unos u otros salvo circunstancias concretas. Tampoco se deberían utilizar términos abstractos o demasiado generalistas para que el entrenador describa aspectos del juego  sino tratar de aludir a aspectos concretos y controlables por los jugadores. No es lo mismo decir el típico "¡hay que echarle más narices!" que decirles a los jugadores "Es importante ganar los duelos individuales" o "tenemos que ser mucho más fuertes en los balones largos" . A mayor especificidad en las ideas que se expresen, más fácil es que el jugador tenga claro qué es lo que se espera de él y de su equipo, aumentando su sensación de control respecto a la situación de juego.

 

"EL COMO":  Distinguiremos en cuatro variables importantes respecto a cómo vamos a dar esa charla. El tono, la estructura de los mensajes, el contacto ocular y el tiempo.

 

Respecto al tono debemos pensar en qué le puede venir mejor al equipo en ese momento. ¿Vamos a dar una charla más emocional o más racional? ¿Vamos a desahogarnos con ese discurso o realmente estamos pensando qué es lo que le viene mejor al equipo? ambas pueden llegar a ser útiles según el contexto en que se realicen ( trayectoria del equipo, circunstancias alrededor de ese partido o durante ese partido, etc...). Si por ejemplo percibimos que nuestro equipo está atenazado por los nervios ante un partido importante, o tras una mala primera parte, si el míster entra al vestuario dando un portazo, y se desahoga, estaremos contribuyendo a aumentar los niveles de estrés de los jugadores, seguramente por encima de lo recomendable, lo que afectará a su rendimiento.  En este punto relativo al tono, es importante saber manejar también las pausas y las diferentes entonaciones. Cuanto más monótona (ya sea por gritos o por emplear un tono demasiado calmado) sea la charla, más probable es que los jugadores "desconecten"  por muy importante que sea su contenido. Con mesura, manejando bien esas pausas y entonaciones, facilitaremos que el jugador mantenga su atención.

 

La estructura de los mensajes también tiene su peso.  En la medida en que los mensajes sean más concisos, el jugador generalmente no solo los recibirá (entenderá) mejor, sino que además probablemente los interiorizará , esto es, los asumirá como propios y los llevará a cabo sobre el césped.  No tenemos que argumentar cada decisión ni cada indicación, pero el uso de oraciones en formato "Si---entonces..." puede ser de gran ayuda para los jugadores a la hora de reconocer las situaciones en que deban llevar a cabo tales acciones en el partido. Y si terminamos en alguna de ellas contextualizando el posible beneficio de llevarla a cabo de manera correcta, estaremos dando un paso más allá. No es lo mismo escuchar "Al recuperar, dale para arriba a que la cace Fulano y vamos todos" que "Si logramos recuperar, buscamos rápido a Fulano. Ellos tienen problemas en las transiciones y ahí podemos hacerles mucho daño con nuestra velocidad". Seguro que alguno de los lectores recuerda el mítico capítulo de la serie "El Principe de Bel Air" en el que todas las instrucciones del entrenador eran "Pasársela a Will". Es un buen ejemplo de cómo NO plantear un trabajo en equipo.

 

El contacto visual con los jugadores es otra parte importante, y además puede ser utilizado en una dirección u otra según entendamos requiere la situación. Si estamos pidiendo algo a un jugador o jugadores concretos, evidentemente el mantener un contacto visual natural facilitará que este "conecte" con esa idea y la asimile como propia, haciendo más probable que esta ocurra.

 

En cuanto al tiempo, evidentemente estaremos limitados por las diferentes circunstancias que marquen el contexto, tal y como hemos venido afirmando a lo largo del presente texto a la hora de distinguir entre charlas prepartido, durante el descanso o de cara a una prórroga. Pero es importante encontrar un término medio, no por ser una charla más larga será más efectiva, ni por ser demasiado breve. Un punto importante a tener en cuenta en este sentido tiene que ver con las charlas del descanso: es recomendable dejar que los jugadores "descansen" física y mentalmente antes de recibir esas instrucciones del medio tiempo, entre tres y cinco minutos, lo que facilitará su capacidad de atención cuando comencemos.. Además como técnicos, podemos hacer de la necesidad virtud y aprovechar ese tiempo para organizarnos y estructurar nuestros mensajes, solos o en compañía de nuestros ayudantes.

 

UN PEQUEÑO TRUCO: EQUIPO SOMOS TODOS.

 

El entrenador es el responsable directo del comportamiento del equipo,pero no por ello esta fuera del mismo, evidentemente. Por ello, el uso del "nosotros" por encima del "vosotros" facilitará que los jugadores no solo perciban que el entrenador está con ellos (y no se lava las manos, como se diría coloquialmente)  sino que además facilitará la identificación con los mensajes que reciban de él.  

 

UN ERROR TÍPICO: LOS EXCESOS DE MOTIVACIÓN.

 

[Img #7895]Errores habituales en las charlas suele haber muchos. Por ejemplo, en torno a una variable tan importante en el deporte como la motivación, una de las ideas más extendida es la de la motivación extra para los grandes partidos (derbis locales, enfrentamientos con rivalidades históricas, finales, jugarse un ascenso entre dos equipos, etc...). Como si un jugador no estuviera lo suficientemente motivado para un partido así, cuando en realidad lo está desde que empezó a dar sus primeras patadas en fútbol 7 o jugando con los amigos en la calle. En cambio, por ejemplo, para esos partidos en casa, frente a rivales que no son atractivos, ni de nuestra liga...¿no haría falta ahí ese extra de motivación durante la charla?

 

¿Y CÓMO SÉ SI MI CHARLA HA SIDO EFECTIVA?

 

La respuesta a esta última cuestión viene implícita en todos los párrafos anteriores, pero la explicitaremos algo más, de igual forma que al analizar las decisiones tomadas en los apartados técnico, táctico y físico. Esto es, aislando ese análisis del marcador.  Si por ejemplo, en el plano táctico habíamos indicado a nuestro equipo que busque opciones de gol con entradas por ambas bandas, pero hemos perdido, no deberíamos establecer un silogismo "Intentar entrar por las bandas me ha hecho perder/ganar" sino tratar de analizar los procesos y conductas, esto es, ver si se consiguió entrar por bandas y si eso influyó en el partido y en qué sentido. Con las charlas podemos hacer lo mismo. Analizar qué pretendíamos con la charla e interpretar que ocurrió después. Si pretendíamos que el equipo "subiera un par de marchas", ver si el equipo estuvo más activo a nivel psicofísico no mientras el partido se mantuvo igual, por ejemplo. Si pretendíamos que nuestros jugadores cambiaran su actitud tras pérdida, ver si esto ocurrió o no, pero tratando de no vincularlo al resultado del partido.

 

Se quiera o no, ese resultado depende de muchos factores que no dependen de nosotros, pero en la medida que consigamos que los factores que sí dependen de nosotros se desarrollen en pos de nuestros intereses, más cerca estaremos de conseguirlo. Y ahí, las charlas, si pueden poner su granito de arena a nuestro favor.

 

 

Fuente: fútbolparaentrenadores.com

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